Alberto Fernandez, presidente de la República Argentina, tiene COVID. Estaba vacunado con las dos dosis de la vacuna rusa Sputnik V. El número 1 del país sudamericano es el primer presidente vacunado que contrae la enfermedad. Argentina también es diferente. La magia de la ciencia pandémica se disuelve como un azucarillo en un café. Algo no funciona, o la vacuna, el virus o la narrativa.

Lo que deja esta noticia es que el mundo entero va a tontas y a locas desde hace un año, las contradicciones, absurdos, incoherencias, e ineptitudes de una sociedad que no puede controlar una amenaza microscópica, pero envía sondas a Marte y promueve el turismo espacial.

La esperanza de las vacunas y su aplicación masiva, la derrota del virus con la metodología de confinamiento, mascarilla, distancia social e higiene obsesiva compulsiva, es falsa de toda falsedad. Los telediarios muestran innumerables colas para aplicarse la vacuna y la felicidad de los citados. “Esto es mejor que si me hubiera tocado la lotería” dice una señora delante de cámara mientras recibe el pinchazo. “Estaba soñando con este momento y por fin me ha tocado”, afirma un hombre evidentemente emocionado mostrando un papel que certifica que ha sido vacunado. La voz en off acompaña la noticia diciendo la cantidad de inmunizados en el día y que los que ya han pasado por la enfermedad no tienen riesgo de infección. Todo esto es simplemente falso. Los vacunados pueden infectarse y los que han pasado la enfermedad, también.

Si un presidente vacunado con las dos dosis de la vacuna rusa contrae el virus, ¿qué le queda al resto de la población? El caso argentino es cuanto menos curioso. Según datos oficiales más de 55.000 personas han fallecido por el COVID, 2.400.000 fueron contagiados, y 650.000 han sido vacunados. 4200 de los que recibieron la primera dosis se han contagiado, y alrededor de 1000 de los que recibieron las dos dosis, se han infectado, entre ellos Alberto Fernandez, el presidente argentino.

En Buenos Aires se argumenta ahora que la vacuna no impide contagiarse ni contagiar, que después de vacunarse no hay que “bajar la guardia” y continuar con los llamados protocolos e incluso endurecerlos. La vacuna solo evita que el enfermo no ingrese en la ICI y en el mejor de los casos, la muerte pandémica. Mientras tanto los vacunados de este lado del Atlántico celebran cuando les toca el turno -como antes lo hacían los del otro lado cuando llegaba la hora de la magia redentora de la vacuna-, en argentina ahora reina la incertidumbre más que nunca. Allí se preguntan: si mis padres ancianos vacunados pueden contagiarse ¿cuándo, cómo y dónde podre ir a visitarles y darles un abrazo? ¿Cuál es la diferencia entonces a estar vacunado o no? ¿Solo la promesa y esperanza de tener un porcentaje menor de muerte? En poco tiempo más comenzaremos a hacernos las mismas preguntas aquí también.

El virus existe, la mentira, la manipulación, el negocio y la maldad, también. Deseo la pronta recuperación de todos los enfermos y que superen el virus con las mínimas consecuencias. Por supuesto también incluye al presidente Alberto Fernandez ya que, en caso de indisposición del jefe del Ejecutivo, la presidencia de la Argentina pasa a manos del vicepresidente y que su nombre es Cristina Fernandez de Kirchner.