Sr. Director:

    Nadie siente algo de lo que no forma parte. Siendo así que hoy la inmensa mayoría de los españoles no sienten a las Fuerzas Armadas como algo suyo; suyo, porque, aunque puede que un día ya lejano en el  tiempo, formó en sus filas. Es natural que importe poco que caiga algún militar, pongamos que en Libia, que como contribución al Nuevo Orden Internacional impone la OTAN, la ONU y un día puede que UNICEF, ¡Qué no hubiera ido!, he oído decir. Y si encima la UME no quita la nieve de las calles, ¡apaga y vámonos! 

    Con evidente intención se decía que durante el llamado franquismo las Fuerzas Armadas eran un cuerpo social autónomo, metido en sí mismo y con poca relación con la sociedad civil. Nada más lejos de la realidad. Las Fuerzas Armadas eran el “pueblo en armas”, (Presenten… ¡Ar!) porque todo varón estaba llamado a servir a la Patria con las armas. Hoy, por el contrario, la visión que se tiene de ellas (Tierra, Mar y Aire) es que son un cuerpo de funcionarios del Estado bien pagados, que no hacen mucho y que aburridos se apuntan a misiones internacionales para ganar pasta. Por eso cada vez más españoles son partidarios de reducir la tropa. O que se dediquen todos apagar incendios y quitar nieve.

    Sera curioso que un día veamos junta a una ministra de Defensa (que parece que es el cargo que los gobiernos de izquierda dan a las mujeres, seguro que con toda intención y para mayor escarnio) a una mujer JEMAD (al mando de la estructura operativa de las Fuerzas Armadas y al mando del Estado Mayor de la Defensa). Ese día nos preguntaremos, no sin sorna: Y de la testosterona para el combate… ¿Qué? ¡Con lo guapas que eran las enfermeras militares!