Si son ciertas las amenazas supuestamente recibidas a Pablo Iglesias, Marlaska y María Gámez, hay que condenarlas. Y se debe hacer de manera contundente y sin paliativos. Y así lo entiendo, y si acaso lo amplio aún más. Es así, la democracia lo exije y el sentido común también. Pero, todos, sin excepción, este tipo de acoso debe terminar. Incluidos la violencia insistente a los miembros de Vox.
 
Es precisamente lo que no hizo Pablo Iglesias, cuando durante los mítines de Vox fueron amenazados, atacados y les arrojaron todo tipo de artilugios. Un acoso a cuatro millones de españoles. Es de coherencia mínima no comparar ni utilizar el 'diente por diente', aunque estos progres siempre lo utilizan y ven la astilla en el ojo de los demás pero nunca el tronco en el propio.
 
Se trataba el tema de los supuestos envíos de cartas que contenían balas de fuego, era el programa de Ángels Barceló en los estudios de la Ser, La candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid por VOX, Rocío Monasterio respondió al podemita tras su exposición sobre este incidente. En primer lugar dejó claro que condenaba todo tipo de violencia 'venga de donde venga'. Así comenzó la candidata de Vox. 
 
Sin embargo, Rocio Monasterio le dejó claro que es 'lo que debían haber hecho ellos', refiriéndose a los ataques en sus mítines. A raíz de entonces comenzó el show del experto en altercados públicos Pablo Iglesias. El de Unidas Podemos exigía a la moderadora que se retractara Monasterio, entendiendo que no condenaba esas cartas, aún sin investigar de manera oficial. Serán las autoridades oportunas quiénes tendrán a su cargo la investigación minuciosa de los hechos narrados sobre los micrófonos de la radio. 
 
Acto seguido se levantó y se marchó, sin atender los ruegos de la moderadora y a pesar de cogerlo por un brazo, intentar convencerlo y diciéndole, 'no te vayas muy lejos'. Detrás la candidata de Más Madrid y el candidato Gabilondo secundaron la huida. 
Han conseguido hacer estallar, violentar y echar todo tipo de culpas a VOX, ya que no se analiza 'la política fina y ruinosa' de esta izquierda que va crispando desde hace meses. Madrid es mucho Madrid, y ellos lo saben. Van a por todas. 
 
En estos desagradables incidentes, influyen demasiados protagonistas, muchas intenciones electorales y excesivo argumentos y mentiras por parte de Pablo Iglesias, que maquilla muy bien, pone en marcha su maquinaria politóloga y su experiencia tendenciosa para convencer, incluso a los suyos que ya tampoco le creen. Es maestro, con doctorado, en distorsión pública. 
 
De todas maneras, sería recomendable no seguirle 'su juego escandaloso'. Unas estrategias que enloquecen al electorado, despistan y pretende movilizar a sus acólitos. Un experto en masas que sabe lo que se hace, y que ha conseguido romperles los nervios a la relajada Rocío Monasterio, que más tarde ha dicho: 'lo hemos echado del debate y pronto de la política española'. Mientras Pablo Iglesias ha manifestado, ' no nos sentaremos más dónde esté Vox'.
 
Un espectáculo que es reprobable en Democracia. Ahora a los madrileños, y a los españoles, les toca valorar. Esperando que los medios subvencionados por el Gobierno, entre ellos la Ser, no difuminen, e intenten confundir aún más a la opinión pública. Los votos hay que ganarlos antes, no con argucias y malas praxis solo cuando es necesaria la colaboración ciudadana. 
Anián Berto
Periodista - escritor