Yolanda Díaz, Antonio Garamendi y los sindicatos de las putas y la coca. Estos son los actores principales urdidores de la tan cacareada “Reforma laboral” que, según anunció la Yoli, va a llevar a los obreros de España a tocar el Olimpo de la justicia social.

Que haya quiénes vean en semejantes espantajos a los adalides de un propósito reformista y obrerista incita al sonrojo y a la lástima. No es para menos…

Una cursi ministra de opereta, comunista de papel cuché, ataviada de Louis Vuitton y bendecida por el inefable Bergoglio en sede papal. Afanosa, se reúne con las pléyades de la hoz y el martillo para cantar la Internacional en las asambleas comunistas de su partido, el de los 100 millones de muertos.

El otro es el llamado “representante de la patronal”. Un ejecutivo endiosado que vive del linaje de su apellido y su patrimonio familiar, que calienta sillones ejecutivos, que jamás pegó palo al agua y que cobra su nómina de la CEOE ergo de las subvenciones de todos los españoles: Antonio Garamendi. Un defensor, recordémoslo, del indulto a los golpistas catalanes suscrito por su majestad Felipe VI, el irradiador del globalista, hermético y masónico discurso de esta pasada Nochebuena.

Los representantes de UGT y CCOO. Sobran los comentarios. Son los vende obreros pegados a las ubres de los prostíbulos y la coca en Andalucía, antaño a las Visa Black, defensores de la liquidación del idioma español en Cataluña y unas termitas del Presupuesto Público burocratizadas y expoliadoras del dinero de los españoles.

Estos tiparracos han escenificado el trampantojo de una reforma laboral que pretendía abatir la aprobada por Mariano Rajoy en 2012; ésa que generaliza el despido a 20 días, impone la precariedad masiva de los contratos basura y devalúa los salarios.
Así vendió Yolanda Díaz su reforma: “la derogación”, decía, de la reforma antisocial del PP.

Y esto, finalmente, es lo que ha parido Yolanda, la ministra Vuitton, junto a la llorona Garamendi y los sindicatos del langostino y el Rolex: la nada, la cosmética, el humo, que nada cambie, que el obrero sea moneda de cambio mercantilista, que el empleo no tenga redaños de dignidad y sea un producto desprovisto de futuro y valor.  

Engañar a los obreros no es algo nuevo: llevan haciéndolo desde 1978. Desde que parieron un “Estatuto de los Trabajadores” en 1980 que permitió destruir el empleo fijo y protegido propio de las leyes laborales del franquismo. El módulo para la fijación de la indemnización por despido improcedente pasó de los 60 días estipulados en las leyes franquistas, a 45. Del mismo modo se creó, en 1984, con la reforma laboral socialista, la contratación temporal como tal legalizada, exterminando el contrato laboral blindado y estable propio del régimen franquista. Este recorrido de pulverización de derechos laborales ha seguido hasta el día de hoy.

¿Cómo comparar el anhelo de justicia social traducido en las pagas sobre beneficios empresariales, en los “puntos” por cargas familiares, o en los pluses salariales que Francisco Franco otorgaba a los trabajadores con la mentira perversa, recortadora de derechos, de todos los gobiernos sumisos a la horda liberal capitalista desde 1977?

¿Cómo comparar a los “enlaces sindicales” y al Sindicato vertical basados en la unidad y convergencia del capital y el trabajo, en la representación de obreros y empresarios, con la componenda, el pasteleo, la corrupción ladrona que encarnan la “CEOE” llamada “patronal” y los sindicatos UGT CCOO amigos de golpistas catalanes y de la Agenda 2030?

¿Cómo comparar al ejemplar ministro de Trabajo José Antonio Girón de Velasco, el Fuero del Trabajo de 1938, la ley de subsidios familiares, las pagas extraordinarias o la creación de la Seguridad Social, con la ministra Yoli “Vuitton”, del caviar, los tirabuzones y la hoz…y el “Martini”? ¿Cómo comparar a quién capitaneó a sus milicias en el Alto de los Leones contra el comunismo, fue un falangista de primera hora y alzó las primeras Universidades Laborales para los hijos de los trabajadores de España con la llorona Garamendi, la pija progre Yolanda y los vividores vagos de UGT y CCOO?

Bajo el régimen de Francisco Franco hubo reformas laborales y hubo justicia social; hubo “camisas azules” que hicieron de los españoles humildes y los desfavorecidos el objeto de la acción protectora del Estado.

Bajo las élites de derechas e izquierdas de la democracia trucada de 1978, sometida a la agenda mundialista y convertida en protectorado de la Unión Europea, no hay reformas laborales, ni hay leyes justas ni hay dignidad del obrero: hay pura esclavitud liberal, consumista y depredadora. Hay una nomenclatura política, sindical y empresarial de golfos viviendo sobre los hombros del “precariado”; esa nueva clase social, cada vez más mayoritaria, y que se forma sobre los escombros de la clase media. Clase media que los falangistas y sus leyes habían sembrado en el solar de nuestra Patria mientras plagaban el mismo de viviendas sociales, universidades laborales y pagas extraordinarias.  Clase media que hoy desaparece.

¿Y nos hablan de “reformas laborales”?

Malditos.