Jorge Tasín es un teólogo bonaerense de 60 años "no religioso" que analiza las circunstancias y los problemas bajo el prisma metódico de la Teología. Es escritor, ejerció un tiempo la docencia teológica y tiene una dilatada experiencia de trabajo en el llamado campo social, o como le dicen ahora en Argentina: en territorio

 

Fue hacia finales de los 70 uno de los iniciadores del Programa Andrés, institución pionera en la recuperación de drogadictos en Argentina. En 1986 fundó y dirigió El Retoño, hogar para jóvenes drogodependientes afectados por el SIDA. Desde 1993 presidió el equipo interdisciplinar de prevención y atención de las adicciones del Hospital Pasteur de Villa María, Córdoba  (Argentina) 

 

A partir del año 2000 fue uno de los responsables de CONVIVEN,  un centro sociocomunitario situado en uno de los barrios más pobres de la Ciudad de Buenos Aires, Villa 15, Ciudad Oculta. Es presidente de Amaltea, una ONG que en la actualidad desarrolla dos espacios en Ciudad Oculta: Sueñitos, un Jardín maternal con abordaje integral orientado a hijos de padres adolescentes, y Otra Historia, un espacio de inserción social para chicas y chicos consumidores de PACO (pasta base de cocaína)

 

Tasín ha publicado poesía, cuentos, relatos, ensayos y artículos sobre problemáticas urbanas. Es autor de "Los locos. El problema de las drogas en Argentina hoy",Bs As, Abap, 1987; de "Relatos de una historia. Vida de un drogadicto en Argentina", Bs As, Aurora, 1999. "La Vida, la muerte, La Oculta. Vivir y morir en una villa miseria argentina” Bs As, Yotser Libros, 2007; de "El Paco, la historia como fracaso”, Bs As, Yotser Libros, 2012.   

 

Tras varios intentos infructuosos de quedar esta mañana porque los entrevistadores no pudimos llegar a tiempo, nos envía una colaboradora a buscarnos en coche al otro lado de la Oculta, en el llamado "barrio nuevo" aunque todo es viejo y precario y las calles están sin asfaltar, donde Gemma y yo permanecemos colaborando con el comedor social "La voluntad del cielo" dónde, tras invitarnos a comer junto con otros voluntarios (argentinos, una chica suiza, otra italiana y nosotros "los gallegos") compartíamos actividades lúdicas de "Juegoteca" al amparo de la voluntad extraordinaria de Cielo, promotora, directora y alma mater de este centro de apoyo escolar, asistencia personal y comedor a un tiempo. Allí jugamos el fútbol con los chicos cuando viene a buscarnos Ethel, miembro del equipo de Otra Historia. Nos montamos en un coche antiguo y destartalado que conduce Dani, también del equipo, y tras atravesar una de las "villas miseria" más antiguas y emblemáticas de Buenos Aires nos llevan al encuentro con Jorge. 

 

Nos presentamos, le explicamos el motivo de nuestra visita y Tasín nos conduce al interior del jardín maternal "Sueñitos", nos lo muestra, y en cuyo patio interior, con unas sillas que disponemos en círculo, comenzamos a charlar:

 

"El problema de la villa no es ni la droga ni la violencia, es la villa misma. Y si no se entiende de una vez que lo que se precisa es un abordaje integral desde todos los ámbitos y perspectivas, que comprenda la entera humanidad de quienes, por ejemplo, consumen Paco, ningún otro paliativo tendrá demasiado sentido. Ni políticas preventivas, ni reclusiones impuestas temporales para desintoxicación,  ni prohibiciones y castigos sirven para resolver la hondura y la dimensión del problema".

 

Ciudad Oculta, una villa con más de 25.000 almas, está de algún modo controlada y manejada por las mafias de la droga y de la especulación inmobiliaria y otros negocios marginales. Sin embargo, el trabajo sucio, los que andan a tiros por los callejones del barrio son adolescentes y aun niños argentinos,  chicos enganchados al paco sin más expectativas que la muerte en vida. 

