Ojo al Cristo que es de barro: todo lo que piense podrá ser utilizado en su contra ante un tribunal. 
Llega ¡por fín! la Glásnost cañi coincidiendo puntuálmente con el buen tiempo, ése mismo que a los españoles nos muda de humor y alivia las penas cómo el vino peleón.
Y tal que el vino, los hijos del sol tenemos una peligrosa propensión a olvidar.
Con el primer atisbo de rubor en mejillas y piernas, las primeras huellas sobre las calles ayer desiertas y los primeros pinchos de española, el Gobierno desliza que el Estado de Alarma, aquel que debía haber sido asunto puntual, será alargado un mes más.
Con la eficaz arma del miedo "prefiero pecar de precavido" implora un desconocido Presidente, el mismo que antes del 8 de marzo era la viva imagen de la audacia política y de la chulería personal.
Y tanta gente le compra la idea que uno no puede por menos que reflexionar sobre lo que ha vivido, pobrecito mi patrón piensa que el burro soy yo.
Ayer bajé a la reinaugurada tienda de encurtidos de mi barrio. Una pila de garrafas de oro jienense se amontonaba en el escaparate con una seductora promesa: "Oferta de Navidad, aceite de oliva puro: 18 euros". Me río por no llorar ante la evidencia: nos han hurtado tres meses del calendario. ¿Quién ha sido y cómo?, oigan: yo no lo sé. Y dudo mucho que alguna vez lleguemos a saberlo.
Pero sí sería interesante que algunas otras preguntas y reflexiones no menos importantes se plantearan antes de certificar el Síndrome de Estocolmo colectivo con qué Sánchez pretende avalar su penúltimo atropello a la Sociedad.
Antes de meternos en harina, una de Perogrullo: sin actividad económica no hay impuestos. Sin impuestos el Estado no tiene ingresos. Sin ingresos no hay Sanidad Pública. Ni médicos, ni respiradores. Ni gasto social. Ni Ertes. Ni nada. Pero nada, oigan: es nada. Ni una puta aspirina.
Esta obviedad que casi nadie quiere reconocer y que cuando expresas ante un zurdo cerril (valga la redundancia) contesta con el manido y estúpido "que paguen los ricos" (cómo si los ricos hubieren pagado alguna vez la cuenta de cualquier banquete) choca frontalmente con las drásticas medidas que el "Gobierno de Progreso" habilitó algunas semanas después del inicio de la pandemia. Semanas que dicho sea de paso, a la postre resultaron trágicas.
Una vez ubicados, el dolor de los pecados.
Llámenme tonto pero a estas alturas y con todo lo que nos ha caído encima en forma de "información" desde las televisiones, uno sigue sin saber la diferencia entre asintomático y portador, entre infeccioso y autoinmune, entre la eficacia de la inmunidad de rebaño o el confinamiento riguroso, entre las patologías dolorosas y terribles y el que transita la enfermedad viendo telenovelas y comiendo pistachos, entre el periodo de incubación y la madre que parió a todos los charlatanes que se han dedicado a sembrar el miedo como dogma inapelable para aceptar mansamente la sustracción de dos de los derechos fundamentales del ser humano: el de la libre circulación y el derecho al trabajo. Ambos humillántemente conculcados e incluso perseguidos con saña policial sin precedentes.
También alguno nos preguntamos con qué derecho moral un Gobierno que sumados los años cotizados de todos sus miembros (y miembras, of course) no alcanzarían la vida laboral de la cigarrera del Principal, se atreven a hablar en nombre de los obreros.
Otra inquietud que me asalta es: a la vista del negrísimo futuro económico que se anuncia (del que no discrepo), ¿como es posible que desde el mismísimo Gobierno y alguno de sus satélites favoritos, sin ofrecer otras alternativas de reconstrucción social se estén dinamitando los pilares económicos sobre los que se asienta el PIB?. Yolanda Díaz "en el campo hay tortura". Alberto Garzón "el turismo es un sector precario y de bajo valor añadido". Ada Colau "Es el momento de que los fabricantes de automóviles se lleven su stock, no vamos a dar un paso atrás para que el coche recupere terreno". Salvador Illa "prohibiremos las Rebajas". Y el propio Sánchez "habrá cuarentena para todos los visitantes". 
 Con amigos así, ¿quién necesita enemigos?.
Las respuestas, lógicamente, no se han hecho esperar.
La Nissan se va y deja 20.000 parados directos y un centenar de miles de indirectos.
El Corte Inglés amplía su Erte, que ya afectaba al 40% de su plantilla.
Francia, Alemania, Inglaterra... todos aconsejan a sus ciudadanos las playas Griegas o Croatas como destino vacacional.
Mientras todos los países de nuestro entorno trabajan en medidas para recuperar el empleo y a los empleadores (reducción de IVA, de impuestos, bonificaciones en la Seguridad Social por mantener plantillas, etc. que la lista es larga) en España se sigue trabajando en la Renta Básica Universal,  "paguita" que no creará empleo y sí dependencia pero que Podemos llevaba en su Programa (ese que apenas votaron 3 millones de españoles) como medida estrella y que ¡no lo duden! vendrá precedido de una regularización de inmigrantes que a la postre serán los únicos beneficiarios.
Podríamos seguir enumerando cuestiones tales como la oscuridad que rodea a los pomposamente llamados "Comités de Expertos", la censura de la opinión reconocida en lapsus por el general Santiago y asumida orgullosamente por el ministro Castells, la catarata de nombramientos a dedo forja de una neocasta emergente  de buscones y pícaros, las compras millonarias de material sanitario asignadas a empresas con domicilio social ambulante...
En fín: que se haría largo.
Sánchez ahora ya solo persigue ganar tiempo. Por un lado  tendrá que enfrentar importantes denuncias de aquellos colectivos damnificados por la nefasta gestión de la pandemia. Y por otro lado, Nadia Calviño está negociando en los mercados financieros un rescate económico sin precedentes. Dineros que se retrasan por qué el Gobierno pretende gestionar a su voluntad sin fiscalización ninguna, y Europa no se fía de que vayan a repercutir en el cometido para el que se libran.
En resumen: disfruten lo que puedan de julio y agosto, por qué septiembre será demoledor cuando los españoles descubramos que no solo nos robaron el mes de abril.