Desde luego, hay que ser ignorantes adrede, no hay peor ignorante que el que no quiere saber, para condenar a uno de los gobiernos habidos en la historia de España. Entre todos esos gobiernos ya pasados, los ha habido buenos , malos y regulares, según opinión particular de cada opinante, pero, ¿qué sentido tiene ahora condenarlos?

Es como si a cualquier zascandil por ahí le diera por condenar el reinado de Pedro Primero, alias el Cruel, o el de Juana Primera, alias la Loca, o la presidencia republicana de Emilio Castelar. ¿No sería ridículo?

En efecto, ¿quiénes se han creído que son los diputados a cortes para condenar unos hechos históricos determinados? A ver si se han creído que la Historia la tienen que interpretar ellos, y encima elevar esa interpretación hasta la categoría máxima de oficial. A ver quién les ha dicho que les cumple a ellos la calificación de buenos o malos referida a los protagonistas de nuestra historia nacional.

Pues así ha sido en efecto, toda esa pandilla de inútiles espléndidamente pagados se nos han metido a historiadores, pero por lo oficial y definitivo, nada de opiniones particulares y rebatibles, el colmo ya de la insensatez gubernamental.

¿Que el régimen del 18 de Julio se impuso por la fuerza de las armas? Pues claro que sí. ¿Cómo se impuso, si no fue por el procedimiento del golpe de estado, la segunda república cinco años antes? Y la revolución bolchevique rusa, y la revolución francesa, las que a nadie se le ha ocurrido condenar, ¿no se impusieron tras sangrientas guerras civiles e innumerables asesinatos? Lo mismo que la revolución cubana, tan admirada por la progresía andante de todo el mundo moderno.

De modo que ya lo sabemos, desde aquella ya lejana sesión parlamentaria queda oficialmente condenado el Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936, y con él han quedado igualmente condenados la mitad de los españoles que entonces vivieron aquella lejana guerra civil, de la que nadie queda ya con vida por alejada en el tiempo.

Muchos de aquellos diputados ni siquiera sabrían, en primer lugar, que el alzamiento militar no fue iniciativa de Franco, sino de Sanjurjo y de Mola, a quienes Franco se unió muy a última hora, y que meses más tarde fue cuando asumió la jefatura del estado tras una reunión de la junta militar, como sabe todo alumno de primero de educación general básica.

La situación en España en 1936 era totalmente insostenible, el golpe de estado se intuía, y el gobierno del Frente Popular lo sabía, e incluso lo esperaba, del mismo modo que esperaba también aplastar el intento y así librarse de todo tipo de oposición para instaurar en España la dictadura del proletariado, al decir de los dirigentes socialistas.

Tan adelante llegó el gobierno conjunto de socialistas y masones, que mandaron matar una noche al portavoz de la oposición de derechas, lo cual precipitó el alzamiento efectivo de media España, la que no estaba dispuesta a sucumbir, y sí a combatir por Dios y por España (lo del tema religioso lo dejaremos para otro día).

Pero las cuentas a los masones, muy peritos en el arte de echar cuentas históricas, no les salieron bien, sino que el alzamiento acabó triunfando, en contra de la opinión de muchos.

De modo que, tras anteriores intentos fallidos, por fin consiguieron los socialistas la aprobación en el congreso de los diputados de una declaración de condena del alzamiento nacional y del régimen que le siguió hasta su extinción.

Y para eso contaron con la aquiescencia y el apoyo del partido que llaman Popular, la supuesta derecha contraria al bolchevismo, aliado suyo sin embargo, al menos en aquella ocasión, y no sólo en aquélla.

Hoy la situación en España se acerca, aunque sin llegar todavía a tanto, a la reinante en 1936, y si hoy se diere la circunstancia de que ya no fuese posible otra solución, es decir, si llegare el caso, que no llegará, de otro alzamiento nacional contra socialistas y comunistas, ese centro derecha, como a ellos mismos les gusta denominarse, estarían de parte de los rojos, bien claro lo dejaron dicho en aquella sesión al condenar al régimen que salvó a España de caer en las manos del comunismo soviético, así como del predecible exterminio de todo elemento opuesto al comunismo vencedor en ese caso hipotético, entre los que no se librarían quienes en estos tiempos impúdicamente han apoyado la moción antifranquista y pro socialista.

Haciendo un fácil paralelismo histórico, y deducido de su posicionamiento en contra del alzamiento cívico militar de entonces, hoy los del PP se pondrían de parte de Largo Caballero y sus crímenes, de Santiago Carrillo y los suyos, del comunismo soviético de José Díaz, de Juan Negrín y su complicidad con el camarada Dzhugashvili, alias Stalin, con los masones de Azaña y Marínez Barrio, con el separatismo criminal de Luis Companys, con el separatismo de José Antonio de Aguirre, con el anarquismo de Buenaventura Durruti y de Ángel Pestaña, y en contra de los verdaderos españoles cuyos votos ahora demandan.

¿Cuál es la misión, deliberada o no, del Partido Popular hoy en día en España? Resumiendo se podría decir que lo suyo es acaparar los votos de derechas para luego apoyar las políticas de izquierdas, o por lo menos dejarlas como están y no cambiarlas cuando los electores les otorgan el poder.

En efecto, votar PP es votar la condena del régimen anterior y la consiguiente aceptación de aquella nefasta segunda república, es votar leyes disolventes contrarias a la ley de Dios, es votar las matanzas de niños todavía no nacidos, es votar la imposición de idiomas regionales con menoscabo del español, es votar no poder hablar en español en ciertas regiones de España, es votar más y más competencias administrativas para los gobierno regionales, algunos de ellos en manos de separatistas, es votar más desgobierno todavía, en fin, votar a ésos es muy parecido, se mire como se mire, a votar a los socialistas.