La situación que venía quebrada y peligrosa exigía una variación de rumbo en forma y contenido. Siendo esa la situación, aquello se presentaba a la razón como algo bueno y necesario: un acto de Estado al mal alto nivel suscitado y puesto en valor por una élite de hombres buenos con la aquiescencia del mismo Rey. España tenía que variar el rumbo, y Juan Carlos I abdica en favor de su hijo, limpio de polvo y paja, que además había contraído matrimonio con una mujer nieta de un taxista y de un minero, e hija de un técnico de sonido y de una auxiliar de clínica, todos ellos republicanos y de izquierdas. Y como esto era lo que se sustentaba en bien de España, hasta quienes no creemos en la democracia liberal hicimos de abogados del Diablo en favor del sistema como única posibilidad de salvar los muebles.

Pero como el Diablo siempre miente, y sus servidores también, mucho más si son abogados, enseguida nos quitamos la toga roja, propia de los esbirros de Satán, y nos pusimos bajo la protección de San Raimundo de Peñafort, que es jurista y santo.  

Para empezar, no era un pacto entre caballeros que se hubiera suscitado por el bien de España, sino una conjura auspiciada por la tropa rufianesca que, tras la  etapa Zapater, sabía que todo podía ser posible.

Así, el verdadero propósito de la conjura que ya no se le oculta a nadie, al margen del borrón y cuenta nueva a las causas judiciales que se sustentaban contra el gobierno del PSOE en la Comunidad de Andalucía, era implementar cambios de enorme calado para transformar radicalmente la sociedad española con el sello de la Corona. Que en este caso estaría advertida. De ahí, entendemos algunos, las prisas de Felipe VI en toisonar tan pronto a la Niña, a la que no se para de exponer como parte de un proceso que se activa para emocionar en lugar de dejarla crecer adecuadamente. Que es cuestión que alguien pueda llevar hasta el Defensor del Menor.

Pero, como quien juega con fuego suele quemarse, hete aquí que se han encontrado de frente con una situación que no esperaban tras la pandemia que hemos importado de los chinos: un más que previsible 28 % de paro, una bajada del PIB del 5,2 % y el desastre de nuestra principal fuente de ingresos, el turismo. Situación en un contexto constituido por nuestra pertenencia a la UE, una burocracia supranacional de estructura política jerarquizada, cada vez más asfixiante, que exige cumplir sus condiciones para recibir esa ayuda económica que necesitamos so pena de ir directamente al Estado fallido.

Con todo, no han fracasado. Tal es así, que si algunos creímos que la caída de la Monarquía se produciría tras un debate, pongamos por caso sustentado en una simbiosis entre las tesis de García-Trevijano y las de Piñar, hoy sabemos que la clave la tiene la chusma rufianesca. Siendo tal ese evidencia, que no han tenido más remedio que desempolvar la causa judicial contra la familia mafiosa Pujol&Ferrusola que prácticamente estaba vista para la historia. O lo que es lo mismo, en un estado de limitación para el Estado o los particulares a proceder contra está familia de mafiosos y filibusteros.

Así pues, el propósito de ese “golpe de mano” contra Juan Carlos I tuvo un diseño y un propósito al que se unieron muchas conveniencias. Un golpe con una clave: de Sol a Palacio, haciendo caso omiso de las instituciones.  

Cualquiera medianamente decente que haya vivido estos cuarenta y cinco años de España tendrá un humor quebradizo y un enorme desaliento ante lo que se presentía que se podía hacer pero no se ha formalizado. Siendo que se deja a las nuevas generaciones de españoles una nación distópica. Un futuro sin promesas.

Por cierto, ¿se han preguntado ustedes cuánto resistirán mendigando los africanos habiendo tantísimas establecimientos comerciales con escaparates llenos de cosas que ellos desean, pero que no pueden comprar? Y ojo, que los negros son prestos a alzarse.