El 13 de octubre por la noche un hombre armado con un arco y flechas mató a cinco personas dejando heridas a otras tres en Kongsberg, Noruega. Espen Andersen Bråthen, el asesino, es un danés de 37 años convertido al islam. En un video se le ve predicando de modo amenazante su fe y advierte: “Soy un mensajero. He venido con una advertencia: ¿Es esto realmente lo que queréis? (...) Sed testigos que soy musulmán”. Esto le convierte en un terrorista islamista y por lo tanto, el hecho en un atentado yihadista. Evidentemente, no se trató del acto de un enfermo que “podría tener problemas mentales”, argumento habitual y recurrente esgrimido en estos casos por los medios y en sintonía con el mandato de la agenda de la corrección política.

Entre las cinco víctimas se encontraba una mujer, la talentosa artista, música de neofolk con aires góticos y metálicos e investigadora de la cultura pagana nórdica, Andrea Haugen conocida también como Nebelhexë.

Dos días después del atentado en Noruega, el viernes 15 de octubre, Ali Harbi Ali, de 25 años, un somalí con ciudadanía británica, asesinó a puñaladas al diputado británico David Amess, de 69 años. El periódico La Vanguardia publicó así la noticia en su cuenta de Twitter: “David Amess, asesinado hoy apuñalado en un acto político, era un conservador euroescéptico, católico, antiabortista y contra los derechos lgbti, partidario de la pena de muerte y muy a la derecha en temas sociales”. De las motivaciones, origen o religión del asesino nada, pero sí, que la víctima era conservador, euroescéptico, católico, antiabortista, LGTB-fóbico, partidario de la pena de muerte y posicionado muy a la derecha. Solo faltó agregar “afortunadamente queda uno menos”.

La prensa, otrora el Cuarto Poder, pasó a servir sin reparo al Poder absoluto de los objetivos globalistas del discurso único. Este episodio vergonzoso de tratamiento de la noticia, no deja de ser un ejemplo más del inmoral remplazo de la información periodística por propaganda ideológica al servicio de los enemigos de Occidente.

Con pocas horas de diferencia, en el corazón de Europa, un somalí nacionalizado británico y un noruego converso al islam convergen en su odio a los valores de la civilización occidental, heredera del pensamiento de Grecia, la ley de Roma y la fe de Tierra Santa. Cuatro mujeres y dos hombres, entre ellos un político conservador y una artista que rescataba el folk escandinavo, han sido sus víctimas. Sus verdugos, terroristas islámicos, un hombre de origen europeo y otro africano unidos por la ideología totalitaria y teocrática de su religión. Esto resume el problema actual de Europa: la caída de sus fronteras que allana el avance de sus enemigos extranjeros seculares, y la caída de sus valores que se manifiesta en el suicidio espiritual adoptando una teología e ideología incompatible con la milenaria cultura europea.

Europa sufre un evidente remplazo poblacional, cultural, religioso, ético y moral. El asesinato de Andrea Haugen y David Amess sintetizan, con todos sus matices, uno de los objetivos molestos y a eliminar por el islamismo y sus aliados occidentales: una mujer artista, incomoda por su orientación pagana y un hombre, despreciable por católico y conservador. Ellos eran Europa y Europa duerme el sueño de los justos mientras sufre el ataque mortal de quienes la odian. Descansen en paz.