No es raro el caso del niño que a los seis años descubre a sus padres poniéndole los regalos en los zapatos, pero prefiere hacerse el tonto y que sigan los regalos. Y de mayores no cambiamos demasiado, preferimos no darnos por enterados. Félix Ovejero, profesor de la universidad de Barcelona, ha publicado en El País un interesante artículo titulado: “¿Democracias para niños?” En el escribe: “Los problemas son muchos, pero hay uno basal: la miopía del votante, su infantilismo. Las criaturas prefieren un caramelo hoy que ciento mañana. Los adultos poco más o menos.”

Todos sabemos que el cambio climático y, en general, los problemas del deterioro del medio ambiente y el agotamiento de los recursos son unos problemas acojonantes, pero preferimos creer lo que dicen unos políticos que, como mágicos reyes, nos aseguran que van a traer un estupendo regalo: un “desarrollo sostenible” que hará compatible el todoterreno de 150 CV y el turismo en la Patagonia Chilena con un clima fresquito la mar de agradable.

Todos sabemos que en la economía mundial hemos dejado que manden los mercados, o sea, el poder económico, las grandes fortunas. Y estos señores están desarrollando una ofensiva feroz para dar marcha atrás a todos los avances sociales conseguidos en los últimos tiempos. Pero seguimos creyendo en unos benévolos reyes que, desde un partido u otro, nos aseguran que con sus programas ellos nos traerán los suspirados avances sociales. Cómo van a conseguirlo cuando el poder económico aspira a todo lo contrario, eso es un secreto que pertenece a la magia real y no van a andar por ahí descubriéndolo.

Vamos que, o abrimos nosotros los ojos a la realidad, o la realidad nos los va a abrir de una manera bastante desagradable. Desde luego de los políticos profesionales no esperemos mucha ayuda para ese abrir los ojos. Como dice Ovejero en el mismo artículo, “nadie gana elecciones paseando malas noticias”.

Abrir los ojos para no tragarnos los cuentos de nuestros Reyes Magos. Pero también abrirlos para ver que esas malas noticias no anuncian un inevitable final trágico. Nos enfrentan a una formidable crisis. Como escribe el profesor de sociología Gino Germani, “El hombre se halla en el umbral de un mundo nuevo, un mundo lleno de infimitas e imprevisibles posibilidades; pero está también el borde de una catástrofe total. La decisión está en sus manos; en su capacidad de comprender racionalmente y de dirigir según sus designios los procesos sociales que se desarrollan a su alrededor”.

Qué en el Nuevo Año seamos realmente felices trabajando por ese mundo lleno de infinitas e imprevisibles posibilidades y con la esperanza y la ilusión de conseguirlo.