Cateto el del "proponido", como la obtusa de la "expertitud" poyato, no me causan risa, me provocan asco. Éste es el percal de una piara de dementes y analfabetos, arruinando a millones y hocicando como cerdos. 

 
En este desgobierno de patanes y  alimañas compiten por ser el más  gilipollas. Como Alberto Garzón,  jeta que exhibe sin vergüenza con la poltrona regalada. El muy listo capitalista, afiliado al partido comunista, alaba la Cuba mísera de Castro y presume de camiseta Che Guevara. Luego se descubre al ventajista tonto del haba, lo que da más rabia, como ministro de Consumo liándola parda. Pues si el seboso colocado, por el morro, atacó la industria del azúcar, no se le ocurre al mamón que declarar la guerra al aceite y al jamón como comida basura. ¿Qué mala grasa llevará en la tripa este tipejo para atacar a los que duro trabajan? Vago, maleante. Y cabe preguntarse, como con la Montero, ¿qué complejos arrastra el parásito para cargarse a España y, a diferencia de ellos, los trabajadores? ¿A qué esa fijación totalitaria para imponer austeridad y dieta comunista? Vida fácil la del repulsivo caradura que se carga la Agricultura y lo que tercie. 
 
Es lo que tiene lo ocioso convertido en cargo, la fanática ocurrencia del idiota de turno subidos los humos en coche oficial. El agujero por cara le llega hasta el cerebro: hueco. 
  
No es que luzca esbelta figura, como Echenique, que tampoco la gordura, pero cae gordo el Garzón con un ministerio inútil, por tanto a su medida. Con antecedentes de rojo era normal que se convirtiera en bolivariano, compartiendo las mismas codicias del marqués de Galapagar y la consorte de Igual-da, viviendo de prestado. 
 
Cortado del mismo patrón que los vagos y miserables venidos a más, presume el inútil Garzón de ministerio, cuando al trepa se le ha perdido el respeto. ¿Ministro? Lo llaman mamarracho. Es que no ayuda tener un hermano tonto, otro colocado, bobo y ocurrente, que sale a relucir la ignorancia en cuanto abre la boca. Que se arregla la economía imprimiendo billetes, los que se agencian del recurso público los repulsivos mozalbetes. Unidas Podemos, a cada cuál lo suyo, fábrica de estupideces, cuando dicen que han pensado tiembla lo decente. 
 
Colocados a dedo, sufragados y con mala leche, encima, el Garzón ministro y el otro tonto de familia viven de mamandurrias mientras al país empobrecen. Inútiles al poder con puestos que desmerecen, a ver si no qué hacer si el primer parásito de La Moncloa vive del cuento y se lo aplica. El Falcon uno, y el coche oficial, de los otros, son placeres capitalistas para estos de la siniestra... y la culpa de los "fascistas". 
 
Tontos, demasiado tontos; listos demasiado listos, los Garzón son como un cojón, colgados pero provistos. Los lumbreras paralizan la producción y penalizan el consumo, destruyen al empresario y se llenan los bolsillos. Menuda pandilla de inexpertos cabecillas, ni el ridículo ministro ni los podemitas merecen una miga del sacrificio de España entregado a mierdecillas. 
 
El gordo Garzón pesa lo que su suerte, ser de izquierda hundida era lo de menos si como podemita en el gobierno trinca. Se viola la Constitución como el juramento, lo que prima es la gorda posadera en el ministerio y proclamar la revolución. La monarquía es un problema para robar, justicia social del trinque y si no las calles para reventar. Instigando la violencia no se calla. 
 
El jamón no es la basura,  Garzón; recíclate, ponte a trabajar, gánate la vida honradamente, si puedes por una vez, canalla.