Los que en estos días se dedican a decir que el discurso de Albert Rivera sobre España, es como el de José Antonio Primo de Rivera, se les escapa un cosa sobre todo. José Antonio concebía España con la idea de un gran sindicato de productores y Albert Rivera concibe la idea de España arreglo a los votos que pueda sacar en las próximas elecciones. La derecha siempre ha sido igual a la hora de agitar el fantasma del miedo y también unos expertos en el arte del oportunismo en el momento clave a la hora de actuar ya sea ante los micrófonos o ahora ante las redes sociales.

Lo que está ocurriendo en Cataluña. Sirve de ejemplo a todos estos elementos de traje y sillón. Paseando por las calles y plazas aquello del “Cuidado que aquellos son los malos”. Lo que ocurre es que estamos los que sabemos diferenciar y vemos como en este caso, los “malos” son los que al igual que Albert Rivera, aquellos que con sus actos y también ideas, no dudan al llegar el caso, en pactar entre si, para seguir cuatro años más en el puesto de turno. Lo estamos viendo con el partido popular y el resto de formaciones políticas que están en la brecha. Ciudadanos en este caso, es el partido que lo mismo le viene bien un principio que otro. Un claro ejemplo de la doctrina de la casta política. Albert Rivera dice no distinguir entre “unos y otros”. Se le olvida que las políticas que sigue, como la congelación de las pensiones o el abaratamiento del despido, son las que precisamente crean esa diferencia que curiosamente dice que no ve. Un grieta que se hace cada vez mayor entre ricos y pobres. Todo envuelto, como digo, en la bandera de España. Un regalo envenenado que muchos aceptan por que caen en el voto (In) útil y que para postre hace que la izquierda termine creando ese discurso acusatorio en el que pone a los falangistas en el mismo saco. Aquí hay mucha mala hierba que cortar. Empezando sobre todo con la mala hierba que se dice camarada de correrías, todo tiene un porqué, y los “camaradas” que sólo aparecen a la hora de la cena o cuando toca repartir los carnés, pero ninguno ha sido ni es capaz de entender el verdadero sentido social del pensamiento nacional sindicalista, esto obviamente da alas a la izquierda a la hora de poner en el mismo saco a los falangistas con los derechistas. Como ocurre con aquellos que en un delirio criminal, se sienten orgullosos de las “invasiones” del doce de octubre en Hispanoamerica y la izquierda saliva de gusto con aquello. La diferencia entre naranjas y azules es obvia como ya he reflejado unos renglones más arriba y todo aquel que acusa a ciudadanos de Falangista, es una persona inculta, inculta por dos razones, la primera, porque no ha leído en su vida unas obras completas de José Antonio y la segunda es por el hecho de pretender tener razón a la hora de señalar en cuestiones como la unidad nacional. Patriotismo vs Patrioterismo. No saben diferenciar a estas alturas. Otro punto más en la mentalidad burresca. Pido desde aquí una brecha de serena atención, entre la saña de un lado y la idiotez del otro. Aunque sea complicado, todo es ponerse.