Nuestro director Eduardo García Serrano, ya aludió ayer magistralmente a la abominable blasfemia de la vicealcaldesa socialista Sandra Gómez que repugna y escandaliza a muchos creyentes con su diabólica burla a un hecho tan sagrado y algo tan digno de defender como la pureza y el buen nombre de nuestra Madre, María Santísima.

España debe ser un clamor pidiendo la dimensión de esta indigna representante pública por su execrable y repulsiva blasfemia en unas fechas tan señaladas.

Esto no se puede tolerar más, estas tipejas, mal llamadas feminazis, muy crecidas tras criminalizar y denigrar al varón con el beneplácito y apoyo del Ministerio de Igualdad, con el dinero de todos los españoles, se permiten el lujo de blasfemar contra lo más sagrado. España, Tierra de María Santísima, no merece que politicastras de tres al cuarto blasfemen ocupando un cargo público.

Por eso, el día posterior a los Santos Inocentes, cuya sangre angelical derramó herodes como la de millones de niños abortados en todo el mundo, sangre de la que hace bandera el feminismo, quiero hablar de la blasfemia y de su gravedad para que esta tipa medite la gran responsabilidad que tendrá el día del juicio si no se arrepiente públicamente y desagravia tan repugnante y ofensivo acto.

La Tradición de la Iglesia inmisericorde con el blasfemo no arrepentido

San Juan Crisóstomo afirma en las XXI Homilías de las estatuas I-12, p.28): “Si vieres a alguno que blasfema de Dios en la calle o en la plaza, acércate, repréndele: y si hay que aplicar (castigo) azotes, no rehúyas; abofetéale la cara, rómpele la boca, santifica tu mano con el golpe”.

Con la mentalidad irenista de nuestro siglo escandalizan estas palabras, tanto a los propios blasfemos, que están desatados y vomitan de su viperina boca todo tipo de ultrajes contra Dios y sus santos, como a los católicos light, que aunque saben que es algo monstruoso no tienen coraje para oponerse con contundencia a tales atropellos. Ya es hora de decir basta y parar los pies a los hijos de Satanás.

Hoy en día mucho se habla de los derechos del hombre, pero nadie habla de los derechos de Dios, porque Dios no está prácticamente presente en estas sociedad laicista. Ya es hora que los católicos nos pongamos firmes en defensa de sus derechos. Muy loable es la labor de Abogados Cristianos, que es la entidad que con más firmeza está actuando a este respecto.

Dios abomina todos los pecados; pero, especialmente, el de la blasfemia; porque, aunque todos ofenden a Dios, y ceden en deshonra del Señor, como dice el Apóstol: Per prævaricationem legis Deus inhonoras (Rom. II, 23), sin embargo, si bien los demás pecados le deshonran indirectamente, quebrantando su ley, la blasfemia le deshonra directamente, maldiciendo su santo nombre. Nihil ita exacerbat Deum, sicut quando nomen ejus blasphematur.

San Jerónimo nos enseña que cualquier otro pecado es leve, comparado con la blasfemia. Y aquí debemos advertir, que la blasfemia contra los santos y las cosas santas, como la Santa Misa, los sacramentos, los misterios, etc., son de la misma especie que las blasfemias contra Dios, que es la fuente de la santidad. 

Muchos blasfeman contra Dios, otros, como es el caso de la infame Sandra Gómez, han blasfemado contra la Santísima Virgen María, Madre de Dios, que tanto nos ama, y que siempre está rogando por nosotros: sin embargo, alguno de esos hombres malvados han sido castigados terriblemente por Dios. Refiere Surio (en el día 7 de agosto) que un impío blasfemó de la Virgen, y en seguida hirió con un puñal su santísima imagen que estaba en una iglesia; pero, al punto que salió de allí, cayó un rayo y le redujo a cenizas. El infame Nestorio, que había blasfemado también y movido a otros a blasfemar de María santísima, diciendo que no era verdadera Madre de Dios, murió desesperado con la lengua comida de gusanos.