Cada vez que escucho a esa individua portavoz de los socialistas me entran ganas de devolver. No puedo entender como alguien tiene la cara dura de presentarse, aunque sea cumpliendo órdenes de su amo, con semejante cuajo y mentir de la forma que lo hace esta señora, tratando de justificar una derrota sin paliativos. Resulta increíble.

Parece que jamás leyó a Kipling pues si lo hubiese hecho, en el hipotético caso de que sepa de quien hablo, entonces sabría que al triunfo y al desastre hay que tratarlos de la misma manera, como dos farsantes, algo que este personaje no sabe hacer.

Es verdad que hace mucho tiempo, afortunadamente, que no puede regodearse con los triunfos sociatas y así escucharle aquella cantinela de “venció el pueblo, venció el progresismo”, tan cargante y, sobre todo, tan vacía de contenido.

Esta individua, carente del mínimo estilo y elegancia, trata de justificar las derrotas a base de sus propias mentiras y sin tan siquiera sonrojarse, una actitud del todo natural en gente carente de dignidad y de honor.

Su estrategia consiste, siempre, en eludir la responsabilidad de la derrota, buscando la justificación a la debacle en causas exógenas: que los votantes han ido a las urnas engañados; que aquel día llovía o hacía sol; que sus contrincantes articularon un diabólico plan para perjudicar los intereses de su partido o cualquier otra memez por el estilo. Pero siempre, la culpa la tienen los demás y con ello tiene una justificación para eludir dar la cara y entonar el “mea culpa”.

Pues va a ser que no. Resulta que los españoles, incluso esos que decían aquello de que “votar a izquierdas mola más o es más guay”, se están cansado de los sociatas y sus corruptelas en la misma medida que, con anterioridad, se habían hartado de las vanas promesas de aquellos que se presentaron como adalides de las clases más desfavorecidas, al menos hasta que no pisaron moqueta, se vistieron con ropa de Carolina Herrera u otros por el estilo o no compraron un chalet con piscina en Galapagar, a partir de ahí la cosa cambió y los desfavorecidos pasaron a segundo plano, faltaría más.

Jamás escuché a esta individua -la verdad, la oí muy pocas veces pues cada vez que la veo me repugna y, por tanto, apago la caja tonta para evitar correr al baño a vomitar- admitir la derrota, felicitar a los ganadores -algo que nunca hace- y hacer un ejercicio de humilde autocrítica reconociendo que su partido se había equivocado. Nunca, la culpa la tienen siempre sus contrincantes que, por cierto, jamás los considera merecedores del triunfo, despreciándolos de una forma vil y miserable, considerando a los que no votamos a sus corruptas siglas poco menos que gilipollas e indignos de tener derecho a voto.

Esta individua lo primero que tendría que aprender es que cada uno vota a quien le da la gana y la decisión de cada cual es igualmente respetable, vote a quien vote. El voto de cada uno tiene el mismo valor y tan cualificados estamos -yo creo que mucho más- los que no votamos a sus siglas -me incluyo y a mucha honra- que esos otros que si las votan y que este personaje o personaja defiende con enfermizo ahínco.

Los españoles, y por eso los sociatas están en caída libre, estamos hartos de que se rían de nosotros, de que nos tomen por idiotas. Hartos de ver como la cesta de la compra se dispara, la gasolina se pone por las nubes, igual que la electricidad y, en breve, subirán las hipotecas, mientras sociatas, comunistas y demás perroflautas, derrochan el dinero de todos en chiringuitos sectarios de feminazis, lgtbijk, globalitarios, falsos ecologistas, animalistas y demás ralea izquierdosa. Hartos de agendas 2030 y salud planetaria -un negocio como lo fue aquello de la capa de ozono de lo que, por cierto, nunca más de volvió a hablar-, con tipos siniestros que pretenden arruinar nuestra ganadería, nuestra agricultura, nuestra pesca, en definitiva, nuestra economía convirtiéndonos a todos en un montón de subsidiados a base de miserables paguitas que todavía tendremos que agradecer al sociata de turno.

Hartos de asesores y de observatorios para colocar amiguetes que se lo llevan crudo para casa. Hartos de la incompetencia manifiesta de un macro gobierno inútil e inoperante en el que tenemos que aguantar a individuos/individuas que, malamente, saben hacer una o con un canuto.

Hartos de tanto carril bici y de patinetes cuyos usuarios, unas pocas docenas, no pagan un euro de impuestos y que gozan de más privilegios que los que tienen que usar su coche para ir a trabajar todos los días y a los que sí se les cobra el impuesto de circulación. Hartos de que oculten, de forma intencionada, asuntos que deberían ser de conocimiento general. Hartos de que coloquen a sus mujeres, a sus hijos y a sus amigos en puestos que les permite enriquecerse a nuestra cuenta. Hartos de que, una vez que dejan un puesto político, sigan percibiendo emolumentos del erario, aunque solo hayan ocupado el cargo unos meses.

Hartos de que traten de manipular a nuestros hijos con planes de educación totalmente sectarios que falsean la verdad y ocultan, de forma intencionada y con alevosía, las barbaridades cometidas, a lo largo de sus años de historia, por los sociatas y sus socios. Estoy seguro de que no les hablarán, por poner un nimio ejemplo, de aquellas elecciones fraudulentas de febrero de 1936 en la que, socialistas y comunistas, valiéndose de un vil pucherazo llevaron al gobierno al llamado frente popular, autentico causante y responsable de la guerra civil. No, eso ni tocarlo, llega con poner a Franco en la picota, el resto puede obviarse pues nadie tiene que saberlo.

Hartos de que la demente esa -la ex concubina del cherepudo- tire el dinero y en lugar de enseñar a nuestros hijos historia -de la de verdad, no las falacias de la izquierda-, matemáticas, lengua, etc., les enseñe a como masturbarse.

En fin, que sepa esa siniestra individua que la hora de los sociatas ha llegado y que, paso a paso, acentuarán más la caída libre en la que se encuentran sumidos debido, simplemente, a que los españoles no somos tontos y estamos hartos ya de mentiras y promesas vanas.

Si queremos salvar a España, si queremos que no se fragmente y que volvamos a ser grandes como en los mejores tiempos, hay que echar a sociatas, comunistas, podemitas y demás ralea del gobierno nacional, de las autonomías, de las diputaciones y de los ayuntamientos cuanto antes y que no quede ni rastro. Qué el ejemplo de Andalucía cunda.