Resulta sorprendente cómo en poco tiempo, en poquísimo, unos meses, ha sido blanqueada la figura pérfida de Joe Biden.
La OTAN, lidérela quién la lidere, nos dicen, es buena “per se”; es necesaria, es “democrática”, es imprescindible para frenar al gran enemigo del “mundo libre” llamado Rusia.
No soportan, las ladillas atlantistas, que la unipolaridad norteamericana se ha roto, y quieren restañarla a toda velocidad…

La OTAN, beatífica y santurrona, siempre es “magnánima”: no hizo una carnicería durante los 78 días de bombardeos sobre Serbia decretados por el socialista Javier Solana en marzo de 1999. ¡Es una “alianza defensiva” necesaria!
¡Claro! Por eso intervino en los Balcanes regalando armas a civiles que fueron canalizadas hacia los terroristas albanokosovares… ¡Para defender la democracia! Al igual que lo hizo en Libia; ya saben, cuando Barack Obama y Hillary Clinton planificaron el asesinato de Gadafi para, entre otras cosas, abortar el proyecto de Banca soberana que el líder libio manejaba. Crearon guerras civiles, caos total y millones de “refugiados” que asaltaron Europa. Pero la OTAN siempre lo hizo para llevar “la democracia”.

Hete aquí que todos respiramos ciertamente aliviados cuando un tipo llamado Donald Trump se envainó la espada de la guerra propia de sus predecesores y entendió que las aspiraciones defensivas de Rusia eran legítimas y había que respetarlas y no azuzar ninguna guerra ni siquiera en Siria, donde los EEUU de la bruja Hillary Clinton (entonces Secretaria de Estado bajo el mandato de Obama) engrasó a los terroristas de Daesh para tumbar al presidente sirio Bashar al Asad. Tuvo que ser Rusia quien blindara al legítimo presidente sirio y evitara que la mentira de que había “armas químicas de destrucción masiva” llevara de nuevo a un ataque ilegal como el de Irak en 2003 donde EEUU liquidó, en nombre de la democracia, a 500.000 niños.

Cuando el “Deep State” norteamericano logró poner a Biden en la Casa Blanca, pasaron pocas semanas y el nuevo presidente useño pronunció la sentencia: “Putin es un asesino”. Muchos de los patriotas antiglobalistas europeos hasta entonces fervientes “trumpistas”, que habían criticado a Biden con los peores calificativos, reconocido el pucherazo electoral e incluso simpatizado abiertamente con Vladimir Putin por sus políticas antiLGTB y conservadoras, pasaron a enmudecer, y de enmudecer pasaron a apoyar entusiastamente a la OTAN, a Biden y a un payaso profesional antes y durante su estancia en el gobierno ucraniano: Zelensky, que se permitió estigmatizar a empresas españolas ante el Congreso de los Diputados de España con todos los parlamentarios en pie, riéndole la gracia y aplaudiendo como focas.

Me importa un pito que Zelensky, durante su intervención ante el Parlamento de España, empleara la mentira panfletaria del bombardeo de Guernica, que luciera un discurso previamente pactado con la Moncloa, o que sea un cateto preocupado en hacer el juego a la leyenda negra antiespañola. Es un títere globalista y en ello le va el juego.
Lo que me hirió personalmente fue su nauseabundo discursito de ataque directo a tres empresas españolas, entre ellas Porcelanosa.  

Ningún código moral, ni de guerra, ni de derecho, ni de nada, sostiene que un actor extranjero tenga que dictar a empresas privadas españolas con quién pueden o no comerciar. Y ninguno de esos códigos obliga a esas empresas a convertirse en rameras acobardadas que peregrinan a la embajada de Ucrania para que les perdone la vida.

Por no hablar de las confiscaciones escandalosas, de los ultrajes a la propiedad privada, que supone el bloqueo de bienes pertenecientes a ciudadanos rusos calificados de “oligarcas” por ser millonarios y por ello merecedores -bendito “liberalismo”-, de la expropiación y la persecución. En un régimen “democrático” y de “derecho” como el nuestro, al parecer, siempre existen “excepciones” para suspender derechos y libertades teóricamente “fundamentales” y amparados “constitucionalmente”: antes era la pandemia, ahora es la guerra de Ucrania y los “oligarcas”, mañana será….

Y sigamos con la hipocresía generalizada. Todos los días desde hace semanas escuchamos paridas sobre las tropecientas sanciones de la Unión Europea al régimen de Putin y la importancia de vetar a las empresas en el comercio con Rusia. Los azulejos de Porcelanosa o los  pimientos del padrón destinados a los rusos de Siberia son, al parecer, un elemento de guerra peligroso contra los intereses de Occidente. Eso sí, los Estados europeos siguen comprando a Putin petróleo y gas a manos llenas; dejarán de comprarle carbón,¡este verano!...Con dos cojones.

Más hipocresía. Joe Biden ya no es ese desorejado senil que robó unas elecciones; es el líder del mundo libre con capacidad de dar bula al mismísimo Nicolás Maduro. Al que, por cierto, acaba de convertir, de nuevo, en el gran actor comercial internacional al que dará los créditos necesarios para que Venezuela pase a producir los 2 millones de barriles de crudo diarios y deje atrás las sanciones puestas por Donald Trump que le convertían en una nación paria.

Es viejo, parece que muy sobón y maligno, pero no tonto…Biden se asegura la alianza useño-venezolana, blanquea al genocida que expulsó de sus hogares a 5 millones de venezolanos, y para postre ya está suministrando a España un 42 por cien del gas que consume nuestro país, cuando hace un año suministraba un 9 por cien. Lo hace a través de buques metaneros y el gas, naturalmente, es mucho más caro para los españoles que el obtenido a través del gasoducto conectado con Argelia, proveedor que ya anunciado que atracará los bolsillos de España como respuesta a la gracieta de Pedro Sánchez reconociendo la soberanía marroquí sobre el Sáhara occidental.

Los agricultores y ganaderos españoles, desde que las sanciones están en marcha, ya han perdido más de 4000 millones de euros. Y entre tanta ponzoña y tanta hipocresía no se ha planteado por NINGUNA fuerza política, la neutralidad de España en el conflicto ucraniano; neutralidad que tan bien nos vino en conflictos como la I y II guerras mundiales.

Tampoco se planteó no aplaudir al payaso de Zelensky cuando señalaba a empresas españoles y con ello arruinaba la carrera y los empleos de centenares de españoles. No se ha planteado abrir un debate sobre la conveniencia de la pertenencia de España a una alianza matonil, no defensiva y mero brazo ejecutor de la política exterior americana llamado  OTAN. No se ha planteado en el debate público que se puede ser solidario con los ucranianos que sufren y brindarles afecto como se está haciendo, pero en ningún caso rendir tributo ni sumisión a quiénes “parieron” esta guerra, la animaron y la desean mantener en el tiempo: Joe Biden, el títere Zelensky y la borregada occidental globalista que responde a toque de silbato del amo useño.