En 1547 las victoriosas tropas imperiales de Carlos I de España y V de Alemania derrotaron a los príncipes protestantes en la batalla de Mühlberg. Finalizado el combate, el ejército imperial encontró la tumba de Lutero y algunos exaltados le pidieron al Emperador que sacase al hereje de su tumba, su respuesta fue: “Dejadlo reposar, que ya encontró su Juez. Yo hago la guerra a los vivos, no a los muertos”. La actitud de Carlos I fue la de un hombre de honor, solo un miserable habría profanado la tumba de un enemigo muerto.

Pero ya no vivimos en esa época y se nos dice que conceptos como el honor o la patria son cosas trasnochadas, cosas de fachas, cosas que, si acaso, solo deben existir en los cuarteles. Y lo cierto es que vivimos en un mundo donde cada vez hay más miserables y donde su infamia es incluso motivo de elogio. No hace ni un mes, el pasado 10 de febrero, se celebraba en Italia el “Día del Recuerdo”, un día de conmemoración para todas las víctimas italianas de la masacre de las foibe, los miles de italianos asesinados durante y después de la Segunda Guerra Mundial por los partisanos comunistas del mariscal Tito. Sin embargo, este crimen contra su propio pueblo no conmueve a la izquierda antifascista italiana y este sábado la ciudad de Génova amanecía llena de carteles y adhesivos firmados por el colectivo “Génova Antifascista” con el mensaje “No foibe, no party” (no hay foibe, no hay fiesta).

La Unione degli Istriani (Unión de Istrianos), una asociación fundada a finales de 1954 y una de las que aglutina a los descendientes del éxodo istriano-dálmata (limpieza étnica en la que se expulsó de sus tierras y hogares a unos 300.000-350.000 italianos), ha denunciado esta nueva campaña de odio de la extrema izquierda italiana. “En la capital de Liguria han aparecido carteles con un mensaje claro e indignante sobre nuestra tragedia. ‘No foibe, no party’, se lee en los carteles con una estrella roja y firmados por ‘Génova Antifascista’, que han molestado e indignado a muchos de nosotros. Como siempre, cuando se trata de ofensas en perjuicio de nuestros trágicos acontecimientos, la ley es magnánima, hasta el punto de que esta iniciativa no constituye un delito”. La asociación también ha destacado el doble rasero que existe en estos casos y que unas víctimas no valen lo mismo que otras.

El presidente de la Unión, Massimiliano Lacota, señaló que “se trata de una iniciativa que, en contra de quienes la minimizan, debe ser denunciada y cuya condena debe ser consensuada por todas las instituciones regionales, así como por las fuerzas políticas. Después, sabemos muy bien que quedará impune, aunque los autores materiales lo reivindiquen, porque en nuestro país se puede ofender a nuestros dramas libremente, sin cometer ningún delito. Y es precisamente sobre este punto sobre el que hay que hacer una seria reflexión”.

Desgraciadamente, una buena parte de la clase política italiana parece no haber reflexionado sobre su propio pasado. Las únicas reacciones políticas han venido de la derecha. La madre de los imbéciles está siempre embarazada”, afirmó el líder del partido regional de centroderecha (ex Forza Italia) “Cambiemos”, Angelo Vaccarezza, “pero es necesario enseñar a nuestros hijos, ya que la escuela a menudo no lo hace, que no hay muertes de primera y segunda clase, que es vergonzoso insultar a los que han sido asesinados por el único delito de ser italianos”. La campaña ha sido también denunciada por Hermanos de Italia y La Liga de Salvini, Alessio Plana añadió que “75 años después todavía hay quienes menosprecian o niegan la tragedia de las foibe. Miles de hombres, mujeres y niños asesinados por los partisanos de Tito solo porque eran italianos. Los carteles y pegatinas publicadas por ‘Antifa’ solo fomentan el odio, causan indignación y una vergüenza inaceptable. Sin embargo, el silencio de la izquierda en este episodio tan grave es aún más vergonzoso”.

Así es, la izquierda calla ante estas campañas de odio. Desde la izquierda italiana, que en un primer momento reconoció su error por haber silenciado durante años los crímenes de las foibe, se han defendido toda clase de teorías para negar, minimizar e incluso justificar las matanzas cometidas por los partisanos de Tito. Los comunistas empezaron reconociendo los “errores” en la lucha antifascista para en menos de un año denunciar que el Día del Recuerdo solo pretendía criminalizar el antifascismo. Las campañas de la extrema izquierda han sido mucho más agresivas y han incluido la vandalización de las placas y calles dedicados a las víctimas de las foibe. Ni siquiera han respetado los monumentos o las lapidas, como la de Norma Cossetto, que se negó a colaborar con los partisanos y fue violada, torturada y arrojada viva a una fosa. Los miserables que se envuelven en la capa del antifascismo no respetan ni a los muertos. 

La miserable campaña de los antifas no tendrá ninguna consecuencia para sus autores porque para ellos no existe el delito de odio. No serán denunciados por la inmensa mayoría de los medios de comunicación, seguirán siendo los “buenos”, los defensores de la libertad y los luchadores contra el fascismo. Tampoco perderán el beneplácito de la izquierda “moderada”, que seguirá mirando con simpatía a estos “jóvenes rebeldes”. Ahora imaginemos por un momento que todas estas campañas de odio estuviesen dirigidas a las víctimas de los nazis o a los italianos asesinados en las fosas ardeatinas por los alemanes. Los responsables serían encontrados y juzgados, sus organizaciones ilegalizadas, los medios escribirían ríos de tinta para denunciarlos, serían portada en medios nacionales e internacionales, y no se toleraría el silencio de ningún partido político.  Pero no, las víctimas de las foibe fueron asesinadas por los comunistas, en eso reside su culpa. Son víctimas incómodas para ese relato imaginario de lo políticamente correcto y del mito antifascista. Hasta que no acabemos con ese relato, las víctimas de las foibe seguirán siendo víctimas de segunda clase.