Ruido. Ese sonido inarticulado, por lo general desagradable, molesto, perturbador que nos saca de quicio, que nos descoloca, nos desconecta del entorno y nos impide estar en contacto con la realidad, se está convirtiendo en el mantra político de moda.

Ese ruido reiterado, multiplicado una y otra vez, me recuerda la canción del grupo The Damned, Noise, Noise, Noise (Ruido, Ruido, Ruido) publicada en 1979 y que dice así:

Su ruido hace que el mundo gire

No puedo sobrevivir sin ese sonido

Sin embargo, El sonido me atormenta

Ese tormento es al fin y al cabo el sonido de fondo del pleito, la discordia y el enfrentamiento constante y cada vez más intenso en la política española. Este mantra discursivo que señala al opositor ya lo tenemos aquí y es usado sin reparo, sobre todo, por los principales referentes del PSOE.

El pasado domingo en un acto electoral en Andalucía, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha llamado a sus partidarios a no caer en la trampa del PP y Vox que tratan de abrumar a España con ruido y crispación.

En ese discurso agregó: “La derecha y la ultraderecha lo que hacen es meter mucho ruido, mucho ruido. Tienen que meter mucho ruido para que la gente no se entere de que votan en contra de la revalorización de las pensiones o que no quieren que el salario mínimo interprofesional suba a 1000 euros. (…) Lo que hacen es meter mucho ruido. Tratan de abrumar a la España progresista. Frente a su ruido, descalificaciones y sus insultos, la realidad de nuestras políticas, porque nosotros estamos ayudando a que la gente tenga un poquito mejor su día a día.

Ruido, ruido, ruido… la actual palabra comodín utilizada machaconamente, sintetiza, encasilla, y encapsula a la voz disidente, cualquiera que ella sea, de cualquier grado, con cualquier intensidad.

Ruido es incluso el discurso del PP centrado, moderado, en sintonía con los mismos mantras de la izquierda, del sanchismo y la corrección política, acorde con el discurso único de las elites. Sí, también la moderación es ruido. Pero, sobre todo, ruido es el discurso patriótico, social, y nacional de VOX. Ruido es todo lo que se atreva a cuestionar el rumbo del gobierno, sus postulados ideológicos y sus mantras, su modelo de sociedad desarticulada y los efectos que ello provoca.

No es casual que el lunes pasado también la diputada y vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, afirmó en un acto de su partido que las críticas al gobierno son parte de “una estrategia planificada”, acusando al PP de “poner en riesgo las instituciones, provocando crispación para intentar opacar con sus mentiras, falsedades y ruido la acción del Gobierno. La misma estrategia de crispación, insolvencia y mentiras de siempre”.

Y continuó: “Gobernamos para transformar España y hoy hay más españoles trabajando que cuando el PP gobernaba, y tienen más estabilidad laboral, más salario y más derechos que entonces. Esa es la senda que hemos seguido y que seguiremos durante el año y medio que nos queda en el Gobierno”. (…) “Dijimos que, frente al discurso de la derecha que nos obligaba a elegir entre derechos o empleo, era posible crear empleo y crear derechos y lo cumplimos

Lastra agregó en su Twitter: “Feijóo tiene una estrategia planificada: generar ruido, poner en riesgo las instituciones, provocar crispación para intentar opacar con sus mentiras y ruido, la acción del Gobierno. También tiene un asombroso desconocimiento de la realidad económica y social.” Ruido, ruido, ruido… y el ruido también no deja de ser una mentira.

Esa interferencia que afecta a un proceso de comunicación, ese sonido, continuo y uniforme, que subyace en el entorno, impide que un mensaje emitido llegue correctamente y sea entendido por el receptor. Cuando eso pasa, ¡touché!... conseguimos lo que queríamos, anular el entendimiento y la razón bloqueando ese circuito básico de lo que es la comunicación humana.

Ruido también es usar frases vacías, duras, lisonjeras. Ruido es la pedantería, el hablar en exceso sin decir nada, echar balones fuera, cambiar de tema, monopolizar el discurso, manipular el sentido. Ruido también es interrumpir constantemente a tu interlocutor, mentir, tergiversar. Ruido es disfrazar el marasmo social en el que nos han metido y que ello parezca positivo, negar la realidad enmascarando el fracaso mostrándolo como un logro…

Ruido también es hablar de “tontopollas”, escandalizarse por los atardeceres de Finisterre, usar frases ingeniosas en un debate electoral apelando a Frankenstein o El Exorcista, usar los comodines del terrorismo machista, la xenofobia o el racismo… Y estos últimos ruidos los tenemos como ejemplo solo en las últimas horas…

Esta instrumentalización política es frecuente y no debe sorprendernos. Lo que sí debemos hacer es saber detectar el truco, neutralizarlo, y sobrevivir como dice la canción de The Damned con ese ruido, ruido, ruido…