¿Se acuerdan de la decapitación del profesor francés Samuel Paty a manos de un islamista de origen checheno el pasado 16 de octubre a consecuencia de la denuncia de una alumna musulmana que afirmó haber sido expulsada y maltratada por el docente que habría enseñado caricaturas burlonas de Mahoma.
¿Se acuerdan de que en Redes sociales como Facebook -y sin censura alguna por parte de esta red social-, el padre de la alumna había alentado durante semanas al odio contra este profesor atribuyéndole abusos sexuales e islamofobia mediante vídeos realizados por él mismo? ¿Se acuerdan de cómo pulularon libremente esos vídeos donde se tildaba al profesor Paty de “matón”, y se indicaban sus datos personas, dirección y número de teléfono, atribuyéndole haber realizado una “clase de libertad de expresión” donde habría hechos escarnios contra la figura de Mahoma?
Semejantes acusaciones llevaron al padre musulmán de la chica de 13 años y a ella a lanzar una campaña en redes sociales que condujo a la decapitación del docente, cometida materialmente por un terrorista de origen checheno alentado por un imán y por destacados miembros de asociaciones islamistas - algunos incluso al frente de aparatos de propaganda de la principal organización islámica de Francia-.
Pues bien: en el curso de las investigaciones que se están llevando a cabo la cría de 13 años ha reconocido recientemente que mintió, que no fue a esa clase y que sus acusaciones contra Samuel Paty eran falsas. La Policía ya sabe que no se la veía por el instituto porque era una absentista crónica que no pisaba las aulas.


En el 8 M francés, y europeo, donde el “hermana yo SÍ te creo” se ha convertido en dogma de fe de la religión feminista y parasitadora, no se reconocen las denuncias falsas, ni siquiera las que conducen al horror del crimen terrorista.
Los índices de “denuncias falsas” tienen el tamiz de la ideología de género que sólo admite las condenas judiciales pero no aquellas otras archivadas, sobreseidas o apoyadas en embustes criminales y proterroristas como la de la niñata musulmana que promovió, junto a su padre, el asesinato de un profesor de 47 años.
La tóxica bienpensacia que durante décadas -desde los años 70- ha llenado Francia de segundas, terceras o cuartas generaciones musulmanas, desarraigadas de la identidad francesa, que escupen sobre la nacionalidad europea y que mantienen la creencia coránica, lleva al fracaso multicultural, a los barrios NO GO ZONES y a los guetos.
Un adoctrinamiento mediático donde “musulmanes buenos” aparecen en las teles francesas todos los días recitando su respeto por la laicidad y la ley francesa ha hecho que la opinión pública francesa haya deglutido la farsa de que existe un islam pacífico y tolerante (disfrazado, además, con esos falsos Coranes revisados a los que se quitan las piezas originales del Corán verdadero anidado en las mezquitas salafistas: el de la guerra al perro infiel, el de la Sharia, el de la Sura II y la expansión bélica, el de la Sura IV y el maltrato a la mujer).
Tras la decapitación de Samuel Paty, el fracasado y globalista Emmanuel Macron, anunció la deportación de 300 islamistas “fichados”: más de 100 en las cárceles, otros fuera de ellas. Evidentemente no ha habido deportaciones masivas; como era de prever en la línea cobarde del Presidente francés. Lo que cabe preguntarse es: si se trata de islamistas radicales y con antecedentes, y además están fichados, ¿ por qué no se les ha expulsado?
Además, como buen sicario de Rothschild y del testaferro del globalismo George Soros, Macron sigue siendo un mentiroso compulsivo cuando, el pasado mes de diciembre de 2020 prometió cerrar la frontera pirenaica con España al pasado de ilegales musulmanes, y semanas después de su anuncio, concretamente el 18 de enero, los patriotas de “Generación Identitaria” desenmascararon a Macron y advirtieron de la gran mentira del control fronterizo: los ilegales africanos seguían irrumpiendo en Francia sin ningún control por parte de la Gendarmería en el paso del acceso pirenaico o ruta de los ilegales. La rabia de Macron fue tan desmedida, que con el apoyo de los socialistas, declaró ilegal a la asociación Generación Identitaria mediante un claro abuso de poder donde el gobierno se convirtió en Juez para condenar y eliminar a un colectivo sin ningún historial penal pero enfrentado, eso sí, al proceso islamizador y femimarxista impuesto en la República francesa.
La falsa denuncia de una musulmana de 13 años que siendo francesa odia a Francia al igual que su padre y demás generaciones de su colectivo religioso debería orientar el debate francés y europeo respecto a la necesidad de revertir el nefasto “ius soli”; ya saben: la nacionalidad convertida en hecho administrativo logrado por motivos ajenos a la herencia cultural, la raza o la sangre de los antepasados.
Europa caminara al sumidero de la guerra racial y el conflicto social irremediable mientras sigamos blanqueando y metiendo en Europa culturas hostiles y razas incompatibles con nuestra forma de vida y nuestra homogénea civilización; civilización hasta ahora erguida en lo glorioso de procesos de defensa contra invasiones foráneas y enemigos de la cristiandad.
Haber decretado la supremacía feminista de las cochinotas falsodenunciantes y antihombre como parte de la imposición de las tesis del género, así como la política de mestizaje multirracional erigida como parte del cuento de los “pagapensiones” explotado por las élites financieras y corporativas desde el FMI hasta el Foro de Davos y su Agenda 2030, está suicidando a la raza blanca, carcomiendo su cultura y despedazando nuestro futuro en armonía e identidad.