En un artículo anterior ponía de manifiesto como el afán de dinero puede enloquecer a las personas, y ponía el ejemplo del presidente Trump como persona enloquecida. Pero esta demencia no es algo privativo de Trump y sus seguidores. Los medios de comunicación llevan semanas informándonos abiertamente de algo que ya podíamos adivinar con facilidad: una serie de personas con cargos elevados, con buenos sueldos, con el porvenir asegurado por generosos retiros y jubilaciones no se consideraban satisfechos con todo eso, y su ambición los enloqueció y empujó a moverse en la obscuridad por caminos prohibidos.

Pero a veces la luz, por unos motivos u otros, llega a esos caminos prohibidos. Y el motivo por el que la luz ha llegado a los turbios manejos de los dirigentes del Partido Popular de Madrid no puede ser más revelador del apestoso clima moral que reina en esa formación política. El periodista Ignacio Escolar, en un artículo publicado en eldiario.es (http://www.eldiario.es/escolar/Barcenas-Lapuerta-investigacion-Ignacio-Gonzalez_6_635596476.) afirma que “En 2009, con la explosión del caso Gürtel, también había estallado una guerra entre dos bandas enfrentadas en el PP, dos grupos de recaudadores rivales: los de Génova contra los del partido en Madrid.” El artículo expone los intrincados caminos por los que esa guerra de mafiosos acabó sacando a la luz y llevando a los tribunales toda la podredumbre (toda, por ahora) que se acumulaba en el PP de Madrid. Que se suma a lo que ya se sabía de Bárcenas y compañía y lo que ha salido en Valencia con Rita Barberá, como puntos más notables de un rosario de casos repartidos por toda España.

Claro que lo de Madrid no es nada sorprendente si recordamos que Esperanza Aguirre llegó a la presidencia de la comunidad gracias al evidente soborno de dos diputados del PSOE. Aunque no se haya podido probar en los tribunales, salta a la vista que aquello fue una compra manifiesta de unos políticos deshonestos.

Toda esta corrupción aparece en grandes titulares en todos los medios de comunicación. Y los ciudadanos ¿qué hacemos ante esto? Me parece importante reflexionar sobre dos aspectos. El primero es que todo el peso de la corrupción se carga sobre los políticos. Se menciona a algún empresario, pero como un elemento secundario, lo que aparece ante la opinión pública como profundamente corrupta es la clase política. Sobre las responsabilidades del tejido empresarial se pasa de puntillas. Y si hay un político corrupto es porque hay una empresa corruptora. Pero a los principales medios de comunicación, esos que pertenecen a grandes grupos capitalistas, no les interesa que esto cale en la opinión pública.

Otra cosa importante es evitar una visión pesimista de la humanidad. No todo está corrompido. No todos son unos corruptos. Ni siquiera todos los políticos son corruptos, ni todos los empresarios. En nuestra sociedad hay mucha gente muy decente, que trabaja honradamente y con su trabajo hace una aportación positiva a la comunidad. Lo que es profundamente corruptor es el sistema capitalista en el que estamos metidos. Un sistema basado en luchar por el enriquecimiento por encima de todo, en La competencia de todos contra todos, con una fe absurda en la “mano invisible del mercado”, que, dicen, convierte nuestra codicia más ruin en un bien para todos.

Cuando nos demos cuenta de lo que es en realidad el capitalismo, y nos dejemos engañar por los que dicen que no hay alternativa a este sistema corruptor, podremos caminar hacia un sistema social y económico mucho más humano y satisfactorio para todos. Nosotros decidimos si queremos abrir los ojos o dejarnos adormecer en el engaño.