Las palabras importan porque significan, otorgan sentido, refieren y representan la realidad y el pensamiento. Tal es su importancia que el don de la palabra es la clave que nos diferencia naturalmente del resto de seres vivos y nos hace humanos. Las usamos para describir el entorno, la realidad, una situación para que nuestros semejantes la entiendan y comprendan y a partir de ahí poder actuar.

Cuando vemos que en lo que va del año han llegado 17.000 inmigrantes ilegales a las costas de Canarias, un 1.000% más con respecto al mismo periodo de 2019, podemos afirmar que se trata de una invasión, no solo a España sino a Europa.

¿Qué significa una invasión? Según la RAE, es al acción y efecto de invadir. ¿Qué es invadir? También según la Academia, significa irrumpir, entrar por la fuerza; ocupar anormal o irregularmente un lugar; entrar y propagarse en un lugar o medio determinados, entrar injustificadamente en funciones ajenas; apoderarse de alguien; penetrar y multiplicarse en un órgano u organismo. Por lo tanto, lo que estamos viendo hoy en Europa es una invasión con todas las palabras. Llamar las cosas por su nombre para la corrección política global puede llevar a que en cualquier momento denuncien a la Real Academia de la Lengua Española de xenófoba.

Los datos acerca de esta invasión que estamos sufriendo en estos días no los otorgó ningún partido identitario europeo, ni Marine Le Pen o Matteo Salvini, sistemáticamente demonizados por los medios de comunicación y el el progresismo globalista, sino el Ministerio de Interior de España. El desastre es tan evidente que no es posible esconderlo sino matizándolo cuando hablan con moderación acerca de una “crisis migratoria”, eufemísticamente más acorde con los significados correctamente aceptados por el progresismo. Hablan de migrantes, no de inmigrantes y menos aún de ilegales como si de un ciclo natural y periódico se tratase y no de una invasión en toda regla.

Hace un par de días más de 200 inmigrantes marroquíes se encontraban en el muelle de Arguineguín en Canarias. Según afirmó a la Agencia Efe el concejal de Seguridad de Mogán, Mencey Navarro. “Han sido puestos en la calle sin ningún tipo de recursos, los han dejado fuera sin comida, bebida ni destino al que ir”. Sin embargo, todos hemos visto las imágenes del traslado de los ilegales a los hoteles de lujo, que hasta hace nada ocupaban los turistas, principal motor de la economía de las islas. Esta es la política gubernamental elegida para solucionar el problema.

Que sepamos en Marruecos no hay ninguna guerra ni crisis humanitaria por la que miles de personas se vean forzadas a huir para salvar la vida de sus familias. Las imágenes del traslado de los marroquíes son elocuentes: hombres jóvenes, fuertes y sanos como soldados de élite. No hay devolución sino acogida, entrada en España y Europa.

Es evidente que las fronteras y la legalidad han desaparecido con el buenismo progre de las políticas globalistas de reemplazo poblacional y destrucción de la identidad milenaria europea. Las palabras importan, significan, y la de invasión es la pertinente para describir esta situación. Es hora de llamar las cosas por su nombre, aunque no sea políticamente correcto.

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