Cuando se analiza un conflicto, como el que ahora mismo está sucediendo en el este de Ucrania, lo más habitual es consultar las opiniones de políticos, periodistas y analistas de los países involucrados o de las grandes potencias que pueden tener influencia en los acontecimientos por venir. Los soldados hablan pocas veces y, cuando lo hacen, sus opiniones no suelen dejar a nadie indiferente. Sirvan como ejemplo las declaraciones del general Polko, que no se mordió la lengua a la hora de reclamar que Occidente tomase la iniciativa contra “un Putin agresivo y su impredecible subordinado Lukashenko”. La visión de los militares que conocen de primera mano el conflicto es el objeto de este artículo.

El pasado 9 de diciembre se celebró en la capital ucraniana una reunión de los cuarteles generales de defensa, centros que proporcionan entrenamiento a las fuerzas de defensa territorial y que está preparadas para apoyar al ejército regular en caso de una invasión. En este congreso se presentó un análisis de la guerra en el Donbass y de la situación actual, un conflicto que se ha cobrado la vida de unos 4.500 soldados ucranianos, realizado por el mayor Denis Prokopenko, comandante del regimiento “Azov”.

El regimiento Azov nació como una unidad de voluntarios nacionalistas, entonces un batallón, en mayo de 2014. Muy vinculada al nacionalismo radical ucraniano y con la presencia de numerosos voluntarios extranjeros, la unidad arrebató en su primera acción de combate la ciudad de Mariupol a los separatistas prorrusos (de hecho, una vitrina en el museo del Ejército Ucraniano recuerda la reconquista de la ciudad por parte del batallón). Debido a su ideología y a la fuerte presencia de extranjeros (de hasta una docena de países, incluidos rusos y georgianos), la unidad fue tildada de “extremista”, “nazi” y “supremacista”. No sólo por Rusia, que al fin y al cabo llego a presentar el conflicto como una “guerra contra el fascismo” y ha utilizado hábilmente la propaganda contra sus enemigos, sino por países occidentales como EEUU, cuya Cámara de Representantes aprobó una enmienda en 2015 que bloqueaba cualquier ayuda militar y entrenamiento a la unidad (una enmienda que finalmente se retiraría en noviembre de 2016). En octubre 2019, los demócratas pidieron que se incluyese a Azov dentro de la lista de organizaciones terroristas por parte del Departamento de Estado de los EEUU, una petición que aún no ha prosperado y que provocó las protestas del gobierno ucraniano que tiene problemas mucho más acuciantes. 

Sin embargo, en Ucrania la percepción es muy distinta y desde noviembre de 2014 la unidad forma parte de la Guardia Nacional Ucraniana y, por tanto, depende del Ministerio del Interior. En enero de 2015 se convirtió en un “regimiento de operaciones especiales” y a raíz de su profesionalización mantiene relaciones institucionales y contactos con unidades militares de Letonia (Guardia Nacional de Letonia - Latvin Zemessardze), Polonia (Fuerzas de defensa territorial - Wojska Obrony Terytorialnej), Estonia o Lituania. La unidad también pertenece a la Asociación Croata de Veteranos Frankopan, dirigida por el general retirado Bruno Zorica, ex comandante del batallón “Frankopan”, una unidad de operaciones especiales del ejército croata creada en 1991 y organizada por militares croatas que, como el general, servían en la Legión Extranjera Francesa. Respecto al componente ideológico de la unidad, su primer comandante, Andriy Biletskiy, ha sido diputado y es actualmente el líder del partido político Cuerpo Nacional. 

Un caso en el que la unidad volvió a estar bajo el foco de los medios fue el del bloguero disidente bielorruso Roman Protasevich. Cuando el avión de Ryanair en el que viajaba con su novia desde Atenas a Vilnius (Lituania) fue obligado a aterrizar en Minsk, la capital bielorrusa, por agentes del KGB. Días después, en una grabación al más puro estilo soviético, el disidente confesaba sus crímenes en televisión y pedía perdón. Una de las pruebas presentadas en su contra fue su participación en el conflicto de Ucrania en 2015 con los soldados de Azov, aunque Protasevich siempre afirmó que había estado en Donbass como periodista, no como combatiente.     

Denis Prokopenko, comandante del regimiento Azov

Volviendo a la reunión del 9 de diciembre, Prokopenko señaló que “Ucrania se enfrenta hoy a una amenaza muy seria, debido a la gran concentración de tropas regulares rusas (según los servicios de inteligencia, unos 175.000 soldados), acompañada de la constante presión política del Kremlin sobre el gobierno ucraniano”. Una tensión que ha ido en aumento en los últimos días con noticias sobre la presencia de soldados de élite Spetsnaz con los combatientes separatistas, videos “no oficiales” de soldados rusos dirigiéndose a la frontera o denuncias de ataques a los consulados rusos en Ucrania. En opinión del militar sólo hay dos escenarios posibles en este momento: el “gran farol”, que parece el más probable, y una guerra a gran escala.

Mediante este “gran farol” se consiguen dos objetivos, por un lado sirve como “un verdadero entrenamiento estratégico del mando y del personal con todas las cuestiones prácticas como el reconocimiento, el despliegue de tropas en los campamentos base, la determinación de las avenidas de aproximación y las áreas de las posiciones de fuego, las líneas de ataque, etc. Es decir, como un entrenamiento práctico en las futuras áreas del campo de batalla”. Aunque, como es lógico, mantener ese nivel de presión es costoso en materiales y recursos, y no puede alargarse en el tiempo y menos aún en invierno. Por otro, y como objetivo principal de este “gran farol”, el chantaje y la presión sobre los dirigentes políticos ucranianos “con el fin de hacerles tomar una decisión errónea o desfavorable para Ucrania, lo que llevará a un mayor colapso del estado”. Algunos analistas señalan que el objetivo final de toda esta presión es convertir a Ucrania en un “estado fallido” y que en el campo diplomático Rusia tiene la mano ganadora.

En el caso de producirse una invasión, Prokopenko afirma que “la ofensiva a gran escala se producirá en el norte, sobre Bryansk, Gomel - Kyiv y Mozyr (Bielorrusia) – Kyiv, con el objetivo de tomar el control de la capital y aprovechar la situación caótica para obligar al gobierno a capitular”. Una gran ofensiva que iría acompañada de otra menor en el sur de Ucrania con el “objetivo principal de restablecer el suministro de agua a Crimea y crear un corredor terrestre con la península”. El mayor no considera crucial la superioridad numérica del enemigo en esa posible ofensiva, una proporción de 3 a 1 favorable a los rusos, “porque tiene en cuenta el total de tropas de ambos bandos y no la cantidad concreta que se desplegará en la zona de operaciones”. Sin embargo, es consciente de que “el enemigo va a atacar en direcciones vulnerables, que no están preparadas para la defensa debido a la ausencia de tropas y fortificaciones de ingeniería”. A pesar de esta vulnerabilidad de la defensa ucraniana, Prokopenko asegura que Ucrania está preparada: “Lucharemos hasta el final y no será, como imaginan, un paseo sencillo”.