La Ley de Memoria Democrática (L.M.D.) que, parece ser, será aprobada en los próximos días es la continuación “aumentada y corregida”, de lo que ha sido hasta ahora la L.M.H, Ley de Memoria histórica.

Legislar sobre la memoria nunca ha tenido una profundidad jurídica, por cuanto tendríamos que diferenciar entre memoria y recuerdo. Mientras el recuerdo es individual, con sus matices, sus pequeños cambios, una identidad diferenciable, la memoria es algo más amplio, un grupo de recuerdos, pero recuerdos también individuales.

Los recuerdos sufren un proceso de selección, así que al igual que unos recuerdan ciertos hechos, otros recuerdan otros, similares o distintos, porque el recuerdo es algo individual.

Si a la memoria, como conjunto de recuerdos, le ponemos apellidos, como es el caso, Memoria democrática, es decir la elegida por el “pueblo”, pasa a ser un proceso colectivo de recuerdos individuales, que han sufrido la discriminación de otros recuerdos individuales, con lo que estaríamos en una dictadura de esta memoria democrática que en realidad supondría el exterminio del término memoria como conjunto de recuerdos individuales.

Los recuerdos individuales no se pueden extirpar, pero sí desaparecen con la eliminación física del individuo y siempre que estos recuerdos no se hayan plasmado de alguna forma que permita su rememoración. Esto es lo que pretende la Ley de Memoria Democrática hacer inviable que los recuerdos individuales sobrevivan al portador de los mismos evitando su plasmación o difusión y que pasen a ser memoria a secas, sin apellido, un grupo de recuerdos individuales con límites externos y sin duda físicos.

La Ley de Memoria Democrática acaba con la libertad del individuo y de la persona, el hombre en sí mismo.

La nueva Ley de Memoria no debería apellidarse Democrática sino Comunista (L.M.C) ya que el gobierno ve que, existiendo algo parecido a la “indulgencia” en la opinión pública española en lo que se refiere a los excesos cometidos por esta ideología, hay que plasmarla en el BOE para que esa “indulgencia” se convierta en Ley.

Mientras socialistas y comunistas exigen pedir perdón por lo cometido por otras ideologías, niegan los crímenes cometidos por el comunismo ya que se cometieron por “la búsqueda de una sociedad más justa”.

Para el gobierno social-comunista que ha elaborado la Ley la palabra demagogia es la contestación a cualquier memoria histórica, democrática o comunista de sus crímenes y por tanto hay que ignorar los crímenes de su ideología y recalcar, tergiversar o inventar los del enemigo, que desaparezcan de la memoria colectiva los suyos y se rememoren los otros. El paso del tiempo se encargará de los recuerdos y de la memoria individual, desaparecerán por omisión y legalización del olvido.

La canción dice que “La distancia es el olvido” pero debió decir que “La Ley de Memoria Democrática es el olvido”, pero no rimaba.