Nadie pone en duda que la piratería marítima es un hecho en pleno siglo XXI, especialmente en el Cuerno de África, en Somalia y en la costa africana del Atlántico, en el Golfo de Guinea. Las zonas de actividad de la piratería coinciden con las áreas de mayor tráfico de mercancías y de personas por mar.

Las primeras referencias de la piratería vienen del siglo V a. de C. en la denominada Costa de los Piratas, en el Golfo Pérsico, durante toda la Antigüedad. Otras zonas fueron el Mar Mediterráneo, el Mar de China Meridional y, en el siglo XVII, las rutas coloniales de españoles y portugueses.

Las fragatas europeas vigilan hoy varias rutas marítimas e inspeccionan las embarcaciones sospechosas. Porque la piratería busca su botín en los mares de mayor tráfico marítimo y fluvial. Los barcos secuestrados por los piratas retienen a sus rehenes para pedir rescate y vender las mercancías robadas. Disponen de decenas de refugios. Los somalíes roban, violan y matan. Los países mediterráneos han reaccionado, finalmente, enviando buques de guerra a las zonas de conflicto.

Los somalíes llegaron a atacar una fragata española, al confundirla con un carguero navegando entre la bruma; diez hombres intentaron abordarla, pero al virar el buque de guerra y mostrar sus 166 metros de eslora, un buque militar de 17.000 toneladas, armado hasta los dientes, intentaron huir a toda máquina. La fragata española respondió a la agresión, avisando primero para que parara el barco pirata, pero éstos intentaron darse a la fuga. Desde la fragata respondieron con fuego de ametralladora cuando intentaba acercarse a la costa. Murieron y fueron heridos varios piratas y el resto detenidos. A un navío militar francés también lo confundieron con un mercante y los piratas corrieron parecida suerte.

Piratas nigerianos operan en el Golfo de Guinea

Aún así, aumenta la piratería en el Golfo de Guinea, dirigidos por exmilitares nigerianos. El Comité Económico y Social de Europa (CESE) ha tomado medidas, visto el elevado coste de la presencia de piratas marítimos, que se eleva a 10.000 millones de euros, 6 marineros asesinados y casi 500 secuestrados. Proponen medidas contra los bancos que blanquean dinero procedente de la piratería.

En las Islas Mauricio son frecuentes los barcos que practican la pesca sin permiso. Uno de ellos es el Dongwan coreano. Greenpeace ha solicitado a las autoridades de varios países que no permitan el atraque de estos pesqueros piratas, ni descarguen pescado procedente de aquellos.

En Ecuador, a causa de los frecuentes robos a los pescadores que operan en sus aguas, han dotado a la Isla de Puná con dos lanchas rápidas que navegan a 100/Km-hora, equipadas con GPS, cámaras de video y buen equipamiento de comunicaciones.

Empresas cazatesoros del Odyssey buscan en pecios conocidos. Contrataron a un investigador para que lograra información del Archivo General de Indias, en Sevilla, para que recopilara información de 1.500 naufragios de galeones españoles. Entre ellos los de la fragata Nª Sª de las Mercedes. La empresa buscatesoros Odyssey tuvo que devolver medio millón de monedas de oro y plata del barco militar español, hundido frente a las costas de Portugal, aunque no señalaron el lugar del naufragio. Según el Archivo de Indias el valor transportado por aquel navío era de un millón de pesos en plata.

El Cuerno de África es el principal foco mundial de la piratería

La piratería en el mundo del siglo XXI opera en distintas rutas marítimas: Golfo de Adén, ahora vigilado por buques de Irán que, incluso, pretende enviar barcos de guerra al Atlántico.

En el Cuerno de África, en especial en Somalia, hoy en día lo vigilan barcos de guerra de varios países. Los barcos civiles se han visto obligados a llevar su propia seguridad a bordo. El Golfo de Omán sigue por su intenso tráfico marítimo y riqueza de alguno de los países vecinos.

Una zona en expansión de la piratería corresponde al Golfo de Nigeria. La carga de los buques mercantes la envían a otras embarcaciones para comerciar con ella.

Los piratas tienen sus paraísos fiscales: colonias, islas muy conocidas como las Caimán, Vírgenes, Bermudas, del Canal de la Mancha, etc., dentro del entramado de ciertas entidades empresariales, domiciliadas en la City londinense, instituciones, empresas, bufetes de abogados, que coordinan estos paraísos fiscales.

Piratas contra pescadores en Maracaibo: roban las embarcaciones y los motores, con frecuencia relacionados con las drogas. Los pescadores denuncian la muerte de sus compañeros, a los que aten con cadenas o anclas y los sumergen en el agua.

La Operación Atalanta ha contado hasta con 10 buques de guerra en la zona de Somalia y los piratas han compensado la menor actuación en rescates, aumentando el importe de éstos. Hoy es raro un rescate inferior a 5 millones de dólares; antes con 4 millones se conformaban.

La piratería marítima ha costado 20.000 millones, dificulta el comercio y reduce el turismo, obliga a los barcos mercantes a llevar vigilancia privada armada y presencia de barcos de guerra y vigilancia aérea de los campamentos piratas, protegidos por la presencia de numerosos niños y mujeres, para evitar los ataques sobre ellos.

La falta de castigo motiva el incremento de la piratería

El Banco Mundial propone actuar contra los territorios piratas. La falta de castigo aumenta el crecimiento de poblados y campamentos piratas. En Yibuti, un avión español, P3 Orión, controla los campamentos en Somalia, vigila las embarcaciones y organiza las actuaciones contra aquellos. Este avión interviene de día y de noche, utiliza fotografías con infrarrojos para alertar a posibles objetivos, y a los siete buques de guerra de la Operación Atalanta. Con la detención de varias decenas de piratas han logrado disminuir considerablemente las actuaciones de aquellos.

En el Mar de China, un grupo de barcos rusos intervienen para aminorar la actuación de los piratas en la zona, demostrando su capacidad para atacar a la piratería, proteger a sus barcos mercantes y deportivos.

Cuando, en Bangladesh, varios pescadores se disponían a realizar sus faenas de pesca, fueron atacados por piratas que ataron a sus víctimas por los pies y las manos al capturarlos; sus cuerpos aparecieron flotando en el mar, días más tarde.

Esto es la piratería del siglo XXI, que no tiene nada de romántica.