 

"Hoy por hoy no hay 'solución'. No hay esperanza. Como están planteadas las cosas en términos políticos y económicos la esperanza es para los boludos. ¿Esperar qué? ¿De quién?Nosotros sólo aspiramos a crear ámbitos de asistencia integral, a facilitar la existencia de los más próximos en lo que respecta a que puedan armar algún proyecto de vida mínimamente satisfactorio, es decir, tratar de establecer pequeños "sueñitos" en cada uno de los entornos donde vivimos para contribuir a dar un poco de apoyo y algo de felicidad a los que nos rodean".

 

Nos enseña un galpón, una nave en plena faena de obras donde, a costa de financiación privada se construye un centro que funcionará como auténtica cooperativa y cuyo eje principal será el autoempleo de los chicos que fabricarán muebles usando como materia prima los palets de madera que varias fábricas les ceden al carecer ya de utilidad o uso alguno. Así aprenden un oficio, asumen sus gastos y existencia, se ganan unos pesos y, además, reciben asistencia médica psicológica, terapias profesionales, actividades deportivas, culturales y de entretenimiento y, lo más importante, esto ocurre en la misma villa, en su propio entorno, en el mismo lugar que tiempo atrás era un infierno,  una cárcel sin sueños ni salida.

 

"Ocupar todas las fases del proceso de producción y distribución de su trabajo y recibir una asistencia integral que les habilite -no rehabilite,  porque nunca estuvieron habilitados- para una vida más digna y alegre sufragada con el propio esfuerzo de cada uno. ¿De qué sirve dar a los chicos talleres de aprendizaje o prácticas que luego no le signifiquen verdaderos recursos para poder vivir, por ejemplo, un curso de artes plásticas, o algo así. Está buena la experiencia, pero se trata de resolver cuestiones más primarias, que puedan sostenerse sin tener que salir a robar, que aprendan a hacer cosas redituables, lo que sea que les sirva para poder tener para comer, vestirse, esas cosas. Siempre sus vidas, al menos la inmensa mayoría, girará en torno a este barrio. ¡Tienen que trabajar en y desde su mismo barrio!"

 

Tasin confiesa no tener grandes referentes, aunque admire cosas de Jesús, del Che Guevara, de Martín Luter King, de GandhiEvitaAlfonsín, y critica al sistema con razonamientos demoledores e inatacables: "Dijeron que Obama iba a cerrar la cárcel de Guantánamo y ahí sigue..."; el Papa Francisco es promotor de la pastoral villera, tienen una concepción sobre el problema del Paco que no comparte del todo, como la metodología empleada o la postura dogmática ante la cuestión de legalizar o no el consumo. Opina no tener una definición sobre que es mejor acerca de la despenalización, pero señala que el modo de penalización vigente tampoco resolvió al problema.  

 

 

Ricardo Sáenz de Ynestrillas: ¿En que consiste su proyecto en Ciudad Oculta? ¿Quien le financia? ¿Cual es su propio medio de vida? 

 

Jorge Tasín: Lo que intentamos es la construcción de lugares como Sueñitos, un jardín maternal cuyo eje sea todo lo esencial que hace a un establecimiento de este tipo pero que base su funcionamiento en la ternura, la comprensión y se ajuste a las demandas del contexto. Es decir, que contemple a esa niña o niño y a su entorno afectivo inmediato, en su más entera y acabada realidad como habitantes de un barrio de extrema pobreza, como protagonistas de una hostil injusticia política, económica, histórica, social. Otra Historia, el otro espacio de Amaltea, es un galpón que recibe a chicos que aun no son sujetos, o sea, están des-sujetados de la realidad psicosocio-económica y expresan su malestar profundo a través del consumo de una droga terrible y venenosa como la pasta base, el PACO. Nosotros señalamos la siguiente metáfora demoledora: esos chicos son el desecho social fumando los desechos de la cocaína. La financiación principal para al menos la movilidad inicial del proyecto se la debemos a muchos amigos personales y a una empresa privada. Amaltea es una sociedad civil debidamente autorizada y supervisada desde los controles estatales y jurídicos correspondientes, en un país como el nuestro que posee una historia demasiado atravesada por la corrupción. De allí proviene mi sueldo. Un sueldo que hace justicia a una opción personal que realicé siendo muy joven y que implica un compromiso con un estilo sencillo de vida.

