Se trata de una dimisión simbólica, porque la renuncia de la presidenta implica de forma automática la de toda la ejecutiva, aunque Serrano la ha querido formalizar como gesto de apoyo a la ya expresidenta y como rechazo al trato que VOX está dando a quienes defendieron el proyecto desde su origen.

Serrano mantendrá su acta de parlamentario y su militancia en Vox, aunque su gesto de renuncia ahonda la crisis en la formación de Abascal en la provincia de Sevilla, dividida entre los partidarios de Piñero y otros dirigentes afines a Abascal como Javier Cortés y la que será nombrada vicepresidenta de la formación, Reyes Romero, diputada de Vox por Sevilla.