Desde la escala de valores más elemental habría que preguntarse sobre algún beneficio de este desgobierno, salvo los creados artificiosamente por los medios de comunicación comprados para loar la actividad delictiva desde lo institucional que está destruyendo nuestro país; un algo beneficioso de algún miembro con cartera o de algún socialista resistente al despropósito de Podemos como socio gubernamental. Desde los valores básicos de la decencia y la integridad, digo. Alguno de los interesados en conservar la honra que no dependa de los chiringuitos a propósito de parasitar con carné. Un arrepentido de haber apoyado a un narcisista con tratamientos psiquiátricos pendientes, o consentido el engaño electoral de incorporar a radicales con múltiples indicios de delito que han tomado las riendas del poder, en el momento crítico en que millones de hacendosos ciudadanos se juegan la supervivencia dependiendo de vividores, vagos y maleantes apoderados mezquinamente de los recursos del Estado. Uno solo que mantenga valores humanos inherentes a la conciencia y la moral sin doblez. Uno escandalizado o un votante de lo bolivariano escarmentado, no por no pillar cacho sino por juzgar como aberración la gran estafa de un zafio neocomunismo que representa la indecencia montada en Galapagar. 

 
No se va a encontrar hoy un socialista digno, salvo un Nicolás Redondo Terreros y poco más, porque esa escala de valores es inexistente y dependen de las conveniencias del oportunismo y la satisfacción del ventajismo. Lo llevan en la sangre. Sánchez representa a la perfección la lacra de la degeneración personal y política por la corrupción total. No se salva de la quema, como sembradores de cizaña para pescar a río revuelto, ni un solo sanchista. Son diablos sin conciencia, instintivos en la codicia sin límite. La honra es lo de menos desplegada toda maldad. Y todo por el trinque, su más elevado ideal. 
 
Ignacio Fernández Candela