Comencemos diciendo lo principal. Y lo principal es que hubo un tiempo en que los reyes, al frente de sus pueblos conquistaban o defendían territorios. Los reyes estaban al frente de las batallas, decidían todo e impartían justicia. Todo era el Rey. Paso ese tiempo, y los pueblos eligieron sus sistemas de gobierno, y la Monarquía comenzó a devenir en una forma de Estado que se mantuvo en algunos sitios por necesidad, interés o simple costumbre. Hoy la Monarquía es un lastre para los pueblos que la mantienen (salvo para el Reino Unido, donde la Reina es el principal suvenir), basta con hacer un repaso a lo que hay, desde Su Alteza Serenísima el Príncipe Alberto II de Mónaco, ¡qué manda huevos que se le nombre así! a nuestro bien preparado Felipe VI, todos unos vividores a consta de los pueblos a los que por el mismo salario podría representar cualquiera, y encima con capacidad de decisión. Lo tenemos en la condición de “profesional” que representó doña Sofía de Grecia, condición que según decían le venía de nacimiento por ser hija de un rey, y que ahora nos enteramos que también la tiene Leticia Ortiz Rocasolano, que viene de donde viene. Y esto es así, porque todo lo que tiene que ver con la Monarquía es un camelo. Bien es cierto que el fallo de nuestras dos Repúblicas, la Primera instaurada por una cuadrilla de tarados y la Segunda por masones, fue no haber conectado con la conciencia nacional de España, no otra cosa que con su “unidad de destino”. Ese fue el fallo que necesariamente no se tendría que volver a repetir.

    Pero como no es esta la cuestión que nuevamente me trae a las páginas de EL CORREO DE ESPAÑA, sino volver a la carga en el caso del Emérito. En este sentido, y para dar carpetazo al asunto, decir lo siguiente.   

    Que como si no hubiera problemas graves y suficientes, la visita del rey Emérito a España tras dos años de destierro ha levantado el tono bronco, procaz y chulesco de un Gobierno sostenido por gentuza de la peor calaña. Así, si los miembros socialistas se mordían la lengua a fin de parecer gente moderada esforzándose por diferenciar, como si eso les importase, entre la figura de Juan Carlos de Borbón y la institución monárquica que ahora representa Felipe VI, pero insistiendo en pedir explicaciones públicas al Emérito por “sus decepcionantes conducta”, porque ELLOS, ELLAS Y ELLES NO SE MIRAN EN EL ESPEJO. Sus socios, toda esa JAURÍA: Unidas Podemos, ERC, EH Bildu, Compromís y PNV, todos y al unísono, seguro que para hacer más fuerza, hicieron hincapié en la necesidad de que “no volviera más”, so pena de dar “jaque mate” a la Monarquía... ESTÁN CRECIDOS Y SON ASÍ DE CHULOS PORQUE NO SE LES METE EN CINTURA.  

    Mientras, la inmensa mayoría de los españoles, salvando ALGUNOS PAGADOS, hemos celebrado la vuelta del Rey Emérito, unos por devoción, otros por agradecimiento y algunos, entre los que me encuentro, por compasión. Por cierto, ¿sabe el Rey esto? ¿Sabe que el Gobierno y la gentuza que le sostiene sólo se representan a sí mismos?

    Pues, entonces, Señor, deje venir a su padre.