Es obvio que los españoles aún no están por la labor de dar la concluyente alternativa a VOX, partido que, según se va acercando al poder va mostrando las costuras, para desesperanza de los españoles anhelantes del resurgir de su patria. He defendido a VOX y he ofrecido razonamientos para que sea votado, pero eso no impide que me halle envuelto en incertidumbres, y no porque hayan cambiado mis ideas, sino porque observo en él indigestas deficiencias.

Lo he escrito otras veces y no me importa repetirlo. Dos traseros no pueden acomodarse en una sola silla. En la actualidad, VOX y el PP no suman. Y si llegaran a sumar es porque en uno de ellos se ha producido una transformación. Y como es imposible que el PP de Feijoo, que es similar o peor que el de sus predecesores, cambie de relato para bien, lo más probable es que sea VOX el que cambie el suyo para mal. Ya lo lleva haciendo: guerra de Ucrania, crisis sanitaria del covid, política exterior (OTAN, neutralidad, Gibraltar, Marruecos...) venalidad judicial, ejército cipayo, deshonor monárquico, LGTBI... temas en los que se muestra ambiguo, confuso o alineado con el Sistema.

 

Por eso, como los electores de centroderecha no desean o no saben clarificar la situación política, orillando definitivamente al PP y poniendo todos los huevos en la cesta de VOX, con el fin de que éste se retrate definitivamente, España permanecerá en la confusión y, más allá, en la absoluta oscuridad. Los que desean el bien común y el de la patria deben procurar ser claros en una época tenebrosa. A falta de otro partido parlamentario mejor que VOX, convendría que éste alcanzara la mayoría absoluta, para saber a qué atenernos.

 

El PP ha venido obstaculizando durante décadas la llegada de un partido verdaderamente español, y necesitamos saber si es VOX ese partido, o si, arribado al poder, es uno más de la casta. Si VOX quiere de verdad la regeneración y el progreso de España, lo tiene fácil. Su discurso, dotado de suficiente vigor y convicción, debe dirigirse, más allá del puntual enfrentamiento personal con la mefítica casta política, a esclarecer la médula de la cuestión, que resumiendo consiste en:

 

Limpiar de minas la Constitución actual y la ley electoral.

Ennoblecer y humanizar la educación, para hacerla forjadora de personas dignas y de pensamiento independiente, verídicas y libres.

Resucitar a Montesquieu, independizando el sistema judicial.

Proclamar la indisoluble unidad de España -con el español como única lengua oficial-, impulsando las diputaciones y eliminando las centrífugas y babélicas autonomías.

Erradicar el separatismo, desenmascarando el golpismo y el terrorismo de terciopelo infiltrados hoy en las instituciones.

Adelgazar drásticamente la deuda y el gasto público, reduciendo ministerios y administraciones y cerrando redes clientelares y chiringuitos partidistas.

Fomentar la economía productiva, reindustrializar el país, alentar los estudios y explotaciones del subsuelo y realizar un sensato plan hidrológico y otro poblacional.

Crear empleo, garantizar el sistema de pensiones y una política fiscal y laboral justa.  

Endurecer las leyes lábiles que hoy propician el delito, ofreciendo a la ciudadanía un país libre y seguro.

Derogar las leyes totalitarias y criminales de la memoria histórica, aborto y LGTBI.

Reformar la práctica sanitaria y condenar la doctrina tanática del Sistema, impulsando una filosofía protectora de la vida, y amparando inequívoca y prioritariamente a la familia y a la natalidad.

Prestigiar los símbolos y tradiciones, ayudar al arte y a la cultura genuinos y al conocimiento objetivo y exhaustivo de nuestra historia, combatiendo el infundio de la leyenda negra hasta desmontar su falacia.

Reintegrar Gibraltar al territorio patrio, cerrando la frontera con la colonia y retomando las negociaciones para su devolución -según la resolución de la ONU en vigor- en la situación previa a la llegada de la democracia o de Felipe González al poder.

Rehabilitar las FFAA, dotándolas de medios y del espíritu de milicia malogrado en buena parte de sus mandos.

Salir de la OTAN, proclamando una neutralidad activa y solidaria con las causas universales justas; acudir a los foros internacionales con la firmeza y dignidad debidas a nuestra historia y a nuestra posición geoestratégica, en especial frente a USA, Anglosajonia, Marruecos (Ceuta, Melilla, Canarias, Sahara, aguas territoriales, invasiones migratorias...) y Francia; cerrar enérgicamente nuestras fronteras a los salteadores, con firme aviso a navegantes; desvelar los lóbis particulares hispano marroquíes...

Y, por supuesto, reactivar los «juicios de residencia», para que los que han ejercido un cargo público den cuenta de la conducta observada durante su desempeño, encarcelando a quienes han actuado delictivamente y haciéndoles pagar con su patrimonio lo detraído al común.

La relación de actuaciones de VOX -de cualquier partido preocupado por España en vez de por sus particulares intereses- puede alargarse mucho más, aunque de momento con eso se darían los primeros pasos. Sabemos que un programa así, o parte de él, no puede efectuarse sin una mayoría absoluta, algo que, hasta la fecha, los electores sólo parecen dispuestos a otorgar a las izquierdas resentidas, desunidas a la hora de coger el mejor botín, pero firmemente aliadas para la destrucción de la clase media y de la patria.

Que la mayoría absoluta de VOX sea hoy por hoy impensable, no niega su necesidad, porque, insisto, la mayoría VOX-PP, por estar colmada de recelos e inhibiciones, resulta insuficiente para curar al enfermo. Y, además, ya no tendríamos un solo partido nacional obstaculizando la cirugía, sino dos. Puede dudarse de que VOX, observando sus últimos titubeos y errores, tenga capacidad y voluntad para realizar el programa antedicho, pero con certeza abandonaríamos esa exigua esperanza con el actual PP acompañando a VOX, o viceversa. Ítem más: está por ver el comportamiento del PP en tal alianza si queda detrás de VOX en las próximas votaciones.

La mayoría de los electores españoles, hasta ahora, han repetido en sus visitas a las urnas aquello de: «erré, pero sigo erre que erre». De ahí que, considerando con qué partidos y votantes jugamos la partida, la recuperación cívica de la sociedad española se vea como una reposición del cuento de la lechera, y el florecimiento de España como mera utopía. Ello, aun sabiendo que queda gente de bien empeñada en el objetivo regenerador, de acuerdo con sus posibilidades, y que, entre la juventud, va creciendo el recelo hacia las izquierdas depredadoras, y percibiendo la responsabilidad individual y el noble orgullo que entraña ser español.

Algo, por lo demás, que comienza a preocupar a dichas izquierdas y a sus lóbis, pues si el antifranquismo sociológico se diluye y se invierte la tendencia implantada por la propaganda frentepopulista, peligran sus abusos y, con ellos, sus innumerables y turbios negocios e intereses.