 

R: ¿Puede contarnos la historia de este barrio, su formación,  su creación y crecimiento,  su origen y evolución? ¿De dónde le viene el nombre?

 

JT: Ciudad Oculta se origina paradójicamente en tiempos del fenómeno de mayor crecimiento industrial y mejor y más equitativa distribución de la riqueza ocurrida en Argentina, es decir, el primer peronismo, finales de la década del 40. Los peones llegados del interior para emplearse en el naciente cordón industrial de Buenos Aires, muchos de ellos venidos solos, armaron unas casitas precarias tras el paredón de una antigua curtiembre. Buenos Aires estaba colmado en su capacidad habitacional. Era una ciudad de inmigrantes tanto del interior como de los europeos y medio-orientales llegados antes, durante y al final de la segunda guerra, mayormente españoles e italianos. La curtiembre se fundió luego de la caída del peronismo, y allí quedaron quienes ya habían armado sus familias. Tomaron el interior de la curtiembre y se apropiaron de sus instalaciones, usaron los ladrillos del paredón para construir sus casas originales. Se le llamó Ciudad Oculta porque al principio estaba como oculta tras un inmenso paredón. Hoy es un barrio donde habitan alrededor de 25 mil personas, muy pobre, con todo lo que eso implica.

 

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R: ¿Cual es a su entender el problema principal de las villas de emergencia en general y de Ciudad Oculta en particular? ¿Cómo lo resolvería usted?

 

JT: Argentina padece, a mi criterio, un mal endémico y es la ausencia de un modelo de país. Me refiero a un modelo de inclusión genuina, equilibrado, con un funcionamiento económico sano que se exprese en múltiples economías regionales que no sólo contengan a sus habitantes sino que provean la alternativa de proyectos personales, familiares y comunitarios dignos. Es una de las tierras más variada en potencialidades productivas del planeta, con una población bajísima en densidad, que ofrece todas las posibilidades imaginables que sin embargo no ocurren debido a la miserabilidad del ejercicio de la política. Yo no tengo ninguna esperanza en un futuro nacional que implique un país equitativo y justo. Tuve durante mucho tiempo esa ilusión, ya no. Es mucho, pero mucho lo que hemos padecido en la Argentina moderna: la enorme desilusión del regreso de Perón, la colisión múltiple entre los extremos guerrilleros y la nueva irrupción militar del año 76 con una crueldad inimaginable expresada en secuestros, torturas inverosímiles, desaparición y muertes, y luego el retorno a la vida democrática con la ilusión nuevamente perdida en el fracaso económico alfonsinista y el posterior mamarracho desastroso del menemismo, el estallido de la Alianza, el desfalco y el cinismo kirchnerista, todo resulta demasiado como para concebir una ilusión. Somos una sociedad que ha vaciado de sentido su propio lenguaje, una sociedad hostil, desencantada, corrompida. Será muy difícil y muy trabajoso refundar la nación.   

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R: ¿Cuál es la clave para resolver la inseguridad y la miseria que existe aquí? ¿La educación, la escolarización,  La búsqueda de empleo, la formación profesional?

 

JT: Es elemental, aunque la mayoría exige a los gritos una sociedad segura nadie o pocos reconocen que no habrá una sociedad seguridad que no provenga de una sociedad justa. La inseguridad es fruto de años y años y años de injusticia, de corrupción, de mentiras. Por ejemplo, basta con notar que casi la totalidad de los habitantes de las cárceles provienen de los espacios de la pobreza, para advertir que los delitos callejeros que tanto preocupan son ejecutados por jóvenes pobres. Son personas que tienen bronca, rabia, criados en necesidades de todo tipo, marginados por una sociedad que los desprecia no ahora que son ladrones sino desde siempre, se criaron sin hospitales, sin colegios, en casillas indignas, con padres que no pudieron sostenerlos como sujetos. Quién puede sorprenderse que salgan a robar lo que no tienen ni saben ni pueden conseguir de otra manera. No tienen los recursos elementales para valerse en la vida. Cuidado, de ningún modo justifico ningún delito, sólo trato de comprender, de mirar con un poco de mayor hondura. Si no son considerados jamás sujetos de Derecho por qué razón uno debe esperar que se sujeten a algún derecho?  

