La izquierda nos ha tenido domesticados demasiados años. Aún recuerdo las clases de progresismo disfrazado de ética que impartían comisarios y comisarias políticos, algunos por obligación, otros por fanatismo devoto al materialismo marxista y a sus indigestiones históricas: los blancos hemos oprimido a todos los que no sean blancos –que vivían en paraísos terrenales hasta que llegamos con la cruz– el hombre maltrata a la mujer, Franco es la maldad universal y de la iglesia mejor ni hablar. El día que tocaba prejuicios raciales algún valiente saltaba a manifestar que lo expuesto no cuadraba con la realidad de su barrio –donde de vez en cuando unos marroquíes te daban muy amablemente la opción de la pela o los palos y en todo caso un buen susto y unos capones de regalo–.  El profesor terminaba humillando al bribón o acusándolo de ignorancia e impiedad… Pues eso que al final te callabas y ponías la mente en otro sitio hasta que terminase la retahíla de milongas y cursilerías, total esa era una de las asignaturas que te aprobaban solo por ir, y si te quedaban muchas al menos esa despejaba un poco el bulto.

Ahora me doy cuenta de que esa solo era la punta del iceberg, debajo del agua había toda una trama construida por el gobierno zapaterista para arrancarnos las libertades que habíamos disfrutado hasta ese momento !y vaya por Dios si han cambiado las cosas desde esos felices años 2000¡ Hasta entonces habíamos hecho las cosas a la vieja usanza, leías lo que querías, los profesores no se metían en tu vida demasiado, no se hablaba de política con odio y los hombres y las mujeres hacíamos lo de siempre, cada uno a lo suyo y de vez en cuando todos juntos: hablábamos, nos relacionábamos y vivíamos en libertad, hasta se podía fumar en los bares, y los odiosos pelmazos anti-tabaco –que todos conocemos alguno–  se mantenían a raya.

Desde el 2012 los efectos del globalismo empezaron a notarse, de la instrucción cívica del instituto, mi generación pasó a una universidad infestada de marxismo. Para mí el primer año de Derecho fue muy revelador: continuo adoctrinamiento marxista del profesorado, huelgas intermitentes, asaltos en las aulas, persecuciones en la calle, insultos. Ésa época fue convulsa en lo político, la izquierda había hecho suya la calle y tomado la universidad.

Una vez que tuvieron además los medios de comunicación totalmente sometidos el PP – que ya venía chaqueteando desde lejos –trato de comprar la paz social plegándose a la ideología de género, el marxismo social y los excesos de un separatismo cada vez más demoledor –y esas se han quedado, tapándose los ojos a dos manos ante lo que se nos ha venido encima– hasta que al final vender el alma al diablo les costó un país, el día de la moción de censura perdimos nuestra patria; el gallego lo sabía y desde luego no iba a tener en ese momento las agallas que nunca tuvo, aunque solo fue una pérdida material, espiritualmente España se perdido el fatídico 11 de marzo de 2004.

De esto último me di cuenta hace poco, cuando note que eran personas supuestamente cristianas, conservadoras, las que con más entusiasmo reprendían mi ideología cristiana y conservadora, tratándome como una especie de apestado por defender la verdad, el bien y la belleza, en ese punto  el relativismo –que se había estado cosechando desde el 2004 empezaba a recogerse–  había penetrado en nuestras filas y eliminado toda posibilidad de defensa.

La triste verdad es que en esas estamos los que aun resistimos en el último bastión del occidente, traicionados por nuestros políticos y las jerarquías eclesiásticas, marginados por los medios de masas, señalados por nuestra gente, amenazados por el gobierno y dentro de poco proscritos por la ley, pero cuando el cerco era ya muy estrecho y teníamos las manos del enemigo prácticamente encima , como por una suerte de milagro aparecieron los de Abascal, desde entonces he notado una cierta mejoría y aunque aún no puedo lucir una pulsera de Vox o hablar en voz alta de mis ideas sin riego de que me escupan o me peguen una paliza, he notado que algunos de los míos ya no me miran como a un loco temerario que se arriesga a la muerte civil y el ostracismo personal, laboral y político.

Sostener está lucha se ha hecho más necesario que nunca, debemos deshacernos de la dominación marxista y nunca más avergonzarnos de nuestra ideología; que a uno le digan facha o franquista no es algo malo; que mis abuelos se pusieran en pie contra la tiranía, el abuso, el exceso y la barbarie me enorgullece, me dignifica y me asegura una ascendencia libertaria, amante de la independencia y de la justicia, de la verdad y de los valores eternos que son la tradición de mi pueblo: el español. Cuando a uno le digan que su fe es irracional que conteste orgulloso de ser aristotélico-tomista, que  prefiere depositar su fe en un primer principio racional – Dios – que en un mantra o en un miserable trozo de cuarzo.

Vigor, fortaleza, disciplina y suficiente temeridad para meterse en líos, requisitos indispensables para incorporarse a estas filas, es decir todo aquello que le falta al PP y todo aquello que demuestran tener cada día los patriotas blanqui-verdes.

En estas tierras Vox es la última defensa de occidente, y los que piensen que de estas se sale sin barro que se vayan desengañando, nos harán un favor a todos.

Ánimo, paciencia y mucha casta española compatriotas.