Desde 2004 nos vienen sacudiendo los terremotos legislativos que los politicuchos de turno manejan a su antojo. Desde la aprobación de la tenebrosa e inconstitucional Ley Contra la Violencia de Género hasta hoy, no hemos salido de los sobresaltos llenos de ataques hacia la figura del varón en todas las formas imaginables e inimaginables utilizando a la mujer como un ser débil y poco inteligente que necesita de las ayudas del Estado para poder ser grande, inteligente y libre.

 

Lo que parece que muchas mujeres aparentan desconocer es que la propia ley, acompañada de la ideología de género, lo que pretende es el efecto contrario al que venden: pasar de la “esclavitud y sometimiento” de la pareja a la tutela estatal, con todo lo que ello implica: “yo te doy, pero tú a cambio debes de obedecer y acatar todo lo que yo te mande”. Con lo cual se pasa a estar igual, sólo que con el lavado de cerebro que el sistema nos impone.

 

Recientemente nos hemos sobresaltado con el caso Arcuri-Rivas.

No me gusta publicitar más de lo debido este tipo de casos, pero resulta ser el arquetipo de lo anteriormente indicado: Juana Rivas se ha saltado a la torera las leyes, pero el Cuarto Poder le ha concedido la oportunidad de salir en los programas de televisión que se dedican al amarillismo sin pudor, utilizándola con la única finalidad de tener audiencia a costa no sólo de ella, sino de los niños, unos seres indefensos que sufren lo indecible sin importarles a nadie. Una mujer que ha sido utilizada por las feministas para ensalzarla como ejemplo vivo de una realidad confusa y distorsionada en la que ella, como maltratada ha pasado a ser “estrella de televisión” con el beneplácito de las presentadoras de programas Prime Time y su exmarido como el villano maltratador al que hay que atacar por todas partes. Los medios de comunicación sólo buscan carnaza para conseguir audiencia y les da igual a quien y cómo utilizar para conseguir la consecución de sus intereses.

 

De esta forma, la manipulación informativa está nuevamente servida. La sociedad, en su mayoría, se encuentra abducida de tal manera con el tema del maltrato hacia las mujeres, que se ve incapaz de reaccionar ante la falacia y la adulteración de los medios informativos.

 

Hay cientos de miles de padres en situaciones similares a la de Francesco Arcuri. Casos anónimos de los que nadie tiene conocimiento, a excepción de sus familiares y/o personas más allegadas. Estos casos no importan a nadie, carecen de interés porque no dan rendimiento económico.

Son casos que se ocultan deliberadamente en un intento de ensalzar la figura femenina a cualquier precio, hasta el punto de hacer creer al mundo que las mujeres somos seres buenos, frágiles y poco inteligentes incapaces de realizar cualquier acto negativo.

 

Se trata de un problema cuya base principal no es erradicarlo con leyes que en vez de solucionar el problema no hace sino aumentarlo y agravarlo provocando además infinidad de daños colaterales.

La violencia no se soluciona con leyes sino con educación. Es como castigar a un niño por algo que ha hecho mal y no explicarle y enseñarle las consecuencias que puede provocar dicho acto.

Y sin embargo, las partidas económicas para Educación, son cada vez más pequeñas.

 

El Estado decide lo que va a hacer para después mover al sector de la población que más le conviene para justificar sus decisiones; de esta manera, sólo provocan una gran cantidad de injusticias que nunca son reparadas.

Sin embargo, la Justicia, como Poder del Estado, emana del Pueblo, en quien recae la Soberanía del país.