Artículo traducido de Heinrich Sickl, del periódico Tagesstime: Bewegungslehre: Ziviler Ungehorsam

El Estado austriaco prohibió todas las manifestaciones del pasado fin de semana en contra de las restricciones por la COVID-19 y contra el gobierno. Aun así, decenas de miles de personas se rebelaron y fueron a Viena. A una potente manifestación.

Los informes sobre la manifestación del domingo en la capital austriaca posiblemente serán muy negativos para la policía y el Ministerio de Interior. Se prohibieron 16 de las 18 manifestaciones registradas contra las restricciones. Una de las inscritas finalmente no se celebró el sábado, y el domingo tampoco hubo gran cosa. Por eso, lo que no debía ocurrir fue todavía más impactante.

demooo

Venir para quedarse

A la una de la tarde, más y más personas llegaron a la plaza entre el Museo de Historia Natural y el Museo de Historia del Arte. La Burgtor y la Plaza de los Héroes se cerraron rápido. Hasta 5000 personas se reunieron ahí, al principio en silencio y luego con gritos de “Kurz debe irse”, banderas de Austria, pancartas y carteles. Cuando apareció una furgoneta con altavoces, fue inmediatamente apartada del tráfico por la policía. Al principio, esta misma había recordado el uso de la mascarilla y la distancia social hasta declarar la concentración disuelta poco después. La gente tenía quince minutos para abandonar la plaza, porque después se usaría la fuerza.

La desobediencia civil significa ir a pesar de las prohibiciones de los eventos y no irte a pesar de que te lo ordenen. La policía lo intentó con un masivo contingente y un gran encapsulamiento, bloqueando el cinturón detrás del Museo de Historia Natural y el de Historia del Arte. También bloquearon el Barrio de los Museos y la Burgtor.

Las unidades operativas policiales se adentraban continuamente en la manifestación para detener e identificar a los manifestantes. El esquema de a quien llevarse no era muy coherente. ¿Los cabecillas? ¿Los que están en una entrevista y se quedan parados? Pese a que la escalada por parte de la autoridad dio lugar a refriegas y gritos de enfado, no ocurrió un estallido de violencia.

“¡Kurz debe irse!”

A las dos y media de la tarde, la policía parecía tener todo bajo control. Encapsulamiento y fuera. Pero, parece ser, que no contaron con los ciudadanos que acudieron en un número mucho más elevado que el que podía contener el cerco policial, y que cuya desobediencia civil expandió la protesta a toda la ciudad. Por la tarde, se desarrollaron varías manifestaciones energéticamente por la zona. Tras el fracaso, la policía tuvo que abandonar el cerco y apresurarse a acompañar las manifestaciones espontaneas, cada una de ellas con muchos miles de personas. Eso sí, sin molestarlas. Sin duda, este no era el transcurso del día que tenía pensado Karl Nehammer, el ministro de Interior. Su estrategia de escalada fracasó rotundamente.

plakat

Pancarta que dice: "La ley proviene del pueblo".

Para los medios de comunicación, sólo había neonazis y radicales de extrema derecha en las calles. El Zeit im Bild, telediario de ORF, volvió a omitir las preocupaciones reales de los manifestantes para centrarse en supuestos saludos hitlerianos y escupitajos. Al igual que en la manifestación contra el Gobierno del 16 de enero, al ministro Nehammer posiblemente todavía le retumbará en los oídos el cantico “Kurz debe irse”, y parece que no puede sacar de la calle la protesta contra su amo y señor. Una vez más, el extremista de izquierdas usual pudo fotografiar el rostro de Gottfried Küssel entre los manifestantes, que poco dice con respecto del resto de las 15 o 20 mil personas que dieron a la capital un gran espectáculo revolucionario y al fin de semana un toque de libertad. Los manifestantes están hartos de las restricciones por la pandemia ejecutadas por el gobierno federal y la insumisión civil es tan grande que ya no se dejarán expulsar de las calles, ni dividir por la agitación causada por los medios de comunicación y políticos. Sospechamos que la próxima vez, todavía más gente mostrará su enfado y gritará “Kurz debe irse”.