España ante la vida y la muerte

En 1975, a la muerte del General Invicto, las gentes, llenaban los puestos de periódicos, con colas para comprar la última edición. Todo ese pueblo, lloraba amargamente y se lamentaba, de tan extraordinaria pérdida. Ese pueblo, se encontraba en una situación de orfandad y desamparo, al faltarle su líder.

Las gentes, iban en masa a las iglesias a rezar por tan terrible muerte, a pesar que no fue para nada repentina y la enfermedad de meses era anunciadora de una muerte próxima, pero nadie creía que eso pudiera suceder.

Considerábamos a nuestro Caudillo, cuasi inmortal, no podíamos pensar que un día llegara a dejarnos, pero era ley de vida y ocurrió.

Ese pueblo, que iba deambulando de un lado para otro, con ojeras y el pañuelo en mano, no podía soportar su muerte, sobradamente anunciada por su larga y penosa enfermedad.

Ese mismo pueblo, que tantas veces, le había aplaudido, en todos sus mítines, en aquellas explanadas atiborradas de gentes, aplaudiéndole, como es el caso de la Plaza de la Lealtad, así llamada por mi amado y admirado Caudillo D. Blás, en las que no cabía un alfiler. En aquellas visitas por Vascongadas o Barcelona, que en coche descapotable, era una muchedumbre enfervorecida, con un griterío incesante, con aplausos y vivas, por cualquier sitio que asistiera con su presencia.

Ese pueblo, fiel a los principios del Movimiento Nacional del 18 de Julio. Ese pueblo agradecido a la gran labor que hizo su General Invicto, librándolo de masones, anarquistas, comunistas y criminales. Ese pueblo católico, familiar, patriota y de valores eternos, empezó a debilitarse ante unos diabólicos mercenarios del poder, cuya primacía era aprovecharse de su enorme legado, para uso y disfrute propio.

Las gentes, pronto se pusieron en manos de los diabólicos adoctrinadores, los lacayos del Sistema Revolucionario y les dejaron no solo formar una Historia distinta a la vivida, sino una historia malvada que nada tenía que haber habido, con sus verdaderas vivencias.

El pueblo, se echó en brazos de los demonios y sucumbió a tantos mensajes, a millones de mensajes diarios, en medios de incomunicación estatal y de políticos trepadores para robar a manos llenas, pensaron que su vida había sido una entelequia y que en realidad no la habían vivido, porque la mayoría de voceras, que salían por todos lados, no podían estar todos en una falsedad total, les creyeron y asumieron que habían vivido una “Falsa vida”, muy alejada de la realidad.

Nos hemos convertido en un pueblo, que abraza a sus enemigos, los alaba y los vitorean, como si fueran dioses.

Ya no es un pueblo de patriotas, que miren por la justicia, la historia y la Patria unida y en la creencia de un Dios, solo por encima de ella. Ahora, ni Dios, ni la Familia, ni la Patria, tienen valor alguno, porque por encima de esos Valores Eternos, han puesto a todos los que han los han destruido.

La Prostitución del 78, la Democracia inexistente, los monarcas traidores, perjuros, cobardes y ladrones, junto a los politicastros están por encima de  Dios y la Patria. En una palabra, nos debemos a ellos.

Nos han convertido en unos herejes, blasfemos, cobardes y traidores a nuestro propio ser español. Ya no somos nadie, ya hemos aceptado desde hace muchos años a los peores felones, los ladrones y los criminales de niños indefensos. Nos hemos convertido en meras alfombras, que solo sirven para que con las pisadas de esta caterva. Se limpien su mierda entre nosotros.

Un pueblo convertido en hereje, es un pueblo pervertido, que ya no tiene opción de imponer sus pensamientos, porque es un  pueblo derrotado.

Aquellos hombres, que antepusieron su virilidad a la sumisión y a la rendición

¿Cómo era el Conquistador español?