Llamativa ha sido la controversia relacionada con el salario de Guillermo Zapata, el concejal del Ayuntamiento de Madrid que ya fue protagonista de una fuerte polémica causada por unos chistes que divulgó a través de su cuenta de Twitter. El edil ha abandonado Podemos por preferir quedarse con su sueldo íntegro antes que continuar en la formación donando a la misma una parte de su salario. Una conducta similar ha sido la ejecutada por otros seis concejales del mismo partido, que van a ser sancionados por el incumplimiento de los estatutos.

El planteamiento de la medida que se fijó por los dirigentes de Podemos en sus estatutos para que todos los militantes que ocuparan cargos públicos gracias a la formación tuvieran que donar una porción de su sueldo resultó muy interesante cuando se elaboró por distintas razones. Por un lado, el partido consiguió facilitar su financiación y, por otro, podía lograr demostrar que los dirigentes de Podemos no son como los demás.

El problema es que, habiéndose llegado a la hora de la verdad, muchos han probado las mieles del poder público y de la obtención de salarios públicos por realizar tareas que requieren esfuerzos mínimos. Presentado el dilema, no son pocos los que comprenden las ventajas que tiene ser de la casta y los beneficios que eso reporta.

Guillermo Zapata, tras estudiar brevemente la legislación y la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, que no le vinculan por su cargo a Podemos, debió tenerlo muy claro, aunque es probable que no llegara a revisar las leyes o alguna sentencia, pues debe sentirse más cómodo entre guiones. Debe haber pensado que lo suyo es suyo y que a él sólo les corresponde un salario que, sin Podemos, no habría llegado a disfrutar.

Fácil es no donar parte del sueldo si se sabe que, próximamente, se va a salir de la política, principalmente, por falta de apoyos. En esa situación está Guillermo Zapata, que no habrá necesitado mucho esfuerzo para deducir que le queda poco tiempo para dejar de ser concejal. Sin embargo, no habría que descartar que, en un futuro no muy lejano, algunos amigos de su antiguo partido le acaben ayudando, aunque eso pueda afectar a la credibilidad de la formación.