Estamos en guerra, guerra hibrida en la cual -según finalidad última, fases y objetivos de cada fase- se utilizan todo tipo de métodos, procedimientos y medios. El propósito principal de este tipo de guerra es derrotar al enemigo evitando -a ser posible- el choque bélico directo convencional.

Para ello es esencial que la población enemiga no sepa que está en guerra. Por ello, se intenta conseguir la colaboración de los principales actores políticos y económicos del enemigo, con sus partidos y corporaciones e incluso la colaboración de la población enemiga en su propia destrucción.

Con respecto al mando operacional. En esta guerra hibrida si bien debe haber una máxima dirección, las operaciones requieren de un mando descentralizado que lleve a cabo acciones dispersas por todo el territorio enemigo con tiempo, velocidad, ritmo e intensidad distintos pero, en el fondo, todo coordinado por esa máxima dirección.

Las operaciones principales son las dirigidas a conseguir la colaboración activa consciente o inconsciente de gobiernos, partidos, sindicatos, corporaciones, compañías, medios de comunicación ya mediante el constante soborno o por captación. Conseguido esta cooperación se puede lograr el control de otras instituciones y medios como las policías y fuerzas armadas y de otras instituciones (judiciales, jurídicas, sanitarias…). De tal forma las actividades que la población recibe son todas las mismas, vengan de donde vengan. A esto se añaden los medios de comunicación captados que con sus mensajes refuerzan las maniobras y convencen a la población que todas las acciones son buenas. Además, en la mentalidad social queda impresa la idea de que no hay otra solución ni hay salida. Este último mensaje produce el efecto de destruir la esperanza. La falta de esperanza lleva a liquidar la oposición y destruir la resistencia.

El uso de estos medios, extendidos y constantes en el tiempo, legitiman la agresión presentándola como protección, auxilio y ayuda; haciendo que la población enemiga desee ser agredida y destruida.

En este contexto se van insertando otras acciones que refuerzan el deseo de la población de ser sometida para su destrucción. Por ejemplo, métodos tradicionales de guerra irregular como atentados terroristas. Esto se combina con la continua exposición de nuevas amenazas: de epidemias a catástrofes naturales pasando por la destrucción de recursos naturales, el incremento constante de los costos de los sistemas de suministros vitales (agua, electricidad, gas, red de alimentación, transportes, comunicaciones) costos que repercuten en la población, que queda sometida a un constante empobrecimiento. Esto va preparando el contexto para llevar a ese país y su sociedad a la paralización de los sistemas los de suministros vitales. Llegados a ese punto la sociedad, la masa de gente ya solo desea una solución, sea la que sea. La población desea ser sometida. En este punto la guerra está ganada.

Todo esto se realiza abiertamente u ocultamente según requieran las circunstancias, el momento y la fase de desarrollo bélico. El objetivo es crear, en la población, la mentalidad y cultura de la amenaza continua, lo que refuerza el deseo de protección que favorece el sometimiento.

Conclusión: la psicología y moral de la sociedad queda destruida y, con ello, todas las capacidades de resistencia. En este punto se ha conseguido la victoria y el atacante puede hacer lo que quiera con la población (matarla, encerrarla, pisotearla, violarla en todos los ámbitos (jurídicos, económicos, culturales…). Llegados a este punto el atacante puede permitir que el  enemigo siga existiendo en tanto en cuanto sirva para  su beneficio e intereses. O bien puede destruirlo totalmente haciéndolo, literalmente desaparecer.

A mi entender este es el esbozo de la situación en la que está España ¿A caso no hemos sido constantemente atacados por el terrorismo tradicional? ¿A caso no hubo un príncipe que después de arengar a las tropas para la lucha ordenó la retirada y entrega de territorio español a uno de nuestros enemigos? ¿A quién servía ese príncipe, jefe de estado en funciones? ¿A caso no hemos sido atacados con una plandemia? ¿A caso no hemos sido atacados en nuestras libertades y derechos fundamentales poniendo como escusa la plandemia? ¿A caso no hemos sufrido detención domiciliaria durante varios meses? ¿A caso no estamos sufriendo la destrucción de nuestra historia, cultura y raíces? ¿A caso los gobiernos, las fuerzas armadas, las policías, la judicatura, compañías y corporaciones, las instituciones políticas y económicas y sanitarias y medios de comunicación no están colaborando activamente en estos actos de destrucción?

Estas preguntas el lector puede contestarlas como le dé la gana pero mi respuesta personal es afirmativa. Por eso la situación de España es cada día que pasa más crítica.

Desde mi punto de vista: los estados de alarma sólo han servido para detener domiciliariamente al pueblo y amordazarlo. La presente Constitución masónica (que es el único ordenamiento que tenemos) está siendo continuamente vulnerada por todos aquellos que tienen el deber de cumplirla, hacerla cumplir y defenderla, y sufre un eclipse total. No hay ya en la práctica libertades ni derechos fundamentales, ni igualdad. Los principios más básicos sobre los que se ha sustentado nuestra patria han sido sustituidos por el odio y la fraternidad de los criminales. El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo ha sido sustituido por la tiranía. La integridad y defensa de nuestras fronteras ha sido eliminada y la unidad de la patria ha sido demolida. Y todo con pactos electorales, mesas de negociación y acuerdos internacionales firmados con nuestros enemigos y hechos contra nuestra patria. Y todo ello obedecido por los gobiernos y por aquellos que deberían defendernos de estos sátrapas. Y todo por la ilimitada apetencia de poder de la actual oligarquía política.

¿Es qué se puede consentir un día más esta vergonzosa situación? ¿Es qué podemos abandonar a España a los enemigos de nuestra Patria, con un proceder cobarde y traidor, entregándola sin lucha ni resistencia? ¿es que podemos cruzarnos de brazos ante la guerra sin cuartel que nos está haciendo la Sinagoga de Satanás de manos de los actuales explotadores de la política española?

Llegados a este punto de nuestro presente quedarse quietos y callados o esquivos es, para mí, traición. No podemos seguir mirando hacia otro lado.

A cuantos sentís el santo amor a España: ¡la Patria está en peligro!