Nacido en el 600 a.d.C. este fascinante personaje gobernó en Atenas más o menos durante los años en que Ciro conquistaba el mundo. Sufrió un atentado por parte de sus rivales políticos y solicitó una escolta armada y con ayuda de esta dió un golpe de estado y conquistó el poder. Sus rivales lo desalojaron del poder en dos ocasiones pero Pisístrato contrató mercenarios extranjeros y venció a sus rivales pudiéndo por fin dedicarse a su benigna y gran obra.
 
Aunque Aristócrata, representó al partido de la Montaña, es decir, los intereses de las clases populares frente a las oligarquías adineradas, que componían el partido de la llanura. Así pues se puso manos a la obra e impulsó una reforma agraria concediendo tierras a los desfavorecidos.  Pero no se quedó ahí, impulsó la economía y el comercio de Atenas favoreciendo a las clases productivas, hizo un gran ejército, embrión del futuro poder militar de la ciudad. Favoreció las fiestas populares, la cultura y el teatro, hizo escribir la obra de Homero e impulsó un programa de obras públicas vastísimo que embelleció e hizo desarrollarse a Atenas. 
 
Ejerció la tiranía de una forma moderada y benevolente, no como sus herederos, y no dio escándalos, no persiguió a las mujeres abusando de su poder. Era amigo de futurólogos y gente versada en ciencias ocultas e intentó contactar con el más allá. Sus coetáneos lo consideraron uno de los siete sabios de Grecia, agradecidos de su buen gobierno y del engrandecimiento de la ciudad durante su mandato. Impulsó también la colonización del Quersoneso.
 
Sus herederos ejercieron el poder de forma autoritaria y fueron eliminados por sus rivales los alcmeónidas. Quedando así el cargo de tirano manchado y con mala fama para el resto de los tiempos. Pero el fue un tirano bueno y sabio que no tuvo nada que ver con las felonía de sus hijos.
 
Y la comparación se presenta inevitablemente, ¿fué nuestro amado caudillo un Pisístrato reencarnado? Ahí tenemos su magna obra, los pantanos, el desarrollo económico e industrial, el bienestar de las clases medias, la paz, el gobierno suave y benevolente...
 
Yo creo que si, que el Caudillo fue uno de esos enviados por el Cielo para poner orden donde no lo había y desarrollar una magna obra que engrandeciera a su país. Lástima que la hemos desaprovechado y hemos vuelto a las andadas, con gravísimos problemas de paro, despoblación y de separatismos.
 
Por ello, mientras todavía nos dejen, hemos de decir que Francisco Franco fue un tirano bueno, que su obra fue extraordinaria y que las generaciones futuras lo sepan, y que no se dejen seducir por la propaganda de nuestra mezquina y rencorosa clase política actual.
 
Mis tíos con los beneficios de una parcela de remolacha se compraron un tractor en los años 60 del siglo pasado. Hoy esa misma parcela no da ni para pagar el gasóleo. Esa es la diferencia entre un gobernante que miraba por sus gobernados y las clases extractivas y avariciosas que nos dirigen actualmente. 
 
Y poco más, este breve artículo para recordarle a la gente que obras son amores y lo demás buenas razones. Aguantaremos en nuestro campo sin beneficios hasta que no podamos más mientras los iletrados de arriba se pegan la gran vida. Es lo que nos ha tocado vivir en estos oscuros y tenebrosos tiempos.