Señora Alcaldesa:

He sabido, a través de diferentes fuentes, que ha recibido la petición, guiada exclusivamente por el odio y rencor de unos mediocres, de retirar del callejero de nuestra ciudad el nombre de varios buenos coruñeses, antecesores suyos en el cargo de primer regidor de la ciudad, por el mero hecho de ostentarlo en otro instante político distinto al actual y que forman parte por derecho propio de la Historia de la ciudad.

Parto de la base que, a algunos de esos exalcaldes, los conocí y conozco personalmente, uniéndome con algunos de ellos lazos de amistad, y puedo asegurarle que todos eran y son grandes coruñeses, unos de nacimiento y otros de adopción, que han trabajado con ahínco por nuestra ciudad, prestándole grandes servicios, por lo que merecieron que con su nombre se bautizasen distintas calles y plazas de la ciudad.

Recuerdo cuando en la campaña electoral usted proclamaba a los cuatro vientos que sería la alcaldesa de todos los coruñeses, sin distinción de credo, ideología y otras circunstancias y que gobernaría para todos sin exclusión alguna, poniendo fin a las arbitrariedades cometidas, de forma tan maniquea, por el que la precedió en el cargo. Créame, si le digo que aquella promesa electoral suya la creímos muchos, incluso de los que no la votamos, en la seguridad de que con usted llegaría una ráfaga de aire fresco a la ciudad, capaz de llevarse por delante todos los desaciertos y todo el sectarismo que sufrimos estoicamente a lo largo de los cuatro interminables años anteriores a su llegada al Consistorio.

Bien es verdad que, luego, las cosas se torcieron un poco ya que la sombra negra de sus predecesores sigue sobrevolando la ciudad, necesitando sus votos para poder gobernar y quedando, de alguna manera, sometida a sus dictados sectarios hasta el punto de que alguno de los concejales que quedan de aquella formación política, hoy despreciada por casi todos los gallegos, se atrevió a decir, en el colmo de la desvergüenza, aquello de que “aquí se hace lo que queremos nosotros”.

En mí caso concreto -sé que a usted no le importa mi opinión-, la gestión realizada por usted y su equipo hasta ahora me ha defraudado, créame si le digo que esperaba otra cosa, sobre todo estando presentes en el equipo de gobierno municipal algunos concejales que me prometieron que, con su llegada, todo cambiaría y que La Coruña volvería a brillar con luz propia, convirtiéndose nuevamente en una ciudad amable, abierta y cosmopolita en la que todos, sin excepción, tendríamos nuestro sitio más allá de odios y rencores y de banderías políticas, recuperando el lugar de primacía que le corresponde en el contexto de la ciudades españolas.

Creo, señora alcaldesa, que debería usted volver la vista a la gestión realizada por el que, en su día, fue su mentor: Francisco Vázquez a quien no le tembló la mano para pactar con otros, sin importarle si eran de derechas, con el fin de que nuestra querida ciudad de La Coruña saliese del pozo de desidia y abandono en el que había caído tras el pacto de todas aquellas fuerzas de izquierdas, esas que se auto titulan “progresistas” cuando en realidad son todo lo contrario, no pasando tal calificativo de un estereotipo ideológico sin fondo real alguno.

No le quepa duda de que si entra al juego de estos que, viviendo a cuenta de las subvenciones que reciben sus chiringuitos de la mal llamada “memoria democrática” -nada tiene de democrática-, le exigen que borre de la historia de nuestra ciudad una páginas muy brillantes de su pasado, llevándose por delante el recuerdo de buenos coruñeses que rigieron los destinos de la ciudad, usted dejará de ser para siempre la Alcaldesa de todos los coruñeses, convirtiéndose, a imitación de su predecesor en el cargo, en una sectaria más que rige los destinos de tan solo un segmento de ciudadanos, algunos de los cuales ni tan siquiera son sus votantes.

Durante muchos años, el partido en el que usted milita gobernó con acierto la ciudad y lo hizo, con Francisco Vázquez a la cabeza, por y para todos los coruñeses, independientemente de nuestra ideología, respetando la historia y las tradiciones inveteradas de la ciudad, y enalteciendo a los hijos de La Coruña que por sus hechos lo merecieron, fuesen de derechas, de izquierdas o de centro. De esta forma, Francisco Vázquez se hizo acreedor a la confianza de todos los coruñeses, entre ellos de la mía que jamás dejé de votarlo mientras se presentó a unos comicios y que seguiría votándolo por los siglos de los siglos pese a que a mí me separan muchos años de luz del socialismo, en especial de este que predica el actual PSOE al que usted pertenece.

Señora, usted más allá de su dependencia ideológica, más allá de sus lealtades dentro de su partido, tiene el sagrado deber moral de velar por los intereses de todos los coruñeses sin excepción, sin dejarse guiar por banderías interesadas, de gobernar para todos y, codo con codo con todos los coruñeses, devolver a La Coruña al lugar que le corresponde, rescatándola del pozo de agua negra, de marea negra, en la que la sumergieron sus antecesores.

Respete la historia si quiere que, algún día, pasados los años, también respeten su nombre. La historia la escribimos todos, los de un lado y los del otro, y sus páginas no se pueden ni se deben borrar ya que siempre quedará un vestigio, un recuerdo de lo que fue el tiempo pasado y ese lo puede resucitar cualquiera que se moleste, simplemente, en visitar las hemerotecas.

Respete a los buenos coruñeses que trabajaron por la ciudad y que forman parte de nuestra memoria colectiva. Entierre y destierre el miserable guerracivilismo al que quieren devolvernos esos que viven de las subvenciones públicas siendo ese su único y gran leitmotiv.

Vuelva la vista a su mentor, a Paco Vázquez, es el mejor ejemplo a seguir, en la seguridad de que si lo hace puede que haya alcaldesa para rato y que yo mismo la vote.    

Cordialmente,