El Ayuntamiento de Valencia pilotado por la coalición de gobierno de comunistas y socialistas y presidido por el catalanista Joan Ribó, ha institucionalizado como celebración popular de la ciudad de Valencia una festividad estalinista de enero de 1937 y realizada en el contexto histórico del horror sanguinario del Frente popular en tierras valencianas durante la guerra civil.  Se trata de la fiesta de las “reinas magas republicanas” y ha sido categorizada como parte de las “celebraciones y festejos tradicionales” de la ciudad de Valencia. El Ayuntamiento la incluye como parte del patrimonio local.

Se trata de un escándalo inaudito, dado el carácter sectario, particular y excluyente de ese evento frentepopulista, pues se celebró en una ocasión, en enero de 1937 cuando el gobierno socialcomunista de Largo Caballero estaba instalado en Valencia, y su patrocinio y contenido están unidos al conglomerado de fuerzas políticas del Frente popular que en Valencia organizaron  las “checas”- centros de apresamiento, tortura, saqueo y ejecución- en manos de los partidos y sindicatos de izquierda.

Las “checas” de la ciudad de Valencia fueron lideradas en su labor represiva por Loreto Apellaniz, comunista y jefe del Servicio de Información Militar –SIM- : la terrible institución creada por el socialista Indalecio Prieto para coordinar y extender la labor represiva del gobierno socialista de Francisco Largo Caballero.

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Las “checas” instaladas en la ciudad Valencia expoliaron y ejecutaron a miles de personas.   Después de dirigir la checa de la valenciana calle Sorní, Loreto Apellaniz pasó a ser el temido jefe del S.I.M. en Valencia, alcanzando terribles cotas de detenciones ilegales, abusos, coacciones, saqueos, extorsiones, torturas y eliminación de víctimas.  Apellániz recibía instrucciones directas de los jefes de la NKVD soviética en España como Orlov, un agente estalinista que asesoró al Frente popular sobre el saqueó del Oro del Banco de España enviado a Moscú y respecto a la estrategia de la represión sistemática que tan criminalmente aplicaron, entre otros, Loreto Apellaniz y sus correligionarios en la ciudad de Valencia.

La investigación para que un detenido acusado de “fascista” fuera encarcelado y asesinado comenzaba por una simple denuncia ante la Comisaría de Orden Público por cualquier individuo o miliciano contra cualquier ciudadano sospechoso de ser católico, de derechas o pertenecer a los estratos sociales de clase media o alta. Amparados por esta denuncia los milicianos allanaban con registros el domicilio del sospechoso que era detenido e interrogado. Bastaba una imagen religiosa en la casa o no ser avalado por ningún partido del Frente Popular para ser interrogado y visitar las checas de Valencia. Estas actuaciones arbitrarias eran el origen de las innumerables detenciones ilegales y el encarcelamiento por odios y oscuras razones que asolaron la ciudad de Valencia entre 1936 y 1939.

Las “checas” de Valencia fueron, entre otras, las de Convento Santa Úrsula, calle Bailia, Plaza del Temple, calle Sorní, calle Carniceros,  Checa del Grao, Checa del Seminario, Plaza de Tetuan, Avenida Marqués de Sotelo, calle Clero, Grabador Esteve etc. Desde ellas eran comunes las salidas de presos con destino al fusilamiento en las inmediaciones de “El Saler” o en el tristemente famoso “Picadero de Paterna”, donde milicianos practicaban tiro al blanco con sus víctimas.

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Estas checas se crearon en Valencia de forma profusa como consecuencia del traslado a la ciudad del nefasto Gobierno republicano de Largo Caballero en noviembre de 1936. En  ese gobierno figuraba al frente del Ministerio de la Gobernación Ángel Galarza Gago el cual se rodeó en Valencia de milicianos ladrones, asesinos y canallas de los Partidos de izquierda que le brindaron considerable cantidad de joyas, oro y brillantes de gran valor obtenidos de los saqueos en pisos y locales de Valencia. Galarza creó, dependiendo directamente de él, la “Comisaría de Servicios Especiales del Ministerio de la Gobernación” para perseguir a los católicos, derechistas o no afectos al Frente popular. El responsable era Juan Cobo, Comisario Comunista y estaba integrada por Tomás Pérez, Agente de Policía rojo; José Mª. Estelles Almela, agente profesional de la policía (fusilado en Barcelona por las Tropas Nacionales); Alberto Vázquez, capitán de milicias; un tal Ángel, teniente de milicias; Justiniano García, comandante del Bon, Escolta de Galarza, Joaquín Solves y un tal Jover capitán de milicias. ​

En la checas de Valencia se efectuaron torturas tremebundas.  Como ejemplo: en la checa del “Convento de Santa Úrsula” se apaleaba a los detenidos empleándose torniquetes para descoyuntar sus miembros. También se les practicaban quemaduras en las extremidades o se les introducían estaquillas entre las uñas, retorciéndoles en algunos casos las partes genitales o colgándolos boca abajo. Otro castigo consistía en obligar a las víctimas a permanecer encogidas durante varios días y sin alimentarse, en unos cajones de un metro cuadrado de base y escasa altura hasta que perdían el conocimiento.


