Como en España, abril y noviembre de 2019, el asunto hiede. Golpes de Estado en toda regla. En nuestra patria, la sorosiana Indra mediante. Eso sí, en Yanquilandia, hacia la guerra civil.

¿Pucherazo electrónico?

El desvencijado y degenerado Biden, muerto viviente. Suculento golpe de estado. Por fases. Sin problema alguno se puede hackear hoy cualquier sistema informático que transforme los votos republicanos en votos demócratas. Tecnológicamente, muy sencillo.

Tres vías en nuestro caso. Una. Red Hammer, creada por Obama y manejada por la antitrumpista CIA. Dos. Scorecard. Utilizada para predecir los condados en los que se “necesitarían” más votos. Y, consiguientemente, "inyectarlos" - si menester fuese - ahí. También se usa para “bloquear” las máquinas de votación en momentos puntuales, como sucedió en varios Estados clave, al tiempo que se interrumpe la transferencia de datos y éstos puedan ser rigurosamente conocidos por la peña.

Y tres. El software Dominium. Impresionante asunto. Perteneciente a una empresa vinculada a la Fundación Clinton, dicho software ayuda a controlar toda la maquinaria de votación según sea programada. O vaya siendo programada.

Y, curioso, durante el rato que duraban los "parones", “incomunicaciones” y "bloqueos" varios, el software Dominium podía ir generando, sin ningún problema, deliberados "errores" de tabulación que podían ir asignando, paulatina y sosegadamente y a “oscuras”, claro, votos de Trump a Biden.

En sentido, qué decir del memorable “apagón” de las elecciones mexicanas de 1988, todo un clásico, todo un ilustre precedente, todo un mundo. Salinas de Gortari, eterno PRI, paradigma de la corrupción, inesperado y “repentino” ganador. Cuauhtémoc Cárdenas, te chingas…

¿Pucherazos clásicos y/o carpetovetónicos?

...O, por ejemplo, súbita y oportuna "aparición" de cientos de sacas con ficticios votos a favor de Biden. Votos de difuntos. O censados en otros Estados. La genialidad matemática de muchos condados yanquis donde germinan más sufragios que censados.

Y, dato escalofriante, los Estados demócratas cambiando las leyes electorales a mitad de partido. Ejemplo señero: la posibilidad de poder  presentar papeletas hasta nueve días después del fin de las elecciones. Algo chocante, insólito, pero sobre todo profundamente inconstitucional. Según la magna norma que rige Yanquilandia,  las elecciones serán el 3 de noviembre y acabaran a las ocho de la tarde. Más tarde no se podrá votar. Punto.

Luego, momentos carpetovetónicos. La astracanada hecha carne. Si no fuera suficiente con los muertos votantes, cual zombis que retornan a las urnas, desvanecimiento de votos, prestidigitación a porta gayola, cajas colmadas de papeletas republicanas ardiendo en contenedores. O la prohibición de que los "apoderados" republicanos se aproximasen a menos de cincuenta o cien metros de las mesas de recuento. Y, claro, tan de nuestro consuetudinario y españolísimo caciquismo, tan vigente por otra parte: masiva compra de votos por parte de miembros de la campaña de Biden.

¿Hacia otra guerra civil americana?

Apreciados lectores de ECDE, extraigan sus propias conclusiones. Pero cosas raras, rarísimas, miríadas. Y, estos "fraudulentos" instantes, primera fase de la tan anhelada - por las élites psicópatas globalistas -  guerra civil americana. En fin.