“Los defensores de Mariupol cumplieron la orden, a pesar de todas las dificultades, distrajeron a las abrumadoras fuerzas del enemigo durante 82 días y permitieron al ejército ucraniano reagruparse, entrenar a más personal y recibir un gran número de armas de los países asociados. Ningún arma funcionará sin militares profesionalmente entrenados, lo que los convierte en el elemento más valioso del ejército. Para salvar vidas, toda la guarnición de Mariupol está aplicando la decisión aprobada por el Mando Militar Supremo y espera el apoyo del pueblo ucraniano”. Con este mensaje, el teniente coronel Denys Prokopenko del regimiento Azov anunciaba el lunes el acuerdo de alto el fuego con las tropas rusas y la apertura de un corredor humanitario para “evacuar” a los heridos, los combates en la acería habían terminado.

El mensaje de Prokopenko era la contestación al mandato del ejército ucraniano que, una vez cumplida su misión de retener a las tropas rusas durante el mayor tiempo posible, había “ordenado a los comandantes de las unidades estacionadas en Azovstal que salvaran las vidas del personal”. La orden llegaba el mismo día en que el ejército ucraniano alcanzaba la frontera con Rusia en su ofensiva al norte de Járkov. Los soldados del 227 batallón de la 127 brigada de Defensa Territorial recolocaban el poste que marca la frontera ucraniana a 40 kilómetros de la ciudad más grande del este de Ucrania, todo un éxito a pesar de la resistencia rusa que, a diferencia de las retiradas anteriores en Kiev, Chernihiv y Sumy, intenta defender la frontera para evitar que la artillería ucraniana pueda atacar Belgorod y sus líneas de suministros. La caída de Azovstal, más que esperada ante la imposibilidad de liberar a los cercados, llega en un momento dulce para las fuerzas ucranianas por la ofensiva en Járkov, los lentos avances enemigos en el Donbás y por la destrucción la semana pasada del puente sobre el río Siverskiy, que prácticamente aniquiló a la 74 brigada de infantería motorizada. Por la noche, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, también mencionaba a los héroes de Azovstal: “Esperamos poder salvar la vida de nuestros chicos. Hay heridos graves entre ellos. Están recibiendo cuidados. Ucrania necesita héroes ucranianos vivos”.

Del mismo modo, también se trataba de una victoria que ha tardado mucho en llegar y muy necesaria para Moscú que, además de los reveses señalados, ha perdido una cincuentena de coroneles, diez generales y el Movska, buque insignia de la flota del Mar Negro. La moral, en una supuesta guerra de liberación, no puede estar demasiado alta. Incluso en la televisión estatal rusa, en la que se repiten hasta la saciedad los mensajes del Kremlin, se ha colado una critica al desarrollo de la guerra. En un debate el analista militar y coronel retirado Mikhail Khodarenok afirmó, para sorpresa del resto de los invitados en el programa, que “claramente la situación para nosotros empeorará… estamos en un aislamiento geopolítico total y todo el mundo está contra nosotros, incluso si no queremos admitirlo… La situación no es normal”.     

Tras la apertura del corredor humanitario, 53 soldados gravemente heridos fueron evacuados el lunes a un hospital en Novoazovsk, una ciudad ucraniana ocupada por Rusia a 32 kilómetros al este de Mariupol, para recibir atención médica mientras que otros 211 fueron llevados a Olenivka, una zona controlada por los separatistas donde, según fuentes ucranianas, esperarán un intercambio de prisioneros. Los defensores de Azovstal, más de 600 hombres, permanecieron en el interior de la fortaleza. En su canal de Telegram, el Ministerio de Defensa ucraniano señalaba que: “En cuanto a los defensores que permanecen en el territorio de Azovstal, nuestro estado está tomando todas las medidas de rescate necesarias. Todas las tareas establecidas por el comando fueron cumplidas por los defensores de Mariupol en su totalidad. Desafortunadamente, hoy Ucrania no puede desbloquear Azovstal por medios militares”. El martes por la mañana, la guarnición se rendía a las fuerzas rusas, su destino parece incierto. Aunque según algunas fuentes los oficiales aún permanecen en el interior en la fortaleza.

En una rueda de prensa celebrada en el interior de Azovstal el pasado 10 de mayo, Illia Samoylenko, oficial que inteligencia de Azov decía lo siguiente sobre una posible rendición: “Sí, es posible… podemos deponer las armas y rendirnos. Pero todos sabemos que el Regimiento Azov no tiene posibilidades de sobrevivir si nos hacen prisioneros. Rendirse es inaceptable, porque no podemos darle al enemigo esta satisfacción… para los soldados del regimiento Azov, el cautiverio significa una muerte segura”. Las palabras de Samoylenko no parecen exageradas vista las intenciones rusas. El mismo día de la rendición, Vyacheslav Volodin, presidente de la Duma, el parlamento ruso, debatió un proyecto de resolución sobre la “prevención del intercambio de criminales nazis” y encargó a la Comisión de Defensa una orden para evitarlo. Además, el 26 de mayo el Tribunal Supremo de Rusia examinará el reconocimiento “de la asociación nacionalista paramilitar ucraniana Azov (otros nombres utilizados: Batallón Azov, Regimiento Azov) como una organización terrorista”. Es decir, los soldados de Azov no serían considerados prisioneros de guerra, sino “terroristas nazis”. El hecho de que haya judíos entre los defensores de Azovstal no altera en ningún modo el relato ruso, que es calcado a la narrativa soviética del estalinismo: todos los enemigos de la URSS son nazis y fascistas.

Los héroes de Azovstal defendieron la enorme factoría durante 82 días contra fuerzas muy superiores, en una guerra muy similar a la que se libro en la famosa fábrica Octubre Rojo en Stalingrado, la Rattenkrieg, la “guerra de ratas” con la que los alemanes definieron la dureza de la lucha contra los defensores soviéticos. Su resistencia no solo ha causado enormes bajas a los rusos, sino que ha mantenido atadas en Mariupol a numerosas fuerzas enemigas que no han podido ser desplegadas en otros lugares. Los civiles, supuestos escudos humanos según la propaganda del Kremlin, eran en muchos casos sus propias familias porque muchos de los defensores de Azovstal eran de Mariupol y finalmente fueron evacuados a territorio ucraniano. Se mire como se mire su lucha ha sido heroica, sin embargo, son muchos los que aún niegan ese heroísmo por fanatismo ideológico o, lo que es peor, por puro relativismo. La peor enfermedad del mundo occidental es ese relativismo moral que nos impide distinguir hasta el color de las paredes y que se ha convertido en el refugio de los necios. El senador Giovanbattista Fazzolari, de Fratelli d’Italia, escribió un artículo sobre el heroísmo en Mariupol y tiene una acertada frase de Ernst Jünger fijada en su Twitter referida a la lucha de los ucranianos en esa ciudad: “Lo que no perdono en mi época no es el ser cobarde, sino tener que construir cada día la coartada de la propia cobardía difamando a los héroes”.