Explicaba en la primera parte de esta saga de cinco artículos, que antes de sostener si el liberalismo se ha descompuesto (si queda algo de él) voy a tratar de analizar los pilares que le dan sentido a esta filosofía política individualista. Hoy, en esta segunda entrega, trataré explicar dos de sus pilares, el individualismo político y la igualdad jurídica, que son los presupuestos éticos sobre los que descansa. Veámoslos:
 
El individualismo político:
Implica soberanía individual. El «Yo», yo mismo. Por tanto, sobreviene la siguiente pregunta: ¿Existe el individualismo político? Mi respuesta es no. Claro que no. Nosotros, el pueblo, esto es, la sociedad civil menos el Estado, estamos perdiendo soberanía, no hay individuos protagonistas de su historia, porque estamos a merced de aquello que el orden político desea hacer y quiere que hagamos. Los individuos yacemos subyugados a los ideales de otros, a entes colectivos; no hay ideas propias, hay ideas ajenas e intereses espurios. El Estado juguetea con nosotros, manipulándonos, engañándonos y colocando a entes sociales frente a los individuos, a fin de doblegar nuestra opinión en beneficio de aquellos —o sea de una clase privilegiada—. Estamos siendo sometidos por una casta privilegiada. Somos testigos de la prevalencia de una comunidad sobre la autonomía personal. El Estado se antepone a nuestra soberanía individual. No existe la voluntad popular, existe la voluntad del partido o partidos dominantes que, a su vez, es la voluntad endogámica (de unos pocos), de ahí que se haya descompuesto el liberalismo (si es que alguna vez existió).
 
La igualdad jurídica:
Implica que los hombres nacen y permanecen iguales en derechos. Por tanto, sobreviene la siguiente pregunta: ¿Existe igualdad jurídica? Mi respuesta es no.
 
 El orden político liberal es incompatible con la existencia de privilegios jurídicos y, precisamente, hoy nos encontramos con los privilegios de unos frente a los otros. Existen distinciones jurídicas muy notorias entre los individuos, de hecho, eso de que somos todos iguales, independientemente de nuestra religión, raza, sexo, orientación sexual o nacionalidad, está en entredicho. Clase política privilegiada versus sociedad civil; aforamientos, sueldos vitalicios, prebendas. Se ha demostrado sobradamente con las leyes contra la violencia de género, con el régimen foral, con las subvenciones de dudoso servicio a la sociedad, con las diferencias educativas y con tantísimos otros ejemplos más. No existe igualdad jurídica real. Es pura propaganda, de ahí que se haya descompuesto el liberalismo (si es que alguna vez existió).
 
En la próxima entrega hablaré de cuatro de sus pilares centrales en forma de derechos (libertad personal, propiedad privada, libertad contractual y reparación del daño)  y analizaré lo poco o mucho que queda de ellos. Continuará...