El cuarto estreno de esta 62º edición del Festival de Teatro Clásico de Mérida da a Toni Cantó el protagonismo de un espectáculo basado en la ‘Ilíada’ de Homero que José Pascual, su director, ha convertido en una metáfora contemporánea de la guerra. Para ello se han necesitado 25 toneladas de polvo de cuarzo, que transforman este mágico escenario en una gran playa de arena blanca frente a las murallas de Troya, donde los barcos griegos permanecen varados desde hace nueve años para vengar la afrenta del rapto de Helena. Diez actores son los encargados de dar vida a esta historia, convirtiéndola en un espectáculo “intenso, potente y dinámico”, como bien ha descrito su propio director, que se representará del 27 al 31 de julio en el Teatro Romano de Mérida.

 

‘Aquiles, el hombre’ es una aproximación a la figura del gran héroe griego y a su decisiva actuación en la guerra de Troya, donde José Pascual ha querido “transmitir al espectador el clima enloquecido de cualquier guerra” a través de una puesta en escena atemporal (de ahí los escudos antidisturbios o las propias vestimentas de los actores). El actor Toni Cantó es el encargado de dar vida a este mítico personaje de la ‘Ilíada’, que en esta ocasión se presenta no tanto como un héroe y un semidiós, sino como un hombre que se debate entre la angustia de cumplir su destino y su deber, que es el de continuar con la guerra y morir, o dejarse llevar por su conciencia y sus sentimientos. En definitiva, la clásica lucha entre lo que está bien y está mal, una dicotomía que le impide encontrar sentido a la guerra y, por ende, a su propia vida. No en vano, el propio actor ha definido su personaje como “un visionario, un antisistema, un creador que por primera vez se plantea no solo que las cosas pueden ser de otra manera, sino que pueden ser mucho mejor”.

 

 

Así, después de nueve años de asedio de las tropas griegas a la inexpugnable Troya, el guerrero griego más poderoso, Aquiles, se convierte en la única esperanza de devolver la concordia y la esperanza a los suyos, los Aqueos, mermados por la desesperación y por la peste. Aunque este héroe clásico, hastiado por la guerra, tira de humanidad para preguntarse si merece la pena cumplir su destino en una reflexión donde la conciencia y los sentimientos tendrán un papel fundamental para el devenir de la historia, y donde los propios espectadores tendrán que reflexionar sobre la propia figura de los héroes y de su parte más humana, así como sobre los horrores de las guerras, donde los que luchan lo hacen condicionados por el egoísmo y la codicia de unos pocos. Cantó los invita a ello con esta dicotomía interna que embarga a su personaje, que no es otra cosa que la propia lucha del ser humano para solucionar sus conflictos internos relacionados con temas como el amor, la violencia o la amistad.

 

Con el primer texto de Roberto Rivera como dramaturgo, ‘Aquiles, el hombre’ cuenta con una escenografía creada por Curt Allen Wilmer y con actores de la talla del propio Toni Cantó, de Ruth Díaz en el papel de Briseida, la viuda troyana raptada por Aquiles; Pepe Ocio como Néstor; Philip Rogers en los papeles de Calcas y Priamo; David Tortosa como Ulises; Rubén Sanz como Ayax y Héctor; Óscar Hernández como Diomedes; Miguel Hermoso como Agamenón y el desconocido; Lourdes Verger como la sacerdotisa y Octavi Pujades como Patroclo. La mayor parte de ellos debutan en la arena emeritense en una obra cuyo final es conocido por todos, pero que refleja que en una guerra, en definitiva, son muy pocos los que ganan. "Nadie ha ganado nada, todos hemos salido perdiendo", se refiere Aquiles a esta guerra (Cantó está sublime en este papel) al darse cuenta que "la venganza no sacia", porque nunca se recupera lo que se ha perdido en ella. Una guerra, ésta o cualquier otra, que no es otra cosa que "un vómito de sangre inútil", una "absurda espiral de destrucción" en la que "ni siquiera la victoria justifica tanto mal". Un texto que, como se puede comprobar, está de rabiosa actualidad.