El sentido político-social del pequeño zoológico mencionado en el título quedará claro en breve. En cuanto al mundo con perspectiva de género lo tenemos ante nuestros ojos todos los días; pero precisamente en las últimas dos semanas ha habido una serie de noticias, por así decir un concentrado de eventos, que nos han permitido una visión muy clara de las cosas; tan clara que sólo los avestruces, con voluntad indomable de autoengaño y la cabeza hundida en la arena, son capaces de no verlas.

Es el mundo donde los niños asesinados pueden ser de primera o de segunda categoría, valiendo más la vida de los primeros. Que el valor de estas vidas segadas prematuramente por la violencia sea muy desigual se comprende por las muy distintas reacciones que estos delitos provocan en la conciencia social. Si los mata el padre valen mucho, si los mata la madre valen poco. El termómetro que permite medir este valor es la repercusión en los medios, en la política, en las expresiones públicas de repulsa. Los niños muertos de primera categoría, muertos por el padre, tienen un enorme valor de propaganda política, ideológica, como herramienta de poder psicológico; incluso tienen un valor contable, que un dirigente de empresa pondría en los activos inmateriales del gran chiringuito feminista.

Una diversa valoración de las vidas infantiles que tiene también un respaldo científico. O al menos por parte de gente que está chupando del bote en universidades. Expertos que nos iluminan con una sabiduría que no sabemos bien si sale de la boca o del ojete, cuando nos demuestran que los hombres matan por maldad y las mujeres por amor mal entendido, o por trastornos varios a los que hábilmente bautizan con algún nombre retorcido, para así justificar que la vida de los niños se mida de dos maneras diferentes.

En el mundo con perspectiva de género, si muere una mujer el hombre más a mano es considerado sospechoso por defecto; los medios y los políticos y hasta la policía buscan un culpable masculino con la pasión de los cerdos que buscan trufas en los bosques. Es el mundo donde los procedimientos o la voluntad o las mentes policiales están tan infectados de feminismo, es decir formados en perspectiva de género, que se detiene a un hombre cuya mujer ha fallecido y se le hace  dormir en el calabozo, por indicios o presuntos indicios que no debían de ser muy consistentes, puesto que la muerte natural resultó inmediatamente de la autopsia. Pero no podían esperar para detenerlo hasta haber investigado un poco si la cosa no les parecía clara. No. Debían considerarlo sospechoso, tan sospechoso como para justificar una detención inmediata. Sospechoso por ser hombre.

Naturalmente no ha faltado quien, desde la política, se lanzara prematuramente a hablar de violencia de género. Carroñeros con caras de niño y corazones de hiena, en ésta y otras ocasiones jamás pedirán perdón o rectificarán públicamente. Porque en realidad saben perfectamente lo que hacen; no se han equivocado y no se trata de un error ni de precipitación: su propósito es lanzar el esputo de veneno porque, como en general la primera impresión es la que cuenta, el mensaje inicial es lo que va creando opinión pública; es lo que queda en las cabezas, con una fuerza mucho mayor de los hechos que eventualmente puedan desmentir el primer esputo de veneno.

El mundo de la perspectiva de género, en fin, es el mundo donde una delincuente secuestradora de sus hijos, calumniadora y denunciante sistemáticamente en falso, no sólo se va de rositas por lo segundo y lo tercero, sino que ni siquiera pisa la cárcel después de condenada por lo primero y está en espera de ser indultada.

Creo que ha quedado claro quién es quién en este pequeño zoológico donde, además de los seres mencionados al principio, han aparecido los cerdos que buscan trufas. Las víboras son la fuerza motriz que han convertido la legislación y la justicia en un campo minado para los varones. Los carroñeros sabemos todos quiénes son. Los perrillos falderos domesticados son esos seres con documento de identidad masculino que asumen cada principio del feminismo, que apuran hasta las heces la copa de toxinas con perspectiva de género; colaboracionistas en la guerra contra el varón, se avergüenzan de ser hombres buscando eternamente un perdón y un derecho de existir siempre provisionales y condicionados; unas recompensas por parte de sus amas siempre medidas al milímetro y pagadas a caro precio, sobre todo en moneda psicológica pero también en la de curso legal.

Los avestruces son seguramente más numerosos que los anteriores. Los vemos por todas partes también a ellos, hundiendo su cabeza en la arena para no ver la realidad o fingir que no la ven. Minimizando lo que sucede, pensando que no les va a tocar a ellos, que no es tan grave, que son sólo excesos y casos puntuales. Etcétera.

Es una taxonomía seguramente sumaria e incompleta, pero no quiero aburrir a los lectores. Cada uno podrá ejercitar su fantasía y usar la riqueza de nuestra lengua para encontrar paralelismos y afinidades ocultas. El lenguaje está cargado de sabiduría y verdades decantadas por los siglos. Por eso la corrección política, que el aquelarre de la hipocresía y la mentira, está empeñada en maltratarlo y mutilarlo.

Estas dos semanas nos han permitido ver las cosas como están en realidad, revelándonos con la máxima claridad la perspectiva del género estropeado que ha tomado el control de nuestra sociedad.