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R: las familias que residen en la villa ¿reciben subvenciones institucionales?  ¿A que les obliga? ¿De que depende que la reciban?  ¿Les redime de la miseria o les perpetúa en ella? ¿Les llega para llevar una existencia digna? ¿Que cantidad reciben y por qué conceptos?  ¿Las siguen recibiendo tras Cristina Kirchner? ¿Qué gobiernos han concedido mas subvenciones? ¿Es cierto que obligaba a los subvencionados a asistir a todas y cada una de las manifestaciones y concentraciones del partido de Cristina K. e incluso a votarla bajo estricta supervisión de la Kampora? ¿Ha existido esta práctica con otros gobiernos? ¿A quien benefician realmente esas subvenciones? 

 

JT: Obviamente que jamás me opondría a un dictamen estatal que otorgue unos pesos a familias que no tienen lo mínimo para vivir. Ahora, debemos reconocer que si hay familias que precisan que el Estado les asigne lo elemental es porque existen razones profundas que deben ser modificadas sustancialmente, y hablo de razones políticas, sociales, económicas. Es necesario un modelo de país en términos económicos que modifique la matriz que genera más y más miseria. De ello estuvimos muy pero muy lejos con el kirchnerismo más allá de sus discursos y relatos populistas, y de ello seguimos muy pero muy lejos con el actual gobierno macrista. Lo que digo no implica entre líneas que adhiera a algunas de las formas de la izquierda nacional. No pertenezco a ningún partido ni agrupación política. No creo, para mi desazón y tristeza, en sueños colectivos. No digo que esté bien no creer ni tener esperanzas, sencillamente digo lo que me ocurre a mí. El modo en que se hace política en Argentina me da escozor, me desalienta, me enerva, por tanto, me repliego a proyectos casi minúsculos pero hermosos, intensos, en escala humana. Es un privilegio exquisito trabajar de lo que trabajo. Me otorga una felicidad cotidiana, me salva; cuando digo que me salva me refiero a la locura total, por supuesto.

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R: ¿Por qué los pobre se instalan en estas viviendas? ¿Por qué se permite que incluso aquí dentro se especule con el terreno y las casas? ¿Quién maneja la especulación? ¿Y el tráfico de drogas? ¿Está de acuerdo con controlar la inmigración extranjera masiva? ¿Cómo se adjudican las viviendas, o cómo se accede a la propiedad de una casa o un terreno en la villa? ¿Por qué la Policía no impide la especulación y el narcotráfico? ¿Qué es el paco? ¿Quién lo produce?  ¿A quién beneficia?

 

JT: Ciudad Oculta tiene sus propios códigos, como toda región, y no es fácil venir e instalarse, todo lo contrario. No hay espacios y los lugares son caros. Hay mucha gente venida de la pobreza de países limítrofes como Paraguay, Bolivia, Perú. Obvio que hay argentinos, y muchos, la mayoría. El barrio tiene más de setenta años y fue transformándose y transformándose. Hay fenómenos recientes como el de un crecimiento inusitado en los últimos quince años y los llegados, sí, en su mayoría son extranjeros. Alquilar una pieza es muy costoso. Hay quienes construyen habitaciones y las alquilan a precios altos, esto es, pobres especulando con la pobreza de otros. La mirada que se tiene de la villa es errónea, idealizada, estereotipada. Acá la gente es como en todos lados, lo que domina es el egoísmo, la indiferencia, la hipocresía. La Policía también es acá como lo es en todos lados. El Paco es uno de los símbolos más esclarecedores de nuestra época, una droga inmunda que refleja la inmundicia de nuestra sociedad. Nos muestra. La presencia de una droga así dice más de los que no se drogan que de la villa y los chicos que la fuman. Habla de nuestro fracaso social. Nuestro fracaso en construir una sociedad que incluya con justicia y equidad, nuestra indiferencia, nuestro desamor. Es el signo elocuente de una sociedad desalmada.  

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