El Aeropuerto de Barajas en Madrid es multifuncional para el doctor cum fraude: cuando no es escenario de pactos secretos con Venezuela, se convierte en arma para debilitar a Isabel Díaz Ayuso convirtiéndolo en un coladero de infección para culparla de repuntes en los contagios. Usan muertos, acaso asesinados, como se ríen de los vivos. A poco que se supiera lo que se esconde tras la misteriosa visita de la vicepresidente chavista y la intencionalidad del flujo de turistas sin medidas de prevención adicionales, el Aeropuerto de Adolfo Suárez podría suponer la tumba del secuestrador del Gobierno de España. Por lo pronto Marlaska debe ser arrojado  a la del descrédito después de la última sentencia judicial que ha dejado en evidencia su sectarismo injustificable contra el coronel Pérez de los Cobos, entre tantas decisiones arbitrarias y militares perjudicados por cumplir con su trabajo impecable. 

 

Enterrar definitivamente al mayor y más destructivo fraude en democracia Sánchez y sus esbirros sospechosos de múltiples delitos ocultos tras el pretexto pandémico. Claro que para ese supuesto de autodefensa nacional habría que remontarse a los años de la dignidad cuando la Justicia no estaba intoxicada, el periodismo no era comprado, las instituciones funcionaban con lealtad y no se atacaba al Jefe del Estado. Mucho suponer con la ponzoña sanchista enajenando la normal convivencia y prostituyendo cuanto se le antoja con dinero público. 

 

El conseguidor de asuntos sucios, José Luis Ábalos, deja profundas huellas en el fétido lodazal del que se suponía un sigilo sanchista. El de Fomento no cesa de acumular tantos desaguisados que igual en una de éstas lo echan a los pies de los caballos para que la Plus Ultra, u otro futurible asunto turbio, le pase también por encima. Por indiscreto y chapucero pues en las contradicciones, cuando argumenta sus embustes, se ahonda más en la sospecha de que es mandado especialmente para todo lo que debe mantenerse en secreto. Más le vale a este desgobierno criminal que no se conozca la verdadera relación con lo bolivariano, al parecer atendido en exclusiva por el ministro con cara de facineroso. 

 

Atando la innegable lógica de los cabos se llegaría a la conclusión de que su protagonismo en el Delcygate fue solo uno de los capítulos de una corrupción encadenada, al que añade otro el reciente rescate de la aerolínea bolivariana con disfraz español. 

 

¿Los que restan por escribir relatarán los compromisos adquiridos con Maduro para bolivarizar España, punto y seguido con Soros para arruinarla por traicioneros intereses de especulación? La realidad supera a la ficción. Faltaría averiguar si lo sucedido en Barajas es lo que ha quedado escrito al descubierto, cuando la historia oculta supone una trama más extensa que la conocida. La sucesión de acontecimientos en torno a la influencia de Maduro sugiere que habrá más evidencias que expliquen la presencia del comunismo, con minoritaria representación parlamentaria, en la formación de gobierno. 

 

Es más, si se descubriera la importancia de la intención y el objetivo de la tamaña operación de corruptela con vínculos a Venezuela, Pedro Sánchez saldría con grilletes y el resto de los ministros detrás como cómplices necesarios. El Delcygate es la evidencia, toscamente disimulada, de la intervención bolivariana incluso para que desde La Moncloa se abrieran las puertas a los "agentes" de Maduro que ocuparon, tales fueron las exigencias inspiradas por las maletas de Barajas, vicepresidencia y ministerios con exagerados presupuestos para fomentar el carácter totalitario de la coalición social comunista.¿Qué significado si no tendría la trama? Comprar voluntades pasaba por preacuerdos y objetivos cumplidos, servicios prestados que hicieron posible la presidencia. A cambio un reparto de poderes en la órbita venezolana que representan las mermadas filas de lo podemita. Con la cercanía de la Elecciones de La Comunidad de Madrid,¿ deberíamos confiarnos en la normalidad democrática con la trama de fraudes electorales que ha desplegado el chavismo a nivel mundial? Dados los antecedentes deberíamos recelar de la "casualidad" de los pagos a través de camufladas operaciones de rescate financiero. Si pensamos mal, Soros incluido, seguro que en alguna acertamos y de manera crucial para evitar problemas en el futuro.

 

La envergadura de la sospecha delictiva es proporcional a las riesgos asumidos para mantener una farsa basada en la corrupción internacional que implicaría hasta la alta traición. El embudo se estrecha a medida en que los cabos sueltos de los pútridos entresijos monclovitas quedan sin atar. A Pedro Sánchez solo le resta la huida hacia adelante en tanto no despierte la España cobarde que se presta a tomarse como rehén; la represión de la ciudadanía convertida en potencial delincuente por rebelarse ante una farsa totalitaria. Luego volver a empezar con los orígenes del fraude electoral para reeditar la mentira de la selección democrática. El caso es perpetuarse para no caer en la desgracia de que, una vez descubiertos tantos sucios tejemanejes que incluso provocaron un genocidio, termine juzgado ya no en España, si hay redaños para poner orden, sino por tribunales internacionales. Así es el calibre de la sospecha delictiva que millones de españoles contenemos sobre las artimañas escondidas tras los muros monclovitas. El Delcygate no se olvida, origen de muchas maldades que soportamos con inexcusable paciencia.