Resulta indignante que socialistas y podemitas se atrevan a criticar el pacto alcanzado por el Partido Popular y VOX para la buena gobernanza de Castilla y León. Es insultante leer frases como “pacto vergonzoso” o “pacto contra la libertad” y lo es mucho más viniendo de quien vienen tales descalificaciones.

Pero si es bochornoso leer estos calificativos que ponen de manifiesto la indignidad de quien los profiere, incluidos los gacetilleros juntaletras bien pagados que le sirven de altavoz, todavía lo es mucho más seguir aguantando que la izquierda continúe presumiendo de una falsa superioridad moral que ni tiene ni nunca ha tenido, una obsesión enfermiza sin fundamento alguno.

En primer lugar, se trata de un pacto firmado por dos partidos políticos soberanos cuyas bases, representadas en sus dirigentes, alcanzan los pactos que les da la gana, faltaría más que para que alguien pacte con otro alguien fuese necesaria la aquiescencia o el visto bueno del partido socialista o de la miserable y malvada podemía.

Además, hablamos de dos partidos -PP y VOX- con vocación de España y eso, pese a la tibieza de alguno de ellos demostrada en más de una ocasión, queda fuera de toda duda. Una vocación de España que es, en definitiva, lo que nos interesa a los españoles de bien.

Por otra parte, ¿cómo se puede atrever el PSOE a criticar cualquier pacto del tipo que sea? Insisto, resulta vergonzoso e insultante al provenir de un partido que, para mantenerse en el machito, ha sido capaz de pactar con toda la escoria de España, la anti-España en estado puro, tanto a nivel nacional como autonómico e incluso municipal.

Empezando por esa malsana podemía, los pijoprogres comunistas de salón, sectarios donde los haya, esos que viven como marajás, con el dinero que pagamos todos los españoles, en mansiones de cuatrocientos metros cuadrados o disponiendo de niñeras que cobran del erario; esos que odian a España, su historia, sus costumbres, sus tradiciones; esos que no se recatan en hacer el paripé jurando sus cargos para poder vivir sin dar palo al agua y que luego denuestan la Constitución y manifiestan, sin recato, su voluntad de cargarse la Monarquía.

Siguiendo por toda la pléyade de golpistas catalanes, unos individuos perversos cuya única pretensión y objetivo es la desmembración de España para convertir a Cataluña en una suerte de república bananera, donde ellos puedan seguir gobernando con sus artimañas del 5%, en plan impuesto revolucionario, y otras gatadas por el estilo.

Incluso, han pactado con los descendientes de los asesinos etarras que se llevaron por delante la vida de cientos de buenos españoles sin que se arrepintiesen por ello en momento alguno y ni tan siquiera colaborar para el esclarecimiento de los crímenes pendientes de resolver a fecha de hoy. Una gentuza que, junto a la derechona vasca de toda la vida, esa del PNV, tan solo pretenden, tarde o temprano, sustraer otra parte del territorio nacional y, entretanto, gozar de más prebendas y privilegios que el resto de nosotros.

Para más desvergüenza hay que recordar aquellas reiteradas promesas, fácilmente localizables en cualquier hemeroteca por irrelevante que sea, hechas por el actual líder socialista, el de la pluma blanca, que juraba y perjuraba que jamás pactaría ni con unos ni con otros. De verdad, ¿somos tan frágiles de memoria?

No deberíamos olvidar que sí, tras las elecciones municipales del 2015, la malvada podemía, con sus marcas blancas, llegó a desgobernar algunas de nuestras ciudades -La Coruña, Zaragoza, Ferrol, Santiago, etc.- fue debido a los pactos alcanzados con los socialistas a los que no les importó que esas localidades sufriesen, durante cuatro interminables años, la más oscura “pandemia” de sectarismo totalitario de su historia.  

Resulta, por tanto, indignante que alguien se atreva a tachar de “vergonzoso” un pacto firmado por dos partidos que ni son separatistas ni tampoco filoterroristas y, mucho menos, pijoprogres comunistoides. Realmente, si a los socialistas les quedase un mínimo de dignidad, que no les queda, convocarían, de inmediato, unas elecciones generales para que pueblo decidiese lo que le conviene a España y que no es otra cosa, estoy seguro, que echar del gobierno a estos que están llevando a nuestra Patria a la ruina, gastando un dinero que no tenemos en sueldos de ministros y ministras de cuota, totalmente inútiles, y en chiringuitos de amiguetes.

En cualquier caso, creo que una buena parte del cabreo de sociatas y pijoprogres por este pacto tiene su origen, más allá del pacto en sí mismo, en la cada vez más alarmante pérdida de apoyo de los españoles. No debemos perder de vista los últimos resultados electorales -Madrid y Castilla y León- en los que los socialistas perdieron un amplio porcentaje de votos, en tanto que la pijoprogresía comunistoide se encamina al fin de sus días.

Por cierto, que nadie se deje engañar con ese nuevo mensaje, propalado por la prensa afin, de que el lamentable estado de nuestra economía se debe a la guerra de Ucrania, una guerra que comenzó hace quince días, cuando la economía española lleva cayendo en picado desde hace muchos meses, más concretamente desde que el actual gobierno llegó a la Moncloa.