Dice el refrán: «Al que no está acostumbrado a bragas, las costuras le hacen llagas». ¿Cómo se puede estar cansado de trabajar en los tiempos que corren? Y lo peor: ¿cómo se puede decir y quedarse tan a gusto?

Quizá la Sra. Ministra de Trabajo y Vicepresidenta tercera del Gobierno ignore que los españoles son los que están agotados de hacer cola en las filas del INEM, sin olvidar las del hambre. O puede incluso que estén cansados de sentirse impotentes ante la incapacidad de llegar a fin de mes, pagar la hipoteca, el alquiler, o dar de comer a los hijos de forma adecuada. Juraría que eso sí resulta extenuante.

Si a la Sra. Díaz le agota cumplir con sus obligaciones, sería más inteligente guardárselo para sí misma y callarse. Aunque solo sea por respeto a los millones de ciudadanos que están desesperados ante la dramática situación que se vive en multitud de hogares. Y, es que, algunos políticos parecen no saber que «más cornás da el hambre».

Es ofensivo para muchas personas oír ciertas ridiculeces de boca de esos representantes del Gobierno. ¿Qué tal si la Sra. Díaz renuncia a alguno de sus cargos? Es evidente que su capacidad, bien intelectual, bien física, para cumplir con los dos que ha aceptado resulta más bien deficiente y poco efectiva. A los españoles les desagrada tener que soportar tantas «ñoñerías».

«El que mucho abarca, poco aprieta». El país se debilita y, resulta que la Ministra de Trabajo está cansada. ¡Pobrecita! ¡Con el bajo salario/s y los pocos ayudantes que tendrá! ¡Una lástima! ¿Acaso está extenuada por haber reducido el paro de forma notable? Si cumplir con su obligación la agota, podría tomarse un ratito libre, por supuesto por prescripción facultativa, y recapacitar sobre cómo se sentirán millones de españoles en paro. O en aquellos que se han visto obligados a cerrar sus negocios para siempre.

Si tanta carga le sobrepasa, sería aconsejable para ella, por su bienestar físico, que abandone todos sus cargos y pase a engrosar las listas del INEM. ¡Hay tanta gente válida en España desaprovechada, que resulta insultante que ella continúe en sus cargos tan cansadita!

Suerte tiene la blandita de la Sra. Díaz con recuperarse de su agotamiento en un día o dos. Hay miles y miles de ciudadanos sumidos en una profunda depresión y desesperación que les llevará años superar.

Y ya puestos a hablar de estupideces, recordemos la obsesión de algunos miembros del Gobierno por utilizar el lenguaje inclusivo, por cierto, discriminatorio para la «i» y la «u». De continuar con ese erre que erre, en breve dejaremos de entendernos y podremos decir todas las gansadas que nos venga en gana. ¿Quién va a enterarse?

Sacaremos dinere de las cajeras automáticas, tomaremos la sola o el sole en lugar del sol, pagaremos impuestas, el Gobierno será Gobierna, los ministros serán ministres y las gilipolleces seguirán siendo gilipolleces, o como poco, gilipollezas.

Hablaremos de mer en lugar de mar y de océanas en lugar de océanos. Pero los idiotas seguirán siendo idiotas.

El salario será salaria, el marisco, marisca, un corte de pelo será un corte de pela y el vino pasará a llamarse vine o vina. Los dibujos animados serán dibujas animadas y los teléfonos, teléfonas.

En algunas cosas saldremos ganando, pues el dolor pasará a ser dólar.

Algunas cadenas de televisión tendrán que cambiar su nombre. ¡Qué faena!

Es de suponer que Ministerios como el de Industria, Comercio y Turismo, o el de Trabajo, Interior, Educación, Consumo y otros, pasarán por machistas y se verán obligados a cambiar su nombre. ¡Otra faena!

Si lo que pretenden es incluir en cada palabra la terminación en «a», «o» y «e», será divertido escuchar una charla, un monólogo o un discurso. En breve, la población padecerá déficit de atención.

Si ya cuesta entender a la Ministra de Trabajo cuando habla, ¿qué ocurrirá cuando hable utilizando el lenguaje inclusivo?

Va a ser tronchante.