Por ahora, y mira que yo no fui nunca monárquico, para mí, Felipe VI es un gran Rey. Por ser sincero, este hombre, año tras año, se ha ganado mi respeto: se enfrentó a su padre y a sus dos hermanas para rescatar la institución de la monarquía y a diario convive con tres mujeres –señora y dos hijas, se entiende–. Esto último le da un plus de heroicidad.

         Un Rey no es Rey si vende su dignidad, si se somete a un chantaje, si accede al capricho de un político indecente y sin escrúpulos como es el tal Sánchez, presidente por obra y gracia de otro pájaro, el Coletas, ahora tumbado al sol de Galapagar frente a una piscina fascista ella, por lo que vale la hacienda del tal podemita instalado en el taco, viviendo la Dolce Vita a costa de miles de incautos que se tragaron sus cuentos.

         Yo lo venía pensando semanas atrás y Ayuso lo ha expresado con claridad: “¿Lo van a hacer cómplice?”.

         Desde pequeñito, yo mismo tenía entendido eso de “El Rey nunca se mete en política”.

         Causa sonrojo comparar, contrastar, la solvencia de la institución monárquica, y su tradición de siglos, frente a la vacuidad e incompetencia de un gobierno formado a pedazos, una mezcla heterogénea  e inestable con los días contados. La monarquía nunca puede dejarse manipular por el poder político, un poder que de tarde en tarde cae en manos de un trepa, un vividor sin escrúpulos al que la nación, los ciudadanos y la monarquía le importan un pito, por no escribir una grosería. De modo que si aparece un payaso mentiroso, como es el caso, con su corte de bufones y todo, la monarquía debe estar, más que nunca, en su sitio, dando ejemplo de coherencia, estabilidad y neutralidad, y no entrar en ese circo.

         En mi caso concreto, todo el prestigio y respeto que le tengo a Felipe VI pueden desaparecer si éste firma uno a uno los indultos de los independentistas catalanes en contra de la opinión del Tribunal Supremo y el sentir popular de la gente sensata, otra cosa es la gente subvencionada, feministas y demás calaña.

          El Rey no está para ser manipulado como un títere por un sujeto peligroso y narcisista como es el tal Sánchez; el Rey está para darnos ejemplo de dignidad y decencia, de las que carece por completo el citado pájaro. Si el Rey se enfrentó a su padre y a sus hermanas, ahora es el momento de pararle los pies a un extraño huero de sustancia, sin coherencia, sin palabra, ¡un regalito!

          Felipe VI lo tiene a huevo en un comunicado público desde la Zarzuela: “Es tradición y consustancial al ejercicio de la monarquía no entrar en discusiones, debates o asuntos de estricta política que corresponden al Parlamento, Institución que está para eso. De ahí que los indultos solicitados, al ser de carácter político,  han de resolverse en instancias políticas”.

          Quedo a la espera, pues, de tener en Felipe VI un Rey aún más Rey del que venía siendo o un hombre que podría tirar a la basura una Institución que por ahora representa con alta nota.

          No firmes indultos políticos, Felipe, mantente al margen y pasa el asunto al Parlamento. ¿Supongo que la Casa Real tendrá unos servicios jurídicos competentes, no?

          ¡Felipe, estamos contigo, buen hombre!

          No pierdas, Felipe, tu dignidad, porque sin dignidad, ni se puede ser Rey, ni hombre, ni nada, sino que serías otro Sánchez más, otro Coletas más…y para mí supondría una gran decepción en la estima que te tengo, de verdad se lo digo, Majestad.