En España, es demasiado común hablar de aspectos cuantitativos olvidando los aspectos cualitativos. Este hecho indica que se aprecia más la cantidad que la calidad, que se valora realmente poco. No es raro, por lo tanto, que haya horarios laborales mucho más extensos de lo conveniente en muchos casos o que se tienda a hablar mucho de las horas de estudio en detrimento del verdadero rendimiento que se ha podido producir.


El vicio de considerar la cantidad en perjuicio de la calidad se ha extendido al ámbito legislativo, en el que se han creado muchísimas leyes y normas con rango legal sin pensar en las consecuencias relacionadas con los defectos técnicos existentes en las mismas, que pueden afectar a la correcta interpretación y aplicación del ordenamiento jurídico español. Ya es fácil comprobar como la inseguridad jurídica reina en diversos aspectos del desarrollo práctico del Derecho.

La Ley de la utilidad marginal decreciente sirve para comprender algunos elementos de la relación entre cantidad y calidad en el panorama legislativo. Dice Rodrigo Borja que la Ley de la utilidad marginal decreciente “consiste en que a medida en que una persona adquiere unidades adicionales de un bien la utilidad aumenta pero no en forma proporcional sino decreciente” y que “lo cual parece lógico: en cuanto aumenta la cantidad de determinados bienes en poder de una persona disminuye el grado de satisfacción que le proporcionan, hasta que puede llegar un momento en que ellos no sólo que no sean necesarios, por haberse saturado su necesidad, sino que constituyan un gravamen para ella”. Aplicando esta regla económica al ámbito de la legislación, puede observarse que se ha llegado a un momento en el que cada nueva ley concede menos beneficios que la anterior y es posible que pueda generar perjuicios por la falta de seguridad jurídica.

Ciertamente, puede decirse que hay que tener presentes, principalmente, determinados factores relacionados con la forma de legislar:

  • - Cuando se planifica la producción de legislación hay que pensar en términos cualitativos, analizando la valoración técnica de las normas, observando que su interpretación y aplicación no vaya a ser complicada por la redacción de los textos legales.

 

  • - Es necesario legislar teniendo presentes los medios personales y materiales que los entes públicos tienen a su disposición, ya que la falta de instrumentos determina en muchos casos el fracaso de una norma legal. Si se hacen leyes que requieren numerosas herramientas para que puedan ser eficaces, deberán hacerse las inversiones correspondientes.

 

  • - Hay que evitar utilizar normas legales nuevas para cambiar leyes esenciales.
  • - Seria coherente que se agruparan las reformas en el menor número posible de leyes nuevas, ya que, en el caso contrario, es fácil observar como existen muchas normas difíciles de interpretar sistemáticamente.
  • - Existen normas legales que se están creando en los últimos años cuya vigencia podría ser mayor que la establecida. Cabe mencionar el caso de algunas normas civiles o procesales que están entrando en vigor mucho antes de lo que debieran, como ya sucedió con la Ley de Jurisdicción Voluntaria. Además, la diversidad de fechas para la entrada en vigor de las distintas partes de las leyes puede producir dificultades.


Además de los elementos expuestos, podría hablar se otros que concurren en casos determinados cuya importancia es enorme, aunque es cierto que ya habría que ir particularizando el análisis.

Es urgente y necesario que las leyes se hagan pensando con la cabeza, porque, en el caso contrario, los operadores jurídicos terminarán perdiéndola por la complejidad extrema que está adquiriendo el ordenamiento jurídico.