Además de potenciarse las “checas” de tortura y asesinato, a partir de noviembre de 1936 en que el Gobierno republicano de Largo Caballero, huyendo de Madrid, estableció su sede en Valencia, 2342 mujeres serían detenidas y encarceladas en la Prisión Provincial de Mujeres de Valencia​ ubicada el Paseo de la Pechina. Fueron sometidas a trabajos forzosos, torturas y gran cantidad de ejecuciones.

Han sido localizadas, identificadas y clasificadas, entre otras, 4.715 víctimas vecinas de la Comunidad valenciana asesinadas en los límites geográficos de la región, entre una población que, según el censo de 1930, era de 1 896 738 habitantes, representando los asesinados con nombre y apellidos el 2,49% de la población​. El historiado Cesar Alcalá, eleva este número a 6.188​ personas. El terror rojo se apoderó de la ciudad de Valencia. Son muchas más las víctimas reales, pero los datos materiales constatados arrojan cifras espeluznantes.

La Diputación de Valencia mantiene, hasta el momento, una Base de Datos de millares de estas víctimas de la represión republicana en la Comunidad Valenciana, con nombre y apellidos, fecha, lugar y causa de la muerte.


En medio de las “checas” y de la orgía de muertes y torturas de la represión frentepopulista en Valencia, el gobierno socialcomunista presidido por Francisco Largo Caballero quiso sustituir la celebración de las fiestas de Navidad y Reyes Magos, prohibidas en la capital del Turia con la llegada del gobierno frentepopulista en noviembre de 1936. Para ello,  en enero del 37, el gobierno republicano decretó una estridente “semana de la infancia” que nada tenía que ver con los niños. En la cabalgata que se desarrolló por las calles de la capital del Turia, en vez de Reyes Magos, se portaba la efigie del tirano Stalin sobre una inmensa carroza, además de pancartas con loas a la URSS llevadas por niños, así como banderas comunistas. Durante el desfile se produjo la aparición de policías y milicianos del bando republicano que, armas al brazo y entonando “La Internacional”, dieron vítores a la Unión Soviética. Existe por lo menos una treintena de fotografías en los archivos del Ministerio de Cultura que dan cuenta del arsenal militar, simbólico y propagandístico comunista que caracterizó ese desfile, puramente militar y de defensa del Frente Popular y del comunismo. Esta celebración sería llamada la de las “magas republicanas”.

Se trató de una celebración estalinista, anticatólica y amenazante que recorrió las calles de Valencia durante el periodo que más sangre era derramada por los temibles milicianos del Frente popular y sus “checas” del horror.

Pese a este historial sanguinario, propio de una página horrorosa del pasado de la ciudad de Valencia, el gobierno local valenciano ha decidido oficializar la conmemoración de esta festividad y ha resuelto  que cada mes de enero será rememorada y llamada “cabalgata de reinas magas”. La agrupación llamada  “El Micalet” es la entidad organizadora de la cabalgata de las “magas republicanas”. Con decenas de miles de euros en subvenciones anuales por parte del gobierno municipal –la última, de más de 25.000 euros-,  “El Micalet” organiza este evento de raíz frentepopulista.

La fiesta de las  “magas republicanas” se viene celebrando desde hace cuatro años en medio de protestas sociales intensas, pero ahora se ha elevado a rango oficial e institucional.

En ese evento se presenta a tres mujeres de aspecto estrafalario que se hacen llamar “libertad, igualdad y fraternidad” respectivamente. Estos palabros son el tridente masónico de las Logias illuminati y de la izquierda masónica del Frente popular que en 1937 montó el desfile estalinista de Valencia adornándolo con cantos a esas palabrejas que nada tenían que ver con la acción represora y sanguinaria que se estaba llevando a cabo en la retaguardia donde Loreto Apellaniz, sus correligionarios y las “checas” mataban sin juicio y con tortura a miles de valencianos.

La asociación “El Micalet”, organizadora del evento, tiene relaciones con organizaciones de ideología catalanista como ERC.

A base de invadir espacios públicos y de protagonizar un bestial entrismo en la vida cultural y social a través de entidades falsamente representativas como “asociaciones vecinales” o “centros sociales de convivencia”, la izquierda frentepopulista utiliza la calle para seguir normalizando los pasajes más negros y sanguinarios de nuestra historia y moldear como arcilla a la sociedad para adiestrarla y someterla.

La actual “ley de memoria democrática”, en trámite de aprobación parlamentaria, y que completará a la funesta “ley de memoria histórica”,  brindará a las izquierdas la impunidad absoluta para seguir conmemorando los horrores del frentepopulismo e instalando la represión amordazadora contra la disidencia que se niega a engullir la mentira histórica.

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