El caso en curso del Juez Serrano ha dejado en evidencia la imperfección e injusticia del actual sistema de listas cerradas que emplean los partidos políticos en España.

Cuando apareció VOX y me enteré que Francisco Serrano iba de cabeza de cartel en Andalucía, yo lo tuve nítidamente claro: votaré a Serrano. En aquellos días VOX no era nada, humo, un proyecto cogido con alfileres: “La banderita de España que te regalaban al acceder a uno de sus mítines, Manolo Escobar a toda leche y todos saltando como energúmenos al ritmo de Que viva España, que si había que desmontar el Estado de las Autonomías, que si terminar con la independencia de vascos y catalanes… y cuatro soflamas más. Humo”. Frente a esto, el cabeza de lista por Andalucía, Francisco Serrano, ya era un personaje consolidado, además con un largo historial de lucha en la defensa de la Igualdad entre hombres y mujeres, sufriendo en sus carnes una persecución política que lo inhabilitó como juez de familia. Algo que era de esperar del lobby feminista andaluz: “Quitamos de en medio a este juez respondón, montamos en unos años un tinglado de miles de chiringuitos de género (compra de votos) y cuando quiera reaccionar y lo tengamos que habilitar como juez ya tendremos montada una Industria de Género”.

Yo voté a Serrano, no al resto de desconocidos y desconocidas que iban en su lista, un cóctel de personas de variada condición, entre ellas los trepas, gentecilla cegada por la luz de Serrano que, sin embargo, alcanzarían su silloncete de Diputado Andaluz gracias a la campaña que antes desarrolla el juez por cientos y cientos de pueblos y ciudades de toda Andalucía. Serrano, en aquella campaña, mantenía sus ideales de igualdad entre los sexos y denunciaba ese feminismo español sectario y subvencionado, convertido en un caladero de votos, una corrupción de Estado que manoseaba las leyes para favorecer a las mujeres a costa de los derechos de los hombres.

Las reglas, son las reglas, una lista cerrada implica votar a unas siglas, yo lo comprendo. Pero también me tienen que comprender a mí, yo soy un ciudadano que reclamo listas abiertas, votar a la persona, no a letras.

Somos decenas de miles los que hemos votado a Francisco Serrano, aquí en Sevilla, en toda Andalucía y en media España. Yo no he votado a aquellos que ahora pretenden que Serrano entregue su acta. Son estos desagradecidos cazarrecompensas de chiste los primeros que debieran entregar su acta, porque la suya misma se la ganó Serrano con su esfuerzo, con su garganta, con su personalidad.

De no ser por Francisco Serrano, muchos de sus desagradecidos compañeros de escaño sólo hubieran pisado el Parlamento de Andalucía el día de su visita gratuita, el 28 de febrero, jamás hubieran entrado en la baja política de intrigas, traiciones y navajazos gitanos.

Siempre ocurre lo mismo: Los grandes se rodean de abrazafarolas y los abrazafarolas sueñan con ser grande, cosa que es imposible, porque Francisco Serrano sólo hay uno.

Yo voté a Serrano, no a VOX, y seguiré con Serrano hasta el final. Donde vaya Serrano allí iré yo y votaría otra vez a su persona, ya se llame el partido donde este vaya VOX, VIX, VUX, VEX o VAX.

Ánimo, Señoría. Cuente con mi voto, mi voto a su persona.