¿Qué pretende el Papa Francisco con el motu proprio Traditionis Custodes?

Lo primero que llama la atención es el título mismo del documento, ya que si se trata de los “custodios de la tradición”, lo primero que habría que custodiar sería precisamente el rito tradicional.

Por de pronto sabemos que frente a las dos formas del rito romano definidas por Benedicto XVI, Francisco dice claramente que la liturgia reformada es la única expresión de la lex orandi del Rito Romano. Ya no hay pues dos expresiones, ordinaria y extraordinaria de la misma «Lex orandi». Y lo que hay que preguntarse es el porqué de esa medida tan extemporánea como desconsiderada. 

Un periodista italiano se ha puesto a discurrir sobre este problema y termina su artículo no con una conclusión, sino con una pregunta. Dice que no comprende cómo se puede culpar a la decisión tomada por Benedicto XVI en el Summorum Pontificum dando a entender que favorece la división en la Iglesia “enfrentándose al Concilio”. ¿No da a entender este reproche totalmente injustificado que debajo del Traditionis Custodes  hay una voluntad de hacer desaparecer sobre todo la finalidad central de la liturgia? Y yo añado: Sobre todo ¿no da a entender el tono mismo del documento, que el Papa Francisco considera que los fieles al rito tradicional rompen la comunión eclesial, cuando lo que en realidad hacen es refugiarse en el rito tradicional para salvaguardar su fe puesta en peligro por los constantes desmanes cometidos en las anárquicas y arbitrarias celebraciones de la misa reformada que sin embargo no merecen el mínimo comentario crítico en el documento del Papa Francisco? 

Quienes hemos seguido la crisis de la liturgia de la Iglesia a lo largo de los 50 años que ya dura, no podemos olvidar cómo el obispo Marcel Lefevbre fue a suplicar al Papa Pablo VI que le dejara continuar con el rito tradicional. Y no fue escuchado. 

Tampoco se entiende bien el porqué de la decisión de Francisco si nos ponemos a considerar los enormes problemas que la Iglesia tiene ahora mismo planteados, en particular los que se han puesto de relieve en Alemania y los menos recientes pero no menos graves y recurrentes relacionados con los escándalos financieros y de corrupción de prelados muchas veces de muy alto nivel.

Lo más importante sin embargo es poner sobre la mesa lo que se ocultaba en una de las líneas escritas por el Papa Pablo VI con motivo de su relación epistolar con Lefevbre. Decía Pablo VI que el Concilio Vaticano II había sido más importante para la Iglesia que el Concilio de Nicea, nada menos. Y esto no es una pura anécdota sino que pone de relieve el fondo del problema, tanto del de entonces y del de ahora y que no es otro que la relación de la Iglesia con el mundo moderno.

Y este problema lo plantea ahora la existencia misma de la tradición litúrgica de Trento –liturgia que es en gran medida muy anterior a Trento- porque la Iglesia, con motivo del Concilio Vaticano II ha querido enviar un mensaje al mundo dándole a entender que ella también rinde culto al hombre, palabras textuales del Papa Pablo VI con ocasión nada menos que de la clausura del Concilio. Este es el problema. Ni Pablo VI ni Francisco están pues dispuestos a que la Iglesia manifieste al mundo la integridad de la verdad cuando el mundo la está atropellando. Poco importa además que estemos ya en los días del transhumanismo, que quiere desterrar toda idea de sumisión del hombre a las leyes de la naturaleza para proclamarse él verdadero rey a base de la ciencia y la técnica, porque parece que para la Iglesia lo primero sigue siendo el que se destierre un rito que la separa del mundo.

Pero cualquier cristiano no puede dejar de tener en cuenta que si el Señor dejó dicho en el Evangelio no ruego que los saques del mundo sino que los guardes del Malvado, también en otra ocasión añadió y Yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la Verdad, que el mundo no puede aceptar porque ni lo ve ni lo conoce.  Y es que el Evangelio siempre hay que leerlo entero, para utilizar como quien dice los dos ojos, teniendo así la adecuada perspectiva.

Lo que por tanto revela el documento del Papa Francisco es que se están ignorando los enormes problemas provocados por una reforma del rito de la Santa Misa que desorienta a los fieles, algo que se procura ahora ocultar con el argumento de que con el rito tradicional se rompe la comunión eclesial. Pero hasta el tono del documento delata que lo que se pretende es que quienes se acogen a ese rito sean controlados ¡para que no crezcan en número! Y si tal es el caso, lo que uno se pregunta es por qué se repite tanto que hay que salir a las periferias a buscar a las ovejas extraviadas, al tiempo que se hostiga a las que siguen estando dentro del redil.