Italia, 25 de abril. Si hay una fecha cuanto menos polémica y discutida en il Bel Paese es esa, la del aniversario y fiesta de la Liberación de Italia. Ese día se recuerda el fin de la ocupación nazi y del régimen fascista. Fecha discutida por diferentes motivos, que van desde quién liberó a quién, el número de víctimas y verdugos, o si la libertad vino de mano de los partisanos o del ejercito angloamericano. La cuestión es que cada 25 de abril la izquierda aprovecha para luchar en retrospectiva contra el peligroso fantasma del eterno fascismo.

El pasado domingo en Bolonia no faltó la ocasión. A pesar de la prohibición de concentraciones, la obligación de llevar mascarilla y de conservar la distancia de seguridad que no se respetó, se realizó la tradicional manifestación antifa. Banderas rojas y con la hoz y el martillo, de la extinta Unión Soviética y anarquistas recorrieron las calles de la ciudad capital Emiliana. La fiesta de los radical chic, los pijoprogres italianos, acabó con una rave multitudinaria para celebrar la victoria. Nada detuvo a los jóvenes nostálgicos del Ejército Rojo que, afortunadamente, nunca llegó a Italia para acabar con la tiranía y la II Guerra Mundial. 

La mayoría de los que no temieron al virus agitando banderas rojas, estrechándose en un abrazo revolucionario “contra todos los fascismos, el racismo, sexismo y la explotación” son los que claman por el toque de queda, las restricciones y los cierres perimetrales. Ellos se indignan fácilmente por las manifestaciones de los hosteleros y comerciantes arruinados por la pérdida del derecho a trabajar, o por si alguien osa tomarse un café en la barra de un bar. El mejor pasaporte sanitario o salvoconducto parece ser cantar el “Bella ciao”.

Mientras tanto, en España, elecciones en la Comunidad de Madrid mediante, parece ser que el problema más grande que se cierne sobre la sociedad también es el avance del fascismo. Esto lo hace pensar las siguientes palabras que han sido pronunciadas por el presidente Sanchez en un acto de campaña del PSOE: “El viernes la ultraderecha cruzó una línea. Y ellos creían que era un solo un paso más, que iba a pasar inadvertido, que se vería como otra travesura, algo normal, que no iba suceder nada, que nos íbamos a acostumbrar a otra más, y que íbamos a aceptarlo igual que hemos aceptado las anteriores. Pero no va a ser así. El viernes VOX cruzó una línea y será la última línea que cruce. Y además quiero ser muy claro. Solo hay un camino y es que el Partido Socialista derrote al gobierno del Partido Popular y de VOX el próximo 4 de mayo. Solo el Partido Socialista hará que Madrid continúe avanzando y no retroceda en derechos y libertades y en calidad democrática. No es normal quitar importancia a algo tan grave como una amenaza de muerte. No es normal acusar a los amenazados como hace VOX, no es normal porque se trata de la convivencia de todos y de todas. No es normal ser equidistante y no condenar las amenazas. Nada de eso es normal, y si le quitamos la importancia que tiene, el riesgo que representa, estamos consintiendo que se ponga en riesgo la vida de las personas, incluso también nuestra propia democracia y la forma de vivir y entenderla. Porque se trata, esta vez sí, de nuestras libertades. Esto no es una anécdota, no es un caso aislado. Lo que está ocurriendo aquí, y en otras partes del mundo, es algo que debemos parar de inmediato. Así que se acabó. No es normal porque ya no se trata de Madrid, se trata de nuestra democracia. Ha llegado la hora de ser claros. Ha llegado la hora de decir que VOX representa una amenaza para la democracia española, que VOX representa una amenaza para la convivencia entre españoles.

Umberto Eco acuño la idea del “fascismo eterno” durante una conferencia en la Universidad de Columbia recordando un 25 de abril y la derrota del nazi fascismo. El “fascismo eterno” vuelve una y otra vez como en un eterno retorno nietzscheano ineludible, y por lo tanto debe ser combatido y eliminado porque encarna el mal absoluto. El mensaje del presidente ha sido claro, elocuente y paradójicamente suena amenazante. Da a entender que en España millones están a punto de convertirse en criminales. Están a punto de cometer un grave delito por intimidar y provocar un mal gravísimo hacia las personas y la democracia, de convertirse en fascistas. Y ante ello será implacable. Según su discurso podemos interpretar que quienes no compartan los fundamentos socialistas y progresistas son fascistas con todo lo que ello implica. Y eso es algo indiscutido, intolerable y que será combatido y eliminado porque no tiene lugar en la política y la sociedad. Igual que el fascismo eterno y el mal absoluto que implica.

Cuando la sensatez, el buen juicio, el sentido común y la cordura desaparecen, todo se desbarranca por el abismo de la locura. Lo que sigue acaba en la cima de la desesperación. Italia, España, Europa y Occidente parecen estar en manos de funambulistas ebrios y debajo no hay red. Asombrosamente hay espectadores que aplauden el obsceno espectáculo sin tener conciencia del final trágico que tiene la función.