Esta frase está vinculada a la esperanza que dicen es lo último que se pierde. Es una de las tres virtudes teologales, que se nombran: fe, esperanza y caridad. En la teología católica, así se llaman, virtudes teologales o virtudes teológicas para indicar los hábitos que Dios infunde en la inteligencia y en la voluntad del hombre para ordenar sus acciones.

El título de este escrito no es original de un servidor, si no del editor de este  periódico, Álvaro Romero, el que, al escribirle ayer un Whatsapp diciendo, "hoy no te puedo enviar nada; mañana será otro día", me contesta: "Un nuevo amanecer".

Ante toda sugerencia, ruego o mandato, y como obedecer es amar, aquí va un título válido bajo el cual no se me ocurre nada coherente que escribir. Pero, ¿qué es la nada? En la nada solo existe la misericordia de Dios, que es el último hálito de esperanza para el desahuciado de la vida. Los hay que, viviendo bajo el puente están amparados sólo por esa protección del Altísimo, lo que prueba además de su omnipotencia, su existencia. Servidor cree que la muerte no es el final, porque la esperanza es infinita como ese ser superior que rige el universo. A servidor lo asesinaran por tal idea, como ya se probó que hacen los que reniegan de Dios, del prójimo y de sí mismos, y que no quiero ni nombrarlos, por lo desagradables que resultan. ¡Aparta de mí ese cáliz! Qué manera más fácil de engañar con las palabras sobre todo cuando la mentira es la base de todas sus acciones. 

El nuevo amanecer es la vida detrás de la muerte, o el paso puntual por este mundo tan imperfecto. Es una expresión bonita y como todo lo bello es el reflejo de otro mundo superior y perfecto. He aquí también el valor de las palabras y que no nos las dieron por casualidad. No, para hacer el mal.

La peor aberración que comete el hombre es el erigirse y creerse Dios, y todo lo hace con las palabras. Esto se está dando habitualmente en la política, que es la que más daño hace, adonde vemos en las palabras la mentira y la soberbia de los que las mercadean. ¿Qué bueno puede salir de ahí? A las pruebas me remito. La soberbia suele estar llena de ignorancia y estupidez, esa enfermedad social tan aceptada como el comer todos los días. 

Hoy amaneció el día sospechoso, digo brumoso, poco claro, cual si reflejara el porvenir y que ya fue como ayer, y anunció la luna llena anoche, primero con apariencia ensangrentada y pronto brumosa y casi incapaz de distinguir la luz difusa que ella producía, de la sombra que provocaba en los objetos terrestres. Una luna llena que parecía medio vacía. Creo que es la mejor metáfora del tiempo que nos espera. Los castigos del hombre obedecen a sus pecados. El primero esa soberbia de erigirse en Dios y actuar como tal.

Como la humildad es patrimonio de los sabios, ahí vemos por quienes estamos gobernados y los consecuentes resultados; hasta llegar a la gran estupidez de qué unos maten a otros, porque sí. Ya mayor crimen no hay, con lo que la criminalidad del hombre es el pan nuestro de cada día que muestra el gran error bajo el que nos hacen vivir. Vivimos desollándonos a diario de las mil y una manera que son las noches presentes, ciegos y con los ojos vendados. Con la ceguera voluntaria de muchos, los que peor lo hacen, al no desprenderse de su voluntad pecaminosa.

Esto de rajar es un producto nacional de patente hispana. No hay quien se sustraiga a ese modo de desuello. Luego viene la ironía de que el que mata es tan bueno como el que tiene por la pata. Sólo los Santos no participan en tal aquelarre o sangría humana que parece la del cerdo llevado al banco del sacrifico, entre grandes gruñidos y sujetado por las patas mientras el matanchín le clava el puñal en el corazón para sangrarlo, cuya sangre baten las mujeres en un recipiente para recogerla. Los gruñidos son aterradores, y el escándalo que forma el cerdo al morir, no tiene parangón; me dejó traumatizado la primera vez que lo contemplé en la niñez. Escandaliza al pueblo entero y al de al lado. El día el gocho, nombrado así por las matanzas, era como un nuevo amanecer, otoñal, allá por san Martín. Para muchos era un día de los más importantes del año. "A todo gochino le llega su Sanmartino".

Hay muchos trabajos, sobre todo intelectuales, que llevan el título del nuevo amanecer, porque es una expresión de esperanza. Indica también que lo estamos pasando mal cuando deseamos otra realidad mejor. Cuando pensamos como el poeta que, cualquier tiempo pasado fue mejor.

Un nuevo amanecer solo lo tienen hoy los malos: el comunismo, o el islamismo, cuyo avance en el mundo estremece el pensamiento. A nosotros, los regulares, que no somos ni buenos ni malos, solo nos asiste la última esperanza que es también una virtud.

No lo estamos pasando nada bien, visto así, aparte de que este mundo no nos gusta, quizá también porque la estancia terrenal se ha trastocado en el bosque que atravesamos y no adivinamos el precipicio final e invisible, que tan seguro tenemos. Presos por la impotencia, desarrapados en la moral, ya sólo nos queda la misericordia de